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    La noble misión de enseñar

    ‘“Profesor Lazhar”, candidata al Oscar por Canadá

    ¿Qué puede pasar por la cabeza de una maestra de Primaria para ahorcarse en el mismo salón de clase y dejar a sus alumnos con la horrenda imagen de ese suicidio? Así comienza esta película canadiense de Philippe Falardeau, ubicada en una escuela de Montreal bajo un nevado y gélido invierno, mientras los chicos de entre 10 y 11 años deben sobrellevar ese hecho luctuoso sin entender nada, apenas asistidos por una psicóloga que no ayuda mucho. El más afectado es el pobre Simon (Émilien Néron), que tenía la tarea asignada de llevar la leche a la clase y se encontró con lo inesperado. Y junto a él la rubia y preciosa Alice (Sophie Nélisse), que no pudo evitar echar una mirada antes de que una adscripta evacuara del corredor a toda la clase para evitarles el espectáculo. Esos dos niños, asombrosamente espontáneos y sensibles, serán los principales afectados en este drama colectivo que tiene que ver con la infancia, los métodos de enseñanza y la forma de superar el dolor y la culpa.

    Por suerte para ellos, quien viene a suplantar a aquella desdichada maestra no es un suplente cualquiera enviado al azar por las autoridades del colegio. Quien se presenta voluntariamente es un señor de origen argelino que se llama Bechir Lazhar (Mohamed Fellag) y dice ser un inmigrante legal con 19 años de experiencia en la enseñanza. La forma cómo la directora Mme. Villencourt (Danielle Proulx) acepta la propuesta sin verificar antecedentes se explica en parte por el apuro de encontrar un sustituto que no sea mujer pero también por el encanto que despliega Mr. Lazhar, capaz de convencer a cualquiera. Lo cierto es que el argelino, amante de los textos de Balzac y dueño de una cultura francesa muy destacable, no tarda en conquistar a sus nuevos alumnos, aunque tenga que limar algunas aristas en la conducta problemática de Simon y procurar que los chicos olviden a aquella maestra, no tanto por lo que hizo sino por lo que era, pues parte del trauma es descifrar los motivos de su final y cruel actitud cuando en vida era una persona encantadora.

    La película muestra entonces un microcosmos social desde un doble aspecto. Uno es el de los chicos, con un grupo de niños como cualquier otro, donde hay inmigrantes africanos, europeos y hasta latinoamericanos, cada uno de ellos con su mundo propio y cada personaje admirablemente actuado. Exteriormente, y en forma muy marginal, se ve la presencia paterna que no incide demasiado en la trama. Porque allí quien domina el tema es Lazhar, un hombre cincuentón que guarda sus secretos (su verdadero origen, su familia, su tragedia) mientras lleva una vida austera y solitaria, como si su único afán fuera la enseñanza y la dedicación total a esa tarea que le llena la vida. Es tan natural su forma de tratar a los niños, tan consustanciado está con su labor de maestro, que olvida (o ignora) algunas cosas que los reglamentos prohíben expresamente, como darle una leve palmada a un alumno para castigar su mal comportamiento o excederse en gestos afectuosos con una niña que necesita una demostración de cariño. Eso puede traerle serios problemas.

    Como esta no es una historia que proponga un argumento tradicional (planteo, desarrollo y final) sino que lo que le importa es describir un ambiente y a sus personajes dentro de una situación básica (un semestre de clases; la readaptación de los chicos a los métodos más humanos, cálidos y entretenidos del nuevo maestro; la lenta pero segura superación del trauma colectivo luego del suicidio de la maestra), quedará entonces librado al talento del director que Profesor Lazhar cumpla su cometido de interesar al público sin que todo parezca algo que ocurre en un extremo del mundo muy alejado de sus realidades cotidianas, con personajes ajenos a su comprensión o incluso a su sensibilidad. Nada de eso ocurre, y no es casualidad que el filme haya estado nominado al Oscar en 2012 representando a Canadá, además de haber obtenido varios premios en festivales internacionales (Toronto, Valladolid, Sydney, Locarno, Hong Kong, etc.).

    Gran parte del éxito se debe a la presencia de Mohamed Fellag, actor y humorista argelino que tuvo que exiliarse en Túnez y luego en Francia cuando una bomba explotó en el teatro donde actuaba. Compone a su profesor Lazhar con absoluta comprensión del personaje, siempre ubicándose desde la humildad (como todo inmigrante que debe ganarse su lugar) pero dejando entrever un universo personal donde tiene lugar una profunda tristeza (o tal vez melancolía) a la vez que un raro encanto personal para conquistar a niños y adultos. En todo momento hace pensar que con un maestro así la enseñanza sería otra cosa (y a quien le sirva el sayo que se lo ponga). Asimismo, para el director y libretista Falardeau (de Quebec, 1968), queda el auspicioso resultado de un planteo inteligente y una resolución muy satisfactoria.

    “Profesor Lazhar” (“Monsieur Lazhar”). Canadá, 2011. Dirigida y escrita por Philippe Falardeau. Duración: 94 minutos.