—Hay momentos, pero uno de los hitos fue haber logrado Estados Unidos en 1997, que fue fundamental para darle estabilidad a la industria. Tenemos sólo 20.000 toneladas, pero en su momento también ganamos Canadá, lo que nos dio otra apertura. No era un tema de imagen; esto realmente mejoraba las posibilidades de los frigoríficos. Entre 1997 y 2001, cuando aparece la aftosa, fueron años que nos cambiaron significativamente, desde el punto de vista comercial, las opciones que teníamos para vender carne, independientemente de que se mantenían Israel, Europa y algo, aunque muy poco, los países árabes. Hay que sumarle México, además, que también fue importantísimo y más con la diferencia que con este mercado logramos, en negociación en la que estuve con el ex presidente Sanguinetti, apenas un 7% de impuestos, que en términos carne es bajísimo. Este período también es muy importante porque teníamos habilitados los mercados de Japón y Corea, a donde vendíamos hueso y las lenguas valían un disparate. Teníamos todos los mercados más importantes abiertos y no les prestábamos atención a los países árabes, que estaban tapizados de carne brasileña. Tuvimos la crema del mercado y después vino la aftosa, pero ese momento fue muy importante. Los negocios fueron muy buenos, aunque no podría hablar de los resultados económicos de las empresas.
—¿El período permitió valorizar y posicionar la carne uruguaya?
—Sí, por supuesto. No teníamos que ir a un mercado egipcio a golpear a la puerta y vender por el precio que ellos quisieran. No tenía que vender una cantidad grande con un riesgo enorme, porque se vendía con precio fijo y el ganado lo tenían atrás con un precio que no se sabía cuánto iba a valer. En cambio, cuando se tiene una amplitud de mercados, donde se vende de a dos, tres o cuatro containers, pero con colocación inmediata, eso hace la gran diferencia.
—¿Cómo fue el quiebre de la aftosa para los negocios?
—Tenemos dos quiebres. Cuando aparece la aftosa en Artigas, el 24 de octubre de 2000, estábamos todos en la feria del SIAL en París y el último día nos llega la noticia y nos queríamos matar. Pero con la regionalización, más o menos se pudo acomodar un poco. Retornamos a Estados Unidos y Canadá, pero perdimos Japón, Corea y México. Volvimos a América del Norte por seis meses, porque el 24 de abril de 2002 se generalizó la aftosa. En noviembre de 2001, rapidísimo, tuvimos la reapertura de Europa e Israel y durante 2002 a través de traders europeos se hicieron algunos negocios para Rusia. Posteriormente volvimos a Canadá en diciembre de 2002 y recuerdo que hicimos 30.000 toneladas para ese mercado en un lapso de 5 meses; fue imponente. En mayo de 2003 apareció la “vaca loca” en Canadá y se cortó todo, pero dos días después abrió Estados Unidos de nuevo, hasta hoy, para lo cual tuvieron mucho que ver nuestros servicios veterinarios, que son de superconfianza para las autoridades norteamericanas, más Jorge Batlle, que tenía muy buena relación con el presidente Bush.
Extranjeri-zación de la industria
—Desde el restablecimiento de los mercados se inició un período de estabilidad para la industria frigorífica, que llegó también acompañado por una fuerte inversión extranjera en las empresas, muchas de las cuales cambiarion de mano. ¿Cómo ve ese proceso?
—La intención de ese proceso comenzó en 2005 y el primer negocio que se concretó fue en junio de 2006, Canelones vendido a Bertín. En octubre de 2006 se vendió Tacuarembó a Marfrig. La misma empresa brasileña compró Elbio Pérez a fines de 2006 y en el primer semestre de 2007 compró La Caballada. En este último año, se concretó la venta del Colonia con el paquete de Quickfood, que había sido adquirido en Argentina también por Marfrig. Después ya pasamos al PUL a principios de 2011, que se vendió a Minerva y, por último, la venta del Carrasco en marzo de este año.
—¿Cómo observa esa irrupción brasileña en el mercado local? ¿A qué cree que responde?
—Esto no pasó sólo en Uruguay. La expansión de la industria brasileña a escala mundial fue apoyada por el Banco Nacional de Desarrollo de Brasil durante el gobierno de Lula. JBS compró 2 de las empresas más grandes de Australia. Compró en Estados Unidos al tercer faenador en ese país. En Argentina JBS tiene 6 plantas de las cuales hoy opera una. Marfrig ya había comprado 5 o 6, de las cuales opera 1 o 2.
—¿Pero qué cambió en Uruguay a partir de esta situación?
—Es una pena que muchos empresarios de primer nivel se hayan ido, pero también en las empresas llega un tiempo que madura y ya no tiene continuación por diferentes motivos. Pero es bueno saber siempre que se sale del negocio cuando se está en la cresta. ¿Qué pasa con los brasileños acá? Y bueno, es una apuesta más, como tienen en el resto del mundo.
—En lo local hay cierta preocupación de parte de los productores, pero también del Poder Ejecutivo, frente a esta concentración de capitales extranjeros en la industria frigorífica.
—Si a un empresario exitoso alguien le ofrece la compra y le sirve, la vende. El tema es que no hay uruguayo que haga una inversión de ese calibre. Yo no lo veo como un problema. Es parte del negocio y son las leyes del mercado. ¿Alguien le puede decir que no venda? El empresario que vende puede decidirlo porque se da cuenta que tiene limitaciones o riesgos a futuro, o porque perdió plata y quiere dejar de hacerlo. Responder si puede ser perjudicial o no, es difícil. Obviamente, desde el sector productor se puede ver mal, pero es como funciona, y peor sería que cerraran esos frigoríficos. ¿Hay empresarios uruguayos que quieran invertir de nuevo? No. ¿Hay gente que conozca la industria frigorífica que quiera volver a invertir? No. Entonces es claro. A Correa, que compró PUL fundido, le fue bien y se fue gracias a Gularte, que es un fenómeno. Se lo vendió a Minerva. En 2010 venía con Miguel Gularte en el avión desde Estados Unidos y me dijo: los años que vienen son horribles. Cuando me enteré que el 17 de enero de 2011 había vendido, le dije: “Miguel, ¡sos un fenómeno!”.
—Hoy se habla mucho de un manejo de la faena para controlar y deprimir los precios del ganado, incluso con acusaciones muy severas de parte de algunos sectores. ¿Cuál es su opinión sobre esta materia?
—Primero, que de eso no sé nada. Estoy fuera del negocio de la venta de ganado. Con respecto a los precios, creo que es notorio que en los últimos dos años, desde el 2013 para atrás, teniendo en cuenta que la industria termina sus balances en setiembre, los industriales perdieron mucho dinero, porque pagaron el ganado caro y porque además somos muy caros como país. Si mal no recuerdo, el Dr. Alfredo Fratti, presidente de Inac, dijo en una exposición reciente que cuando el ganado valía U$S 3,70 o U$S 3,80, los productores se habían sacado el “5 de Oro” sin haber comprado el boleto. Lo dijo él y sabe por qué lo dice, porque conoce los números, tiene los balances de todos. No hay sector más controlado en el país.
—¿Usted cree que la industria actúa de manera coordinada para manejar la faena?
—No, no creo, pero tampoco tengo conocimiento desde donde yo estoy. Le podría decir que me pueden indicar que en Rusia o en Estados Unidos hay que vender a menos de tanto, pero no en el precio del ganado. No sé. Pero creo que no. Además está totalmente atomizada la industria. Si los brasileños actuaran coordinados en Brasil, sería espantoso, porque controlan mucho más que acá. Sin embargo, no es así y usted ve que los precios en Brasil están mucho más caros que los de Uruguay. Entonces, ¿por qué van a actuar coordinados acá? Están en competencia.
Exportación en pie
—¿Cuál es su opinión respecto al manejo que ha hecho el gobierno con los permisos para exportar en pie?
—Yo creo que ha sido correcto. Y ahora que la liberen, me parece bien.
—Pero durante el año pasado, cuando el Ministerio de alguna manera cuotificaba los permisos, ¿también lo consideró correcto?
—Me parece que en ese momento estaba bien. Los precios altos fueron el año pasado a esta altura. El problema también es que no se pudo exportar porque la escalera estaba tan cara que por más que liberaran permisos, no se podía vender.
—Usted que vende carne, ¿es contrario a que se exporte el ganado en pie?
—En la medida en que tengamos volumen no me molesta. Si hay una faena razonable acá y eso potencia la cría, me parece positivo, porque siempre miramos el ganado gordo, pero hay que mirar la escalera. Está el negocio del gordo pero también está el negocio del invernador con el criador.
Precio internacional vs. precio interno
—¿Cómo explica usted que con los precios de exportación que hay hoy, basándonos en el índice de Inac, el precio del novillo esté por debajo del año pasado y que incluso haya dificultad para colocar algunas categorías?
—Una industria puede perder dos años, pero no puede seguir perdiendo toda la vida, me parece.
—¿El negocio de los frigoríficos está en la compra de la materia prima?
—Es una parte importante; tenga en cuenta que el 80% del costo es el valor del ganado. Estamos dolarizados en la compra del ganado y en la venta de la carne y este siempre fue un negocio de altísimo riesgo. Se gana mucho o se pierde mucho, y es así históricamente.
—Con los precios que se están pagando por los ganados, ¿no se está desestimulando la cría, afectando esa escalera a la que hacía referencia antes?
—Esa escalera, por los precios del año pasado, generó un desacople de la realidad; toda la escalera. Se despegó mucho el ganado gordo. Tiene el negocio de la 481, que debe ser uno de los mejores a escala mundial porque no vende 20 kilos, sino 90 o 100 kilos del animal, y cuanto más desparrama sobre los kilos que carga, en más cantidad tiene mayor valor. Porque si dice “vendo un lomo a U$S 50.000”, fenómeno; pero vendo 2 kilos. Cuando empezó la cuota 481 con los precios del gordo a U$S 3,70 y pudiendo pagar U$S 4 y algo más, ¿quién iba a hacer 481? Yo siempre les dije a mis amigos y clientes que el problema no es que la cuota no sirva: el problema es que el pasto está demasiado caro. Si se piensa en que por 40 centavos hay que hacer una inversión para darle velocidad a la recría, después meterlos al feed lot y cargarles 120 kilos más, la cuenta no daba. Pero el problema no era ese, sino que estaba desfasado el gordo. Hoy la 481 se paga más o menos lo mismo y el pasto se paga lo que parece ser un precio bajo para el productor, no lo dudo, pero la irrealidad era la otra.
Uruguay debería plantear ante la UE la inclusión de carne de feed lot en la cuota Hilton
—¿Cómo se ve hoy a Uruguay en el mundo frente a su producción y frente a la calidad de au carne?
—Creo que estamos muy bien posicionados y ha mejorado enormemente la calidad de la carne, sea de pasto o en esta nueva versión de la cuota 481. Los índices de la tasa de extracción de hoy mejoraron notablemente en cuanto a terneza y color de carne y de grasa, lo cual valoriza y defiende el producto en el exterior. Argentina tiene una marca muy potente, pero nosotros somos la segunda mejor opción que el mundo tiene en calidad.
—Aparte de la marca, ¿el Uruguay se encuentra muy lejos de la calidad de la carne argentina?
—Yo creo que no. En calidad real no, pero tiene más marca. Eso es lo que me dicen los exportadores: que la carne uruguaya es tan buena como la argentina.
—¿Cuál fue a su criterio el motor de la mejor inserción del producto uruguayo?
—Las circunstancias nos llevaron a potenciarnos y valorarnos por dos motivos. Una, en marzo de 2006, cuando Argentina con Kirchner perdió la exportación. Yo estaba en una feria en Barcelona y a los argentinos presentes les llegó la noticia de que no podían exportar un kilo más. Ahí nos empezamos a potenciar en cortes finos enfriados en Europa.Varias cadenas vinieron a Uruguay a empezar a trabajar no al spot market sino a generar una continuidad en la corriente comercial. Y la otra fue en enero de 2008, cuando a Brasil lo sacaron de la Comunidad Europea. Allí se hizo un vacío importante y nosotros aprovechamos el lugar. Otro quiebre fuerte fue cuando la liquidación argentina en 2009; los precios bajaron bastante en Europa y después de 2010 vino la reconstitución y nosotros la aprovechamos. Tenemos ahora un espacio que consolidamos, por cumplimiento y por mejora de la calidad de la carne. Nuestro competidor es Argentina y allí las posibilidades de recomponer el stock parecen mínimas, por lo cual nos seguiremos afirmando.
—¿Cuál sería su expectativa para Uruguay de cara al futuro en materia de producción de carne?
—Yo creo que es como dice Il Tramonto: expanda su campo. Y toda esta movida de todo tan natural muy bien, pero vamos a generar más producción. Para la ganadería se han achicado los campos, porque no se comparan los retornos de la agricultura con los de la ganadería. El cielo abierto permanente, bien; pero tenemos que ir para el lado de la suplementación y mejorar los índices.
—Cuando se habla de “Uruguay natural” y libre de hormonas y promotores del crecimiento, ¿es eso realmente un valor para la colocación de carnes en el exterior? ¿Usted considera que debería discutirse esto?
—Creo que la hormona ya está. Uruguay ha tomado un buen rumbo. Miremos a Australia y Estados Unidos, que no pueden embarcar a Rusia porque están hormonizados. Ahí tenemos un pequeño nicho de mercado en cortes finos para restaurantes, que tiene un problema de logística pero que se puede hacer. En esto no me acuerdo quién tomó la decisión, pero fue fantástica; hay que seguir diciéndoles no a las hormonas. Otra cosa es la suplementación, que es el camino que tenemos que recorrer sin dejar de ser natural y hoy el único mercado que lo premia es la cuota 481.
—¿Qué posibilidades existen de abrir nuevos mercados para la carne suplementada o de feed lot?
—Una forma es negociar con la Unión Europea la inclusión en el Hilton de carne de animales de feed lot, pero ni el gobierno ni el Inac están en esa sintonía. De esa forma nosotros mejoraríamos la calidad de la carne sin duda, pero también potenciaríamos la suplementación. El problema que tenemos es el poco espacio para los vacunos y hay que sacarlos más rápido, y esa sería una opción. Hoy tenemos sólo la 481, sobre la cual además tenemos un signo de interrogación tremendo, porque el día que la Unión Europea haga el acuerdo con Estados Unidos, esa cuota se borra. Por ahora tenemos dos años de vida, pero si queremos ir a una ganadería más intensiva, tenemos que incluir el feed lot en el Hilton. Hoy los encierros los hace la industria y los primeros beneficiados serían ellos, pero si todos trabajáramos en la misma línea, ganaríamos espacio de producción y, obviamente, algún día la cuota Hilton se va a tener que ampliar, porque no puede ser que sigamos con 6.300 toneladas.
Más de 40 años en el negocio cárnico
Miguel Ameglio se vinculó a la industria de la carne en el año 1970 a través de los frigoríficos Canelones y Colonia, ambos propiedad de su familia. En 1975, al fallecer su padre, pasó a integrar el Directorio de la empresa y desde 1978 comenzó a ocuparse de los temas comerciales. Desde 1978 hasta 1986 formó parte de la Junta Directiva del Inac junto con Carlos Oyenard.
De estos más de 40 años ligado al negocio de la carne, Ameglio recuerda varios momentos por los que atravesó la industria. Relató que entre 1973 y 1975 la zafra comenzaba prácticamente cuando se le vendía a Brasil , tanto delanteros como compensados, donde se generaban “una peleas bárbaras” para conseguir camiones. Para el año 1978 se retomó la corriente comercial con Israel pero ya de carne deshuesada a través de contactos de Inac. Para 1980 ya se hacían grandes operaciones en los contratos con los países árabes. Hasta 1985 se concretaban colocaciones por parte del Inac, en conjunto con los frigoríficos, de barcos enteros con destino a Egipto. Posteriormente, las ventas a Israel las cerraban directamente las industrias con el Ministerio de Comercio israelí, de delanteros deshuesados a 6 meses de plazo, hasta 1991, en que se privatizó y las operaciones comenzaron a cerrarse entre empresas.
Las colocaciones hacia los países árabes tienen dos etapas. Con Egipto desde los años 1979/1980 hasta 1984/1985 las ventas las concretaba Inac con la industria atrás. Para esa época una figura importante en estos negocios era la de Elías Ibrahim, quien con sus contactos obtenía “fantásticos” fletes, lo cual representaba una ventaja muy importante para competir con Irlanda, Argentina o Brasil. Se lograban exportaciones de 15.000 a 30.000 toneladas.
Ameglio recuerda también el inicio de los negocios con Irán empezada la década de los ‘80, en que se hacían operaciones en intercambio por petróleo. Cuenta que en los primeros viajes participaron en las delegaciones el presidente de ANCAP de la época, Andrés Tierno Abreu, y los empresarios Antonio, Pedro y Juan Otegui, y Ricardo Ferrés, quienes conocían el mercado de Irán por haberse adelantado a concretar ventas de lana y arroz y gozaban de un enorme prestigio en aquel país. Junto con el frigorífico Tacuarembó, en aquel entonces propiedad de la familia Secco, el Canelones, propiedad de la familia Ameglio, se cerraron al menos dos ventas muy importantes.
También se hicieron algunas exportaciones a Irak a través de una trading irlandesa y se vendían en aquella época cortes enfriados y congelados a Europa. Para los años ‘80, había 1.000 toneladas de Hilton (hoy son 6.300 toneladas) y no se podía vender a Europa por fuera de cuota. Como mercado alternativo para cortes enfriados finos estaba puntualmente Suiza, donde se colocaban rump and loin (lomo, bife y cuadril) y sobre todo a Inglaterra se exportaban estos mismos cortes congelados más los cortes de la rueda.
La familia Ameglio mantuvo la propiedad de los frigoríficos Canelones y Colonia hasta 1988, cuando ambas plantas fueron transferidas a la Corporación Nacional para el Desarrollo (CND). Dos años después la familia se desvinculó definitivamente de la actividad industrial.
Miguel Ameglio, ya con 20 años ligado al mundo de la carne y con un conocimiento de los mercados y los clientes, comenzó en 1991 a trabajar en forma independiente como broker a través de la firma Maximeat, vinculándose principalmente con clientes de Europa, actividad que continúa realizando en la actualidad.