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    La contundencia del labio partido

    Franz Rogowski, el actor alemán del momento
    Por Ch.

    Vive confortablemente en Berlín y tal vez nunca se interese por engrosar la lista de actores alemanes que se mudan a Hollywood. Bailarín y coreógrafo antes de ser conocido como intérprete, Franz Rogowski, de 36 años, es una presencia que llena la pantalla. Sí, es parecido a Joaquin Phoenix, incluso con esa cicatriz labial u operación de labio leporino, qué más da. De mirada frágil —y no tanto— y rostro ligeramente atormentado (los alemanes no pueden evitar la presencia fáustica), ya ha trabajado con grandes cineastas como Michael Haneke (Happy End, 2017) y Terrence Malick (La vida oculta, 2019), y quienes hayan visto la película de culto Victoria (2017), de Sebastian Schipper, un vertiginoso plano que secuencia 140 minutos por las calles de Berlín desde las 4.30 hasta las 7 de la mañana, lo recordarán como ese chico inestable, drogotón, que se ve envuelto con otros adolescentes en lo que termina siendo un violento caso policial.

    Aquello de tener un perfil inmaculado y hablar con prístina claridad no es para Rogowski. Su marca de fábrica es la asimetría facial y un notorio seseo en la dicción. A veces parece haber salido de un tren de carga luego de tres días de viaje durmiendo sobre la paja o de haber sufrido una tremenda paliza. En otras oportunidades con solo una mirada silenciosa te pone los pelos de punta. Las debilidades, cuando son potenciadas por el talento, resultan mucho más valiosas que la tan mentada proporción apolínea. En Mubi se pueden ver seis películas de Rogowski, algunas de ellas de soberbio nivel.

    Love Steaks (2013), de Jakob Lass, es una de las primeras películas de Rogowski. Interpreta a un inexperiente masajista en un lujoso hotel. Mientras debe lidiar para que los clientes no confundan su trabajo con una propuesta erótica, se enamora de una muchacha alcohólica que es ayudante de chef en la cocina del mismo hotel. Masajes a los pacientes y masajes a los ojos de bife que comerán los comensales. Los personajes que atraviesan la historia son tan exóticos como los protagonistas. Hay que ver las bromitas que se gastan los compañeros de cocina de la protagonista entre las ollas y la preparación de los platos o las instrucciones que recibe el masajista Rogowski para diseñar “un globo energético” sobre quienes se recuestan en la camilla. Una impecable y fresca historia de amor con un final imprevisto y original. La película se filmó en un hotel de verdad y los actores interactuaron con parte del personal en servicio.

    Algunos la compararon con Casablanca o en todo caso con una Casablanca escrita por Kafka. En cualquier caso, En tránsito (2018), de Christian Petzold, es un extraño drama ambientado en un tiempo indefinido en el que impera una tropa de ocupación en la ciudad y Rogowski es un refugiado que debe hacerse pasar por un escritor. Tiene algo de El otro señor Klein, de Joseph Losey, en el juego de identidades. La obra es bastante más compleja de lo que parece, con cuidadosos planos y detalles que van creciendo en la memoria una vez que se pone punto final al asunto.

    Poética y nocturnal es In the Aisles (2018), de Thomas Stuber, que se desarrolla casi completamente en el interior de un macromercado por la noche, en el cual Rogowski es un empleado recién llegado, de pasado misterioso, que debe aprender a manejar el montacargas. Góndolas y góndolas con productos, pasillos que son calles por donde se desplazan los montacargas y un gran apartado para los congelados. Otra vez los personajes laterales enriquecen una historia de amor poco resonante, anónima, pero tanto más elocuente y significativa en su delicadeza y sugerencia. Cada tanto alterna en el interior del supermercado como si fuese el caparazón de un gigantesco caracol el sonido del mar, y tiene un sentido que se descubre con el desenlace de la historia.

    Inquietante se nos presenta Rogowski en Luzifer (2021), de Peter Brunner. Ahora estamos muy lejos de las ciudades, en una cabaña perdida en los Alpes austríacos. Allí viven un hijo autista que practica la cetrería con su madre atormentada, que antaño fue una chica darkie y ahora es una veterana volcada a las extravagancias religiosas. El encierro, similar en lo escenográfico a la cueva de Kevin Spacey en Seven, es proclive para los excesos y las pesadillas. Una historia que le viene como anillo al dedo al cineasta austríaco para hablar de la locura, de la vejez del punk, de las promiscuidades alejadas del mundanal ruido. Rogowski y su mascota el águila debieron convivir un tiempo para soportarse mutuamente antes de la filmación.

    En Great Freedom (2021), de Sebastian Meise, nuestro actor del momento interpreta a un homosexual que cae en prisión por eso mismo, por ser homosexual. Según el artículo 175 que rigió en Alemania hasta 1969, las “prácticas sexuales desviadas” estaban penadas. Bueno, un poquito más atrás estaban consideradas por Freud dentro de las perversiones. El mundo no siempre fue justo ni correcto, y tal vez nunca lo sea, en eso consiste su esencia. Con un elenco de primeras figuras, este drama libertario, que obtuvo el premio del jurado en Un Certain Regard en Cannes 2021 y fue elegido por Austria para los Oscar extranjeros, es el último espaldarazo en la carrera de Rogowski.

    La más bizarra del ciclo es Figaros Wolves (2017), de Dominik Galizia. Todo ocurre en la azotea de un edificio. Allí está el bueno de Franz fumando. Allí aparece una chica muy atractiva tomando el sol. Hablan y contemplan la vista de la ciudad hasta que irrumpen en el idilio tres forajidos, que más que forajidos parecen figuras de ácido lisérgico. La pareja protagónica toma un ácido. Los forajidos andan en calzoncillos por la azotea (y hacen cosas peores) mientras se alterna el blanco y negro con el color. El mismo director parece adicto al ácido o al menos haber hecho la película bajo esos efectos. No se entiende bien a dónde quiere llegar pero, bueno, tiene a Rogowski, que lo salva de un delirio mayor.

    Existe una buena generación de actores alemanes contemporáneos como August Diehl (Bastardos sin gloria, La vida oculta), Moritz Bleibtreu (Corre, Lola, corre), Nina Hoss (Barbara, Ave Fénix), Daniel Brühl (Goodbye, Lenin) o Diana Kruger (Bastardos sin gloria). Ahora debemos agregar a la lista el nombre de Franz Rogowski, quien desea ser visto en la pantalla “como una persona y no como un actor”. Está bien, pero aunque no le guste es flor de actor.

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