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¿Es posible hacer ficción novedosa sobre la II Guerra Mundial? ¿Se puede decir algo relevante sobre un tema que ha sido llevado a la pantalla del cine y la televisión cientos de veces, desde las perspectivas más diversas? La respuesta que la pantalla mayor les viene dando a esas preguntas es un rotundo sí: ahí están 1917 y Dunkerque como ejemplos bastante recientes. La ficción televisiva también parece decir que sí: Band of Brothers y The Pacific sirven de botón de muestra.
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Ahora, ¿qué perspectiva distinta se le puede dar a una serie que narre, por enésima vez, la campaña de las tropas de EE.UU. en Europa? La elección de The Liberator, la miniserie estrenada por Netflix hace un par de meses, fue apostar por lo visual, utilizando la tecnología Trioscope, que mezcla actores reales con animación digital. Los creadores de la técnica son los productores L. C. Crowley y Brandon Barr, junto con el especialista en efectos especiales Greg Jonkajtys, quien había colaborado con Lucasfilm.
Para entender una elección visual tan específica, conviene conocer los antecedentes de la miniserie. El periodista Alex Kershaw es el autor del libro The Liberator: One World War II Soldier’s 500-Day Odyssey, que narra la peripecia del Regimiento 157 de Infantería del Ejército de EE.UU. Formado por rednecks de Texas, descendientes de mexicanos e indígenas americanos, el grupo entró en combate en Italia en julio de 1943 y no dejó de pelear (fueron muy escasos sus días de calma) hasta que terminó la guerra, 500 días después. Su periplo incluyó, entre otros sucesos, el desembarco en Sicilia, la batalla de Anzo, el intento de cruce de los Alpes y la liberación del campo de exterminio de Dachau.
El potencial del libro de Kershaw fue visto por el guionista Jeb Stuart, responsable de Duro de matar y El fugitivo, entre otros filmes. Sin embargo, y contrariamente a lo que Stuart creía, no fue fácil lograr que el texto terminara en alguna clase de pantalla. Tras ser descartado como filme por su elevado costo, ocurrió lo mismo cuando Stuart intentó reelaborarlo como serie para The History Channel. Tras ese segundo descarte, la opción del guionista fue abaratar costos convirtiéndolo en una historia animada. Y esta vez dio finalmente en el blanco.
La técnica elegida es innovadora, aunque recuerda bastante a la rotoscopia utilizada por Richard Linklater en su filme A Scanner Darkly, basada en una novela de Philip K. Dick. El resultado, sin embargo, es más efectivo a la hora de no diluir la gestualidad de los actores reales. Es verdad, por momentos la técnica luce algo precaria (el uso de texturas sobreimpresas, por ejemplo), pero en términos generales el resultado es más que satisfactorio. Es una serie animada, sí, pero jamás los personajes pierden su humanidad.
Y ese es otro aspecto central de la serie, lo específico de los caracteres de sus pocos personajes. Entre ellos se destaca, obviamente, el narrador, Felix Sparks, comandante del regimiento y soldado real en cuya peripecia se basa la miniserie. Interpretado por el británico Bradley James, el personaje tiene las dosis adecuadas de realismo y épica para resultar magnético. Sí, el guion recurre a ciertos estereotipos, pero es justo por eso que estos existen: alguna gente suele comportarse como dice el estereotipo. Es Sparks quien hace de un grupo de hombres discriminados y subestimados una unidad bélica y humana, valiente y consistente. Una que va descubriendo sus fortalezas a medida que cada uno de sus miembros aprende a confiarle su vida al compañero que combate al lado. Dentro de un elenco solvente, además de James se destacan Martin Sensmeier (el sargento Pie Frío) y José Miguel Vázquez (Able Gómez).
La serie tampoco esquiva el bulto en lo que refiere a la discriminación que los indígenas y los descendientes de mexicanos sufren en el país que los manda a combatir. O que muchos de los gestos solidarios que tienen entre sí en el campo de batalla, serían tomados como una afrenta en EE.UU. The Liberator no se detiene especialmente en esas problemáticas, pero las menciona para proporcionar contexto y ayudar a entender lo doblemente valioso que es el lazo que va uniendo, a regañadientes, a ese grupo de soldados. El puñado de inadaptados que en su país de origen muy probablemente no se dirigirían la palabra.
Es interesante que pese a ser una serie de animación bélica, The Liberator no incurre en la lógica booleana que a veces marca las películas de guerra: los soldados alemanes son capaces de tener gestos nobles, así como los mandos de EE.UU. pueden pecar de cínicos y mandar a sus soldados al muere sin tocarse el corazón. Como recuerda el comandante Sparks en el tercer capítulo de la serie, los alemanes están defendiendo su país de una invasión y están dispuestos a morir en esa defensa. Pero incluso en esa situación un capitán de las SS es capaz de dejar a los estadounidenses recoger a sus heridos del campo de batalla sin dispararles. “¿Por qué no les disparamos?”, pregunta el encargado de la ametralladora, que podría haberlos barrido en un instante. “Porque podemos no hacerlo”, responde el capitán nazi. En un mundo que solo ve las cosas en blanco y negro como el nuestro, dotar a los “malos” de razones y de una ética personal que llega hasta el campo de batalla real, es asumir un riesgo y también una declaración de inteligencia y de capacidad de matizar.
Por supuesto, los alemanes fueron capaces de lo que fueron capaces, y eso nos lo recuerda el capítulo sobre la liberación de Dachau: ningún otro Estado había creado una industria de la muerte tan sistemática ni premeditada. Pero incluso ahí, en el infierno de Dachau, hay espacio para la ética: cuando un sargento estadounidense dispara a soldados alemanes que se estaban rindiendo o estaban heridos, el caso termina en la Justicia militar. Y nuestro héroe, Sparks, asume la responsabilidad, aunque dio explícitamente órdenes de no disparar a nadie.
Si algo puede reprochársele a The Liberator es su brevedad. Algunos de sus cuatro capítulos, especialmente el último, suenan demasiado comprimidos para el buen desarrollo de la historia en los episodios previos. El director y animador Greg Jonkajtys hace un buen trabajo balanceando técnica y expresividad, acción y reflexión, violencia e introspección. Concebida antes que nada como una serie de acción, The Liberator tiene tiempo para preguntarse sobre el valor de las vidas de esos hombres que pelearon durante 500 días seguidos, algunos hasta la victoria, otros hasta la muerte.