• Cotizaciones
    sábado 21 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    La elección de un vicepresidente: una búsqueda entre la lealtad, los equilibrios políticos internos y los votos

    Luis Batlle y Jorge Pacheco, en el siglo pasado, los últimos vicepresidentes uruguayos que llegaron a ocupar el máximo cargo

    “No me conoce nadie y va a haber alguno que me va a querer sacar del forro”, confió el vicepresidente a su secretario. Jorge Pacheco Areco era un boxeador amateur colorado que tenía un cargo en la Aduana, había ejercido como profesor de Secundaria y, al decir de Julio Sanguinetti, disfrutaba al degustar “amables copas” con sus amigos.

    La muerte del general Oscar Gestido mientras ejercía el cargo de presidente antes de finalizar el año 1967, puso al discreto político al que llamaban Bocha en la cima del poder.

    Para sorpresa de propios y ajenos lo hizo con tanta firmeza, aún jaqueado por alta inflación, conflictos con los sindicatos, la muerte de estudiantes a manos de la Policía y enfrentado a la guerrilla, que en 1971 estuvo a punto de ser reelecto, en una sociedad polarizada camino a una dictadura.

    Veinte años antes, Luis Batlle también se había encontrado de sopetón sentado en el sillón presidencial del pequeño país que había recuperado bríos gracias a la Segunda Guerra Mundial que hizo necesarios los productos locales.

    Este sobrino de José Batlle y Ordóñez tenía como meta ser intendente de Montevideo, pero estaba enfrentado a sus primos, que dirigían el diario El Día y apostaban a un gobierno colegiado y querían frenar la brillante carrera del cuatro veces seguidas presidente de la Cámara de Diputados.

    Aunque México y Chile no lo tienen y en caso de vacante el cargo lo ocupa el presidente del Senado, como ocurría en Uruguay hasta 1934, el papel del vicepresidente en los regímenes presidencialistas es asegurar la continuidad y salvo en Venezuela es electo en la fórmula para que tenga mayor legitimidad.

    Para lograr su objetivo lo designaron candidato a vicepresidente de Tomás Berreta, al que también resistían.

    Pero igual que Gestido, Berreta falleció durante los primeros meses de su mandato, abonando incluso la versión nunca confirmada de que Luis Batlle aceptó el cargo porque había sido advertido de la enfermedad terminal que padecía su compañero de fórmula.

    Los historiadores Jorge Chagas y Gustavo Trullen, que publicaron el libro Pacheco. La trama oculta del poder en 2005 y ahora preparan Luis Batlle Berres. Esplendor y derrumbe del Uruguay de la 15 explican el proceso político que terminó con el carismático Luisito, padre de Jorge Batlle, en el poder.

    En el libro inédito al que accedió Búsqueda, los autores cuentan que además de la tensión entre presidencialistas y colegialistas, que escondía otras cuestiones menos filosóficas, estaba en tela de juicio la gestión de Juan Fabini al frente de la comuna, al punto que los nacionalistas tenían grandes chances de ganar el gobierno departamental.

    Pero los Batlle Pacheco desde El Día bloquearon la postulación de su primo. Aunque la Lista 15 se expresó a favor del colegiado, era evidente que la figura de Batlle Berres descollaba y aunque el ambicioso político se tuvo que conformar con ser candidato a la vicepresidencia, se produjo una refundación del sector, que quedó conformado solo con “luisistas” y obtuvo cuatro diputados en Montevideo con algunos votos menos que la Lista 14, patrocinada desde el periódico de 18 y Yaguarón.

    A la orden

    En 2019 la designación del vice sigue siendo un asunto clave al comienzo de la campaña y más luego de la reforma constitucional de 1996 que eliminó el doble voto simultáneo y obliga a negociar para lograr el respaldo a una candidatura única.

    “Deberían pensar un poco más en la estatura del cargo. Es el presidente de la Asamblea General y de la Cámara de Senadores. Sus funciones son impulsar la agenda legislativa del gobierno, negociar con la oposición, etc. También debe suplir al presidente y participar del gabinete”, escribió en Twitter el politólogo Daniel Chasquetti el viernes 5 cuando todas las cartas aún no estaban a la vista.

    La tesis de doctorado del politólogo, publicada en un libro, se detiene en analizar los resultados de la actividad parlamentaria uruguaya a la luz de la teoría de los partidos-cártel de los estadounidenses Cox y McCubbins.

    Chasquetti se manifestó preocupado por la tendencia en varios partidos a “mirar primero el potencial electoral o la capacidad de representación sin reparar en las características del cargo que se aspira a cubrir”.

    El investigador de la Udelar señaló a Búsqueda que más allá de la actividad parlamentaria, la lealtad es uno de los componentes clave y destacó los casos de Jorge Sapelli, vice de Juan María Bordaberry en el golpe de febrero de 1973; de Hierro, invitado también a traicionar a Jorge Batlle en 2002, y de Nin, que se mantuvo al lado de Vázquez, quien a su vez había dejado de lado a Astori, al que derrotó en la interna.

    La nominación de los candidatos a vice levantó polvareda. Es que si la designación de Beatriz Argimón como compañera de fórmula de Luis Lacalle fue vista como una decisión oportuna y acertada del ganador de la interna blanca, no todos piensan lo mismo para el caso del Frente Amplio y el Partido Colorado.

    Robert Silva logró consenso para acompañar a Ernesto Talvi, pero, además de no contar con experiencia parlamentaria, fue cuestionado por no haber renunciado antes como director de un ente autónomo.

    En el caso del Frente Amplio, Martínez sorprendió con el nombre de Graciela Villar, una candidata casi desconocida fuera del casco de militantes a pesar de que ocupó la presidencia de la Junta Departamental de Montevideo, para la que fue electa en dos períodos.

    El ahora candidato a la presidencia por el Partido Independiente Pablo Mieres y el politólgo Ernesto Pampín estudiaron para la Universidad Católica 110 casos de vicepresidentes de 17 países de América entre 1985 y 2012.

    Una de las conclusiones del trabajo es que rara vez llegan a presidentes, aunque eso no significa siempre el final de su carrera política.

    Los vicepresidentes deben navegar entre estar a la orden sin hacer mucho (con ocurre en Estados Unidos, al menos en teoría) y contar con experiencia política previa, lealtad y “en algunos casos también las que surgen de clivajes sociodemográficos”.

    Luego de analizar la literatura preexistente, formularon algunas reglas que son útiles para el caso uruguayo.

    En su último trabajo académico antes de dedicarse a la política, Mieres clasificó las fórmulas presidenciales victoriosas uruguayas de la posdictadura de Sanguinetti-Tarigo (1985-1990) y Lacalle-Aguirre (1990-1995) como “acuerdos entre fracciones” para asegurar el triunfo, mientras que el caso de Sanguinetti-Batalla (1995-2000) y Vázquez-Nin (2005-2010) como de “ampliación del partido con figuras externas”, y finalmente la de Batlle-Hierro (2000-2005) como de “recomposición de la unidad partidaria”, lo que según la investigación se puede entender tanto por el eje de balance ideológico como por el de la rivalidad para la nominación presidencial, ya que Hierro había sido derrotado por Batlle en las internas presidenciales del partido.

    Aunque México y Chile no lo tienen y en caso de vacante el cargo lo ocupa el presidente del Senado, como ocurría en Uruguay hasta 1934, el papel del vicepresidente en los regímenes presidencialistas es asegurar la continuidad y salvo en Venezuela (ver recuadro de la nota) es electo en la fórmula para que tenga mayor legitimidad.

    Los vicepresidentes deben navegar entre estar a la orden sin hacer mucho (con ocurre en Estados Unidos, al menos en teoría) y contar con experiencia política previa, lealtad y “en algunos casos también las que surgen de clivajes sociodemográficos”.

    Otras de las características del vice es que en la naturaleza del vínculo con el presidente existe una “tensión o ambigüedad institucional, en la medida que la oportunidad política de este depende, en cierto modo, de la ausencia o fracaso del presidente”, dice el análisis académico.

    Martínez y una mujer

    Para el politólogo Daniel Buquet, los casos de Batlle-Hierro, Lacalle-Larrañaga (que perdió) y Mujica-Astori son característicos de sumar al segundo para reforzar la unidad del partido y enfrentar a los rivales.

    Hierro cumplió con lealtad a pesar de las diferencias y de la grave crisis económica y sin duda Astori fue leal a pesar de los abundantes conflictos entre el Ministerio de Economía, que estaba en su órbita, y una Oficina de Planeamiento y Presupuesto liderada por mujiquistas.

    Buquet considera que tanto en el caso de Lacalle con Argimón, que tiene consenso y es presidenta del partido, y Daniel Martínez con Villar no está enfocado a encontrar una compañera de fórmula que amplíe los votos, sino complementar el equipo con experiencia política.

    Acerca de Villar, Buquet sostiene que se ajusta a esa estrategia en la que se percibe la búsqueda de alguien “más de izquierda” que el candidato: “Tiene otros atributos como el de unificar y tonificar al partido” y además de las cualidades que Martínez descubrió en ella durante su vínculo como intendente de Montevideo tiene otra característica: genera curiosidad.

    Información Nacional
    2019-07-11T00:00:00

    // Leer el objeto desde localStorage