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    miércoles 05 de junio de 2024

    La obra en contenedores destinada a las radios públicas tendrá un costo total de US$ 600.000

    La inauguración está prevista para marzo de 2024

    Son dos bloques de contenedores, en uno irán los estudios de las radios públicas; en el otro, las oficinas para sus empleados. Estarán conectados por una escalera y un ascensor. Toda la obra, a cargo del arquitecto Martín Morales, construida encima del edificio de Canal 5, costará US$ 600.000, según contó a Búsqueda Gerardo Sotelo, director del Servicio de Comunicación Audiovisual Nacional (Secan). Después de varios meses de estancamiento, las obras continuaron y Sotelo pronostica la inauguración para marzo o abril de 2024.

    En julio de 2022, cuando comenzó a hablarse del traslado a contenedores de las cuatro radios (Clásica, Radio Cultura, Radio Uruguay y Babel FM) que integran el servicio de Radiodifusión Nacional del Uruguay (RNU), los trabajadores expresaron su malestar por considerar que el edificio en el que se encuentran, en la Peatonal Sarandí y Misiones, con cuatro estudios de transmisión y dos de grabación, están perfectamente equipados, con buen mantenimiento y comodidad. En el mismo edificio están las oficinas administrativas y el enorme archivo sonoro de las radios (ver recuadro).

    En aquella oportunidad (ver Búsqueda Nº 2.182) Sotelo defendió el traslado, habló de experiencias internacionales de transmisiones radiales en contenedores y planteó la necesidad de formar un equipo unificado en un solo edificio. Manifestó, además, que a fines de ese año se daría el traslado. Pero los planes no resultaron. Pasó un año y medio, las obras estuvieron paralizadas y algunas versiones lo atribuyen a demoras en el pago, pero Sotelo da otra explicación: “Es atribuible a varias razones, principalmente administrativas, no financieras. No es una organización a la que le resulte fácil hacer obras. Lo significativo es que apostamos a hacer una obra con los recursos que teníamos. Es muy moderna y en algún sentido audaz. Es la expresión material de una concepción: trabajar todos juntos en un mismo edificio porque los contenidos audiovisuales tienden a ser cada vez más transmediáticos”.

    Para el director, no se logra este fin en edificios separados porque impide formar los equipos de trabajo para que se conozcan e intercambien ideas. “Hay que superar la barrera radio-televisión. Tener un edificio para televisión y otro para radios significa mantener una dicotomía que tiene 60 años. Sería un desperdicio de potencialidad y un acto de irresponsabilidad”.

    En el edificio donde aún permanecen las radios, una gran foto de Adela Reta y otra de Sergio Sacomani encabezan el largo pasillo que lleva a los estudios. Son fotos significativas porque bajo la gestión de Reta se le volvió a dar impulso a las radios, y con Sacomani, en 2006, se refundaron, se profesionalizaron y se renovó su equipamiento. Sotelo, que trabajó brevemente en CX 26, reconoce el legado de ambas figuras. “Los medios públicos navegaron entre la fantasía de su cierre, que la deben de haber tenido varias direcciones, y los momentos de impulso. Recuerdo dos: uno fue en el primer gobierno de Sanguinetti cuando, aún en el Sodre, hubo una determinación de darle algún sentido, pero sin la inversión suficiente. En 2005, con el primer gobierno del Frente Amplio, hubo una apuesta al modelo de gestión de radios y asignación de recursos que permitió contratar a la gente y se construyeron estudios nuevos. Pero ese proyecto, entre otras cosas por la muerte de Sacomani, se fue desflecando. Creo que tenía un pecado original: no era plural, algo que se agudizó con los años”.

    El director afirma que cuando él asumió, Canal 5 estaba muy bien tecnológicamente, pero con una mala programación. Bajo su gestión, apostó a la creación de contenidos. “Nuestro gran crecimiento fue en medios digitales. YouTube nos dio una plaqueta cuando superamos los 100.000 suscriptores”. Uno de esos contenidos que realizaron fue la serie documental Antártida: el continente de todos, producida por el realizador David Puig y técnicos del área digital y no participaron técnicos ni camarógrafos del canal. Esto produjo resistencia de los trabajadores, que se negaron a proyectarla por la televisión por ir en contra de los requisitos gremiales. El producto se puede ver solo en forma online.

    “El documental de la Antártida se hizo con gente contratada que naturalmente trabajaron en equipo, en un clima colaborativo”, explicó Sotelo. “Cada vez más se va a incorporar más gente con esta lógica que es difícil de entender para quienes tienen cabeza de radio o televisión tradicional. A la BBC le llevó seis años que los equipos la comprendieran”.

    En su oficina, el director señala un gran cartel con la reestructura que se aprobó recientemente. “Aquí faltaba un elenco gerencial, tal vez porque esto nunca se había gestionado como una corporación de medios. Ahora está funcionando el Comité Ejecutivo de la nueva estructura que tiene cuatro gerentes de área. Estamos armando el escalón siguiente con los directores. Pero sobre todo hay un equipo gerencial para tomar decisiones”.

    Para Sotelo, la ley de medios de 2014, que nunca se implementó, reproducía la vieja concepción de radio-televisión, pero establecía algo importante: que los medios públicos no pueden depender del poder político. “La nueva ley de medios, que se votó en Diputados, replica la concepción de la ley de 2014, sobre todo la gobernanza e institucionalidad de los medios públicos. Por otro lado, logramos que se nos aprobara la nueva reestructura, que está inspirada en la organización de la BBC y va en línea con el servicio descentralizado. Para eso se necesita una estructura empresarial que no había y la hicimos con los dos sindicatos de funcionarios públicos en tiempo récord”.

    Olvidados

    Los trabajadores de las radios se sienten olvidados, como en un segundo plano. Sobre todo sienten un gran vacío de conducción de la directora, Fabiana Conti. Si bien todos dicen que tiene un buen trato con administrativos, periodistas y comunicadores, denuncian la falta de directivas claras, de propuestas, en definitiva, de conducción. Dicen que las radios funcionan porque los profesionales que trabajan en ellas las sacan adelante. Que Radio Uruguay y Radio Cultura, las dos con programas en vivo, no tienen coordinación. Que se ha dado el caso de que un invitado sale de una radio y al rato está en otra. Que nadie cuida la calidad, ni los contenidos.

    Búsqueda intentó comunicarse con Conti para conversar sobre estos temas, pero la directora solo respondió que lo consultaran a Sotelo. “Como comprenderás, no quisiera hablar sobre una colega. En las radios trabajan muy buenos profesionales, y estoy al tanto de todo lo que han puesto y ponen para que la programación continúe. Además entiendo que se sientan en segundo plano. Yo he estado más lejos de las radios, pero en la organización que armamos estaremos todos juntos y no existe en la dirección ejecutiva la radio y la televisión, existen contenidos, operaciones y luego demandas de la sociedad que se vehiculizarán por los medios que se considere: radios, podcast, televisión o contenidos digitales”.

    Otro problema que señalan los trabajadores tiene que ver con Radio Cultura, que fue creada en esta administración y para la que se realizó una convocatoria de propuestas. Pero la radio está en una AM de muy poco alcance, por el lugar del dial en el que se encuentra y que no se escucha en el interior. “No hay manera de resolverlo como frecuencia radial, pero sí darle otras vías de salida en plataformas digitales. Quien venga después tendrá que ir hacia un modelo de aplicación mejor. No tendría sentido tener un desarrollo en AM en los tiempos que corren. La radio ya no es un medio que esté haciendo punta, aunque sigue siendo muy relevante. Y si lo es para la gente, lo es para nosotros por historia, vocación y mandato”, explicó Sotelo. Radio Uruguay, más generalista y periodística, tiene alcance nacional y es la que más ha mejorado en audiencia.

    Los trabajadores de las radios no se oponen a formar equipos, pero consideran que los estudios en los que trabajan son los más adecuados, pensados por un arquitecto especialista en acústica y totalmente aislados. Por otro lado, sienten desconcierto porque nadie les ha dicho cuándo se mudarán ni en qué condiciones trabajarán.

    Los contenedores tienen pasillos estrechos y baños pequeños, pero los estudios de radio tienen un espacio adecuado. Aún la obra no ha finalizado y hubo algunas filtraciones de agua, pero Sotelo afirma que se harán los refuerzos edilicios y acústicos necesarios. “Se van a encontrar con estudios de radio, con espacio para controles y oficinas. Estamos viendo de instalar Radio Uruguay en lo que es el estudio que está adelante en el canal, donde hoy se hace La hora de los deportes. De manera que cuando se entre al edificio se encontrarán con un gran estudio de radio con vista a la calle con oficinas de la radio Uruguay. Estudios no van a faltar. Los trabajadores saldrán de un subsuelo, tendrán luz natural y vista a una de las mejores avenidas de la ciudad”.

    Un gran acervo sonoro

    En el sótano del edificio de las radios públicas está instalado el archivo sonoro, un inmenso tesoro patrimonial e histórico. A su frente está la musicóloga e investigadora Fabricia Malán, que allí trabaja desde 2008. Ahora, con el mismo desconcierto que sus compañeros de la radio, no sabe cuál será el destino del archivo. “En un comienzo fue una discoteca con el Sodre. En la década del 50 se agregó la sección rolloteca, pero aún no se llamaba archivo. En los años 2000 se comenzó a dividir en fonoteca histórica, que tenía que ver con la historia de la radio y los soportes que no se usaban más (casetes, discos de pasta, vinilos y cintas), y por otro lado, la fonoteca con los soportes digitales para las programaciones de las radios, sobre todo para Babel y Clásica, pero también los programas que los necesitaban”, comentó la especialista a Búsqueda.

    De esta forma, el acervo sonoro se convirtió en un gran patrimonio, con los documentos que pertenecieron al Sodre más los de las radios. Las grabaciones más antiguas que tiene el archivo son de 1936 (digitalizadas de discos de aluminio), por ejemplo: la visita de Franklin Delano Roosevelt (voz), el concierto de la Ossodre en el que Igor Stravinsky dirigió Capricho para piano y orquesta, y su hijo Sviatoslav Soulima Stravinsky interpretaba al piano. También tienen las voces de Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral, en un encuentro en la Universidad de la República en 1938.

    “Cuando se separaron las radios del Sodre, nadie se hizo responsable de lo que se tenía en conjunto. Después me enteré de que otra persona en el Sodre estaba escaneando todos los programas de los conciertos y estábamos haciendo doble trabajo porque nunca se pudo coordinar”.

    El conteo que se hizo hace un tiempo fue de unos 65.000 discos de todos los materiales, chicos, medianos, grandes, de acetato, de pasta o vinilo. 12.000 o 14.000 cintas de carrete abierto, unos 4.000 casetes. Está también la colección de Rafael Grezzi, crítico musical y coleccionista de jazz, que compró el Sodre.

    El archivo se mantiene en las condiciones de climatización mínimas. Recién este año se consiguieron deshumificadores y se mantiene la temperatura adecuada. “Es tan grande que se hace difícil que las instituciones quieran hacerse cargo. No importa físicamente dónde esté, sino que haya voluntad para trabajar en él. Vayamos donde vayamos no hay que desmembrar este archivo, porque cada vez que nos mudamos algo se pierde. Desde 2006 está todo digitalizado. Esa parte, podría ser solo archivo de radio y lo anterior puede ser archivo histórico del Sodre”, explicó Malán.

    Donde hoy están los estudios de radio, se instalará el Archivo Nacional de la Imagen y la Palabra (ANIP) del Sodre. Es de esperar que ambos archivos se mantengan allí y convivan abiertos a la investigación y el conocimiento.

    Vida Cultural
    2023-12-21T00:54:00