Las dudas acerca de cuán fuerte será la recuperación de la construcción —que luego de tres años de recesión creció en el primer semestre— están por el lado de la inversión pública y privada.
Las dudas acerca de cuán fuerte será la recuperación de la construcción —que luego de tres años de recesión creció en el primer semestre— están por el lado de la inversión pública y privada.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Hay un marco de estímulos, pero se ve que no es suficiente”, dijo Diego O’Neill, que el jueves 15 asumirá la presidencia de la Cámara de la Construcción, en lugar de Juan Ignacio Otegui.

El empresario, director de Ceaosa —una firma dedicada a obras de arquitectura— aseguró que la inversión del Estado “no puede ser una cosa que se haga a empujones”, aunque reconoció que “vienen años difíciles para las cuentas públicas y por lo electoral”.
Señaló “preocupación” porque el encarecimiento relativo del sector pueda ser un “freno” de la demanda. Se debe atacar el “problema” de la baja productividad, que “condiciona el crecimiento a mediano y largo plazo” de la industria, sostuvo.
A continuación, una síntesis de la entrevista con Búsqueda.
—Este año, la actividad de la construcción comenzó a crecer. ¿Se puede hablar de recuperación?
—Venimos de tres años consecutivos de caída y este año pensamos que va a ser estable. Las perspectivas para 2019 son similares y dependerá de cómo se vayan concretando, por un lado, los proyectos de PPP y, por otro, la inversión de UPM, que de ejecutarse va a tener un impacto fuerte.
—El escenario es de meseta. ¿De recuperación?
— Confiamos que sí, pero lenta. Porque hay incertidumbre sobre la inversión tanto pública como privada. Está la duda de qué tan fuerte puede ser la recuperación del sector.
Para que haya desarrollo sustentable tiene que haber inversión y en este período de gobierno la inversión ha sido importante en algunos sectores, como vialidad, pero en otros incisos ha bajado y en las empresas públicas también. Las PPP suman, aunque se han ido dilatando en el tiempo, un poco por curva de aprendizaje y otro poco por exceso de burocracia y actores, sobre todo en la estructura de financiamiento hasta llegar a la concreción de la obra.
Pero la inversión del Estado tiene que continuar, no puede ser una cosa que se haga a empujones. Sabemos que vienen años difíciles para las cuentas públicas y por lo electoral, pero cada peso invertido en la construcción mueve al resto de la economía como ningún otro sector.
Además, en los últimos dos o tres años los proyectos de inversión privada promovida han venido cayendo significativamente y eso preocupa.
—El gobierno mejoró los estímulos y promovió las obras de gran dimensión. ¿Eso ayudó?
—Sí, eso ha tenido un efecto en Montevideo y Punta del Este, básicamente. Pero son algunos proyectos; en el este habrá media docena. Hay un marco de estímulos, pero se ve que no es suficiente.
Los países compiten por la inversión y probablemente haya otros países con mejores condiciones que nosotros.
—Varias empresas del rubro están invirtiendo y construyendo en Paraguay. ¿Cree que volverán tras ese boom?
—Depende de muchas cosas, del clima de negocios, la burocracia, el costo país, la conflictividad, el tener reglas de juego claras y estables, que Uruguay en general las tiene. Pero el ejemplo de la ley de vivienda promovida no es el mejor porque si bien fue una iniciativa muy valiosa, ha tenido un par de modificaciones con impacto…no catastrófico, pero con caída de inversión. El último cambio también afectó la pata del inversor que compra para alquilar. Sería bueno que, pensando en la inversión, se revisara el último decreto.
—¿Hay más rentabilidad y mejores incentivos afuera?
—La realidad parece indicar que hoy en día hay más conveniencia para el inversor en Paraguay que en Uruguay, además de un crecimiento económico más fuerte.
Tenemos grandes expectativas en la inversión de UPM. Un hito fundamental es que se inicien las obras del Ferrocarril Central y quizás en el segundo semestre del año que viene puedan empezar los primeros movimientos y obras accesorias.
—¿El sector podrá capitalizar esa megaobra?
—La experiencia anterior indica que las empresas nacionales están capacitadas para ejecutar las obras. Fue el caso de Botnia y Montes del Plata. Uruguay tiene en el sector construcción un activo muy importante y la capacidad instalada no tiene problema. La caída de ocupación se frenó; estamos en unos 44.000 trabajadores y el año que viene estaremos en números parecidos. Evidentemente, si se comienza la obra de UPM y conexas se puede ocupar a 8.000 más, algo positivo si bien va a tensionar la industria.
—El empresariado ha cuestionado que UPM tenga condiciones impositivas y laborales diferentes al resto. ¿Usted cómo lo ve?
—Las obras grandes tienen sus beneficios y complejidades. Cuando usted junta en un mismo predio 3.000 o 4.000 trabajadores va a tener, evidentemente, algunos problemas que no tiene en otras condiciones. Que haya determinado nivel de conflictividad es esperable. Por lo que la cámara vela es por que no se trasladen situaciones que a veces se plantean en ese tipo de obras, a toda la industria. La normativa es una sola. El sector tiene convenios; el tema es que deben cumplirse por parte de las empresas y también de los trabajadores. A veces, el problema es que hay conflictos que se apartan de ellos y hay dificultades.
—El convenio firmado, que regirá hasta abril de 2020, prevé una partida especial de $ 432 durante 11 meses por trabajador, a pesar de que no se ha consolidado la recuperación de la actividad. ¿Eso preocupa?
—Los ajustes están dentro de la pauta del Poder Ejecutivo para el sector medio.
La partida extraordinaria, en realidad, es algo que aportan las empresas y que fue un aporte para concretar un convenio que salió bastante rápido, mirando la realidad de los demás grupos. Fue muy razonable, porque tampoco hubo mucha conflictividad, sino que se transitó en un convenio muy civilizado.
En la construcción los aumentos se trasladan a precios, salvo la partida especial que ponen las empresas. La preocupación puede estar más por el encarecimiento del sector y que eso sea un freno a la inversión.
—En Maldonado la actividad sigue decaída. ¿Qué impacto prevé ahora, con la fuerte depreciación cambiaria que hubo en Argentina?
—En Maldonado no hay un nivel de construcción importante y la ocupación está bastante baja.
El público comprador de Punta del Este no es el que más sufre los vaivenes de la economía argentina.
Sin duda, va a haber un impacto en el turismo y probablemente en el mercado inmobiliario, también en Montevideo. En los últimos meses lo inmobiliario se ha enlentecido, está más pesado.
—¿Cómo incide en el negocio la suba del precio del dólar en la plaza local?
—Como no hacemos bienes transables el dólar no impacta tanto en los temas de la empresa. Sí en el encarecimiento de los costos, porque muchos insumos son importados. Pero eso termina impactando en el precio del producto final, no tanto en la economía de la empresa.
Con la devaluación de Argentina se revirtió un poco la situación favorable que teníamos. La estamos peleando. Hay que esperar un poco a ver cómo se acomoda el tipo de cambio acá y en la región. Somos un mercado chico, pero los niveles de precios todavía son competitivos.
—¿A pesar de que la productividad ha caído?
—Es un problema que tenemos que afrontar. Si no hay mejora de la productividad, se condiciona el crecimiento a mediano y largo plazo; es una preocupación. La cámara está trabajando muy fuerte desarrollando un departamento para la medición de la productividad en forma sistemática para generar información estadística, porque es un tema que hay que atacar en la cadena.
—Las empresas nacionales se han asociado con extranjeras para competir por las obras bajo el régimen PPP. En los últimos años, el Estado tuvo problemas con compañías internacionales que no terminaron obras e interpusieron juicios. ¿Los consorcios con las nacionales son ventajosos?
—Es buena cosa porque hay una sinergia positiva. Es interesante ver cómo las empresas nacionales se han adaptado para dar respuesta: todos los proyectos de PPP ejecutados o con adjudicación provisional, o son consorcios de empresas nacionales o de nacionales con extranjeras.
Cuando están consorciadas con empresas nacionales las obras se terminan. Esa es la experiencia y es una seguridad para el país.