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A diferencia de las que le siguen, la primera prueba del concurso de oposición y méritos que organiza el Ministerio de Relaciones Exteriores para seleccionar a nuevos integrantes del Servicio Exterior es “liviana”, consideran las autoridades de ese organismo. Los aspirantes —todos ellos profesionales con estudios terciarios— sacan “una bolilla” con un número que les asigna un “texto periodístico simple” sobre temas diversos y a partir de él deben hacer “un comentario de dos carillas”. El objetivo del tribunal que evalúa no es calificar “ideas fantásticas” de los participantes sino, por el contrario, definir si estos “saben o no escribir en español”.
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Aun así, la mitad de los más de 100 aspirantes que se presentaron en 2013 para iniciar la carrera diplomática como “secretarios de tercera” (el escalafón más bajo para representar al país en el exterior) fueron descalificados en esa prueba. El dato alimenta una tendencia que se ha repetido en los concursos realizados por la Cancillería en los últimos tres años.
Textos “ilegibles”, abundantes faltas ortográficas, así como el uso frecuente de una “simplificación” del lenguaje típica de quien redacta “mails, mensajes de texto (sms) o conversaciones de chat” son los motivos más frecuentes por los que los profesionales —que en su mayoría son licenciados en Relaciones Internacionales y que al menos pasaron por 16 años de educación formal— pierden la “prueba de Idioma Español”, explicó a Búsqueda el presidente del Instituto Artigas del Servicio Exterior (IASE) y embajador, Jorge Meyer.
El jerarca indicó que en su tiempo como director del instituto ha notado “que el uso de Internet, el sms, el chat ha llevado a la gente joven a desarrollar un nuevo vocabulario”. “A veces se hace una simplificación excesiva, sobre todo para escribir oficialmente”, añadió. Para un funcionario diplomático es fundamental poder escribir textos básicos y por eso el IASE intenta “ayudar a que los que ingresan a la Cancillería ya tengan algo tan importante como la propia lengua ya desarrollada”, dijo.
En la misma línea, el integrante académico del panel de profesores que evalúa a los postulantes, Diego Escuder, manifestó en la Comisión de Asuntos Internacionales de la Cámara de Representantes que aunque se suprimió el “requisito eliminatorio” de algunas pruebas (por ejemplo el dominio del inglés) aun así un alto porcentaje pierde por no aprobar la prueba de español.
El profesor acompañó a una delegación de Cancillería, encabezada por el director de Secretaría Gonzalo Koncke, que compareció en el Parlamento a pedido del diputado Juan Manuel Garino (Vamos Uruguay) para explicar las bases del último concurso de oposición y méritos para proveer 14 vacantes. En particular, Garino preguntó por qué el inglés dejó de ser un requisito excluyente.
La mayoría de los participantes que se presentan a los concursos provienen de la Universidad de la República y, más específicamente, de la Licenciatura en Relaciones Internacionales. También se presentan en menor número algunos abogados, economistas y educadores. En promedio tienen unos 25 años de edad.
“En instancias en las que pusimos pruebas eliminatorias en todas las áreas, en las que se necesitaba un puntaje —por ejemplo siete en Derecho, siete en Política, siete en Economía, siete en Inglés y siete en Español para poder ingresar— las vacantes no se llenaban”, informó el profesor, quien hace siete años que forma parte de los tribunales de evaluación de candidatos.
Según dijo, a partir de esos resultados se decidió cambiar el criterio y pasar a “fortalecer la parte de formación que debe tener el ministerio con aquellos que entren”, para evitar que las vacantes nunca se llenaran y, como consecuencia de ello, se produjera un “vaciamiento del Servicio Exterior”. “A la hora de definir cuáles son las prioridades en formación, en esta instancia se determinó que el idioma español fuera un requisito eliminatorio. ¿Y saben cuál fue el resultado? Que más de la mitad de los concursantes no llegaron a esa instancia”, añadió el miércoles 8 durante su exposición en el Parlamento.
Meyer informó a Búsqueda que la prueba de lengua española fue diseñada con el asesoramiento de la organización que representa al “Instituto Cervantes en Uruguay” y que implica un comentario sobre “un texto periodístico simple”.
“Pedimos una redacción simple de dos páginas, tampoco es un disparate. Pero se constató gente que sólo escribía media página, otros que escribían textos ilegibles, que no se dan cuenta que tiene que ser legible. Como que no asumen el momento que están viviendo”, dijo.
El embajador no atribuyó estas falencias exclusivamente a problemas de formación sino al hecho de que muchos llegan sin experiencia laboral previa —más allá de tener un título universitario— y a las nuevas tecnologías que generan “un nuevo vocabulario”.
“Democratizar”.
En la reunión en el Parlamento, el diputado Garino se centró en cuestionar las modificaciones de las exigencias en idiomas y, en particular, el hecho de que la aprobación de las pruebas de inglés dejó de ser imprescindible.
Por parte de la Cancillería, Koncke explicó que se tomó esa decisión luego de analizar que muy pocos ciudadanos en Uruguay tienen conocimientos avanzados de inglés y que en su mayoría tienen alto nivel adquisitivo.
El argumento del gobierno es que el IASE puede formar a esos nuevos funcionarios diplomáticos en idiomas durante los años que pasan en el Palacio Santos —antes de partir a su primer destino— pero en cambio no puede formar a un licenciado en Relaciones Internacionales o a un Economista. Por eso se puso el énfasis en los conocimientos en política exterior, derecho internacional o economía.
Koncke añadió que los idiomas siguen siendo parte de la formación diplomática y que saber inglés es un requisito para luego “ascender” en la carrera funcional. Pero al inicio de la carrera, que deje de ser requisito excluyente es “una medida democratizadora”, aseguró.
“La medida de que el idioma inglés no sea eliminatorio, además de inteligente porque nos permite captar gente con otras capacidades no sólo lingüísticas, nos parece democratizadora porque nos permite acceder a un universo mucho mayor de potenciales candidatos”, consideró.
Tras las explicaciones del jerarca, Garino criticó la decisión de reducir las exigencias en los conocimientos de inglés para los aspirantes a ingresar a la Cancillería. Opinó que no puede basarse en “igualar para abajo”. “Yo creo que la democratización tiene que ir acompañada de la posibilidad de poder estudiar y no con la posibilidad de bajar los requisitos e igualar para abajo”, afirmó durante la sesión.
Para criticar la decisión de quitar el inglés como requisito excluyente para ingresar a Cancillería, el diputado puso como ejemplo la contratación de arquitectos en la Dirección de Arquitectura. Se preguntó: “¿Hay gente que es capaz de construir una casa, por ejemplo un constructor que nunca culminó los estudios de arquitecto?”.
También sugirió —por el absurdo— que si se quiere implementar una medida democratizadora allí, se bajen los requisitos y se contrate personal que no tiene los conocimientos técnicos terminados. “Uno puede implementar medidas más democratizadoras y tratar de contratar gente que ni siquiera complete el requisito de Secundaria”, dijo. Añadió que para estudiar el idioma hay opciones públicas como la Facultad de Humanidades de la Universidad de la República.
A su turno, Koncke consideró que ”si el apego estricto al inglés hubiera sido aplicado de la forma más estricta, durante muchos años distinguidos colegas que hoy están en el Servicio Exterior hubieran quedado afuera, lo cual claramente hubiera sido una pérdida”.