Aunque México y Chile no lo tienen y en caso de vacante el cargo lo ocupa el presidente del Senado, como ocurría en Uruguay hasta 1934, el papel del vicepresidente en los regímenes presidencialistas es asegurar la continuidad y salvo en Venezuela es electo en la fórmula para que tenga mayor legitimidad.
Para lograr su objetivo lo designaron candidato a vicepresidente de Tomás Berreta, al que también resistían.
Pero igual que Gestido, Berreta falleció durante los primeros meses de su mandato, abonando incluso la versión nunca confirmada de que Luis Batlle aceptó el cargo porque había sido advertido de la enfermedad terminal que padecía su compañero de fórmula.
Los historiadores Jorge Chagas y Gustavo Trullen, que publicaron el libro Pacheco. La trama oculta del poder en 2005 y ahora preparan Luis Batlle Berres. Esplendor y derrumbe del Uruguay de la 15 explican el proceso político que terminó con el carismático Luisito, padre de Jorge Batlle, en el poder.
En el libro inédito al que accedió Búsqueda, los autores cuentan que además de la tensión entre presidencialistas y colegialistas, que escondía otras cuestiones menos filosóficas, estaba en tela de juicio la gestión de Juan Fabini al frente de la comuna, al punto que los nacionalistas tenían grandes chances de ganar el gobierno departamental.
Pero los Batlle Pacheco desde El Día bloquearon la postulación de su primo. Aunque la Lista 15 se expresó a favor del colegiado, era evidente que la figura de Batlle Berres descollaba y aunque el ambicioso político se tuvo que conformar con ser candidato a la vicepresidencia, se produjo una refundación del sector, que quedó conformado solo con “luisistas” y obtuvo cuatro diputados en Montevideo con algunos votos menos que la Lista 14, patrocinada desde el periódico de 18 y Yaguarón.
A la orden
En 2019 la designación del vice sigue siendo un asunto clave al comienzo de la campaña y más luego de la reforma constitucional de 1996 que eliminó el doble voto simultáneo y obliga a negociar para lograr el respaldo a una candidatura única.
“Deberían pensar un poco más en la estatura del cargo. Es el presidente de la Asamblea General y de la Cámara de Senadores. Sus funciones son impulsar la agenda legislativa del gobierno, negociar con la oposición, etc. También debe suplir al presidente y participar del gabinete”, escribió en Twitter el politólogo Daniel Chasquetti el viernes 5 cuando todas las cartas aún no estaban a la vista.
La tesis de doctorado del politólogo, publicada en un libro, se detiene en analizar los resultados de la actividad parlamentaria uruguaya a la luz de la teoría de los partidos-cártel de los estadounidenses Cox y McCubbins.
Chasquetti se manifestó preocupado por la tendencia en varios partidos a “mirar primero el potencial electoral o la capacidad de representación sin reparar en las características del cargo que se aspira a cubrir”.
El investigador de la Udelar señaló a Búsqueda que más allá de la actividad parlamentaria, la lealtad es uno de los componentes clave y destacó los casos de Jorge Sapelli, vice de Juan María Bordaberry en el golpe de febrero de 1973; de Hierro, invitado también a traicionar a Jorge Batlle en 2002, y de Nin, que se mantuvo al lado de Vázquez, quien a su vez había dejado de lado a Astori, al que derrotó en la interna.
La nominación de los candidatos a vice levantó polvareda. Es que si la designación de Beatriz Argimón como compañera de fórmula de Luis Lacalle fue vista como una decisión oportuna y acertada del ganador de la interna blanca, no todos piensan lo mismo para el caso del Frente Amplio y el Partido Colorado.
Robert Silva logró consenso para acompañar a Ernesto Talvi, pero, además de no contar con experiencia parlamentaria, fue cuestionado por no haber renunciado antes como director de un ente autónomo.
En el caso del Frente Amplio, Martínez sorprendió con el nombre de Graciela Villar, una candidata casi desconocida fuera del casco de militantes a pesar de que ocupó la presidencia de la Junta Departamental de Montevideo, para la que fue electa en dos períodos.
El ahora candidato a la presidencia por el Partido Independiente Pablo Mieres y el politólgo Ernesto Pampín estudiaron para la Universidad Católica 110 casos de vicepresidentes de 17 países de América entre 1985 y 2012.
Una de las conclusiones del trabajo es que rara vez llegan a presidentes, aunque eso no significa siempre el final de su carrera política.
Los vicepresidentes deben navegar entre estar a la orden sin hacer mucho (con ocurre en Estados Unidos, al menos en teoría) y contar con experiencia política previa, lealtad y “en algunos casos también las que surgen de clivajes sociodemográficos”.
Luego de analizar la literatura preexistente, formularon algunas reglas que son útiles para el caso uruguayo.
En su último trabajo académico antes de dedicarse a la política, Mieres clasificó las fórmulas presidenciales victoriosas uruguayas de la posdictadura de Sanguinetti-Tarigo (1985-1990) y Lacalle-Aguirre (1990-1995) como “acuerdos entre fracciones” para asegurar el triunfo, mientras que el caso de Sanguinetti-Batalla (1995-2000) y Vázquez-Nin (2005-2010) como de “ampliación del partido con figuras externas”, y finalmente la de Batlle-Hierro (2000-2005) como de “recomposición de la unidad partidaria”, lo que según la investigación se puede entender tanto por el eje de balance ideológico como por el de la rivalidad para la nominación presidencial, ya que Hierro había sido derrotado por Batlle en las internas presidenciales del partido.
Aunque México y Chile no lo tienen y en caso de vacante el cargo lo ocupa el presidente del Senado, como ocurría en Uruguay hasta 1934, el papel del vicepresidente en los regímenes presidencialistas es asegurar la continuidad y salvo en Venezuela (ver recuadro de la nota) es electo en la fórmula para que tenga mayor legitimidad.
Los vicepresidentes deben navegar entre estar a la orden sin hacer mucho (con ocurre en Estados Unidos, al menos en teoría) y contar con experiencia política previa, lealtad y “en algunos casos también las que surgen de clivajes sociodemográficos”.
Otras de las características del vice es que en la naturaleza del vínculo con el presidente existe una “tensión o ambigüedad institucional, en la medida que la oportunidad política de este depende, en cierto modo, de la ausencia o fracaso del presidente”, dice el análisis académico.
Martínez y una mujer
Para el politólogo Daniel Buquet, los casos de Batlle-Hierro, Lacalle-Larrañaga (que perdió) y Mujica-Astori son característicos de sumar al segundo para reforzar la unidad del partido y enfrentar a los rivales.
Hierro cumplió con lealtad a pesar de las diferencias y de la grave crisis económica y sin duda Astori fue leal a pesar de los abundantes conflictos entre el Ministerio de Economía, que estaba en su órbita, y una Oficina de Planeamiento y Presupuesto liderada por mujiquistas.
Buquet considera que tanto en el caso de Lacalle con Argimón, que tiene consenso y es presidenta del partido, y Daniel Martínez con Villar no está enfocado a encontrar una compañera de fórmula que amplíe los votos, sino complementar el equipo con experiencia política.
Acerca de Villar, Buquet sostiene que se ajusta a esa estrategia en la que se percibe la búsqueda de alguien “más de izquierda” que el candidato: “Tiene otros atributos como el de unificar y tonificar al partido” y además de las cualidades que Martínez descubrió en ella durante su vínculo como intendente de Montevideo tiene otra característica: genera curiosidad.
Información Nacional
2019-07-11T00:00:00
2019-07-11T00:00:00