Daniel de Mattos, ingeniero agrónomo, con una maestría en Ciencias Animales y doctorado en Mejoramiento Genético Animal en la Universidad de Georgia, Estados Unidos, dijo a Campo que esta nueva etapa en la evolución genética comenzará a dar resultados concretos en un plazo aproximado de dos años en aspectos vinculados con mejoras en la eficiencia de producción, tres a cuatro años para cantidad y calidad de carne, mientras que otros avances como la resistencia a enfermedades y otros atributos dependerán en parte de los recursos que el país invierta. Sin embargo, señaló que no estamos lejos, ya que la tecnología es cada vez más accesible desde el punto de vista de su costo.
De Mattos, quien actualmente se desempeña como gerente general del frigorífico Breeders & Packers, afirmó que “vamos a tener, en la próxima década, muchas cosas a partir del mejoramiento genético animal”.
Pero además, sostuvo que en esta nueva etapa comienza a jugar fuerte la incorporación de la genómica, el conocimiento del genoma vacuno en nuestra población de animales, que no se expresa igual en todos lados.
A partir de esto, Uruguay, además de mejorar la eficiencia y bajar la velocidad, también va a incorporar nuevos atributos que hasta ahora no son tenidos en cuenta para mejorar el retorno económico.
Esos nuevos atributos —explicó— tienen que ver con la eficiencia de conversión del alimento en carne. Puso como ejemplo que hoy se sabe que existe un 15 % por lo menos de diferencia por animales con buena genética en la eficiencia de aprovechamiento del alimento, lo cual significa que si antes se necesitaba una tonelada de alimento para producir determinada cantidad de carne, ese volumen hoy se reduce a 850 kg. Esto convierte la ganadería en más eficiente, debido a que gasta menos dinero, menos agua y emite menos gases de efecto invernadero. Además de esto, incorpora otro tipo de atributos que eran de muy difícil medición, como es la calidad y la cantidad de producto que se está elaborando.
Sostuvo además que se podrán introducir otros beneficios como la resistencia a enfermedades, o poder encontrar para nuestras carnes atributos diferenciales que tengan que ver con la salud humana. Sobre esto último, por ejemplo, dijo que existen posibilidades de aplicar mayor concentración de hierro en el músculo de los animales, elemento de importancia sobre todo en la salud de niños y mujeres, y que no se encuentran en forma eficiente en los vegetales. Señaló además que se podrían hacer variar genéticamente los ácidos grasos, tratando de que los animales tengan grasas buenas para la salud humana.
Estos aspectos, para De Mattos, “convierten nuevamente al producto carne uruguayo en un bien mucho más deseable”.
Antecedentes del mejoramiento genético
El técnico señaló que para analizar el mejoramiento genético en el país, es necesario hablar de lo que son los sistemas de producción, ya que —dijo— todos los programas de mejoramiento genético tienen que estar en función del contexto o los sistemas de producción en los cuales se desarrollan. La historia productiva de Uruguay, desde sus inicios, tiene una base de producción pastoril, que determina la necesidad de tener una vaca que no sea muy grande y que tenga capacidad de acumular grasa como forma de reservar energía barata para pasar los períodos de penuria. Esto explica, según el técnico, el porqué de que en estas regiones del mundo la producción se organiza básicamente con razas británicas, ya que son las que mejor se adaptan.
Una vez elegidas y adaptadas las razas, mayoritariamente Hereford y con un desarrollo muy importante del Aberdeen Angus en los últimos años, la selección fue evolucionando desde una primera etapa exclusivamente por las características fenotípicas. Para De Mattos esa selección “ha sido muy eficiente y hay que remarcarlo, en aquellas características que son de importancia económica y que tienen que ver con la calidad y la cantidad de carne que se produce en determinado sistema”.
Explicó que el ganadero en el pasado evaluó tamaño (cantidad de carne) y conformación (cantidad de cortes y su distribución en el animal).
A fines de la década de 1960 se incorporó la medición objetiva de los animales y en aquel momento la tecnología que se utilizó fue la balanza, en donde el CIABB, Centro de Investigaciones Agrícolas Alberto Boerger (previo a INIA) sale a las estancias a pesar animales y a hacerlo de una manera sistemática que permitió tener una sola vara de medición que se iba aplicando en todas las estancias y todas las cabañas.
Eso permitió un salto importante que determinó que a fines del año 1970 e inicios de los años 80 se diera “un salto brutal” con la incorporación de la inseminación artificial, que permitió dar velocidad a la diseminación de la nueva genética dentro de los sistemas de producción.
De Mattos dijo que “la inseminación artificial fue un salto cuantitativo y cualitativo en nuestra ganadería” y que cuando se observan las tendencias genéticas de las razas que hoy están en evaluación, se puede ver que en la década de los 80 “pegan un salto importantísimo”.
Explicó que con la medición que se inició en el 60, se generó la base para que la población se empezara a medir en forma objetiva, conjuntamente con la genealogía, que por ley le fue delegada a la Asociación Rural del Uruguay (ARU)
Surgió también en esa época la necesidad de comparar las cabañas entre sí y se conformaron las centrales de pruebas de toros, como la Kiyú, o como las de Facultad de Agronomía o la de la raza Aberdeen Angus en Paysandú, entre otras, que permitían comprar líneas genéticas en un mismo ambiente y por tanto tomar “decisiones gruesas” sobre cuáles eran las mejores en cada caso desde el punto de vista del comportamiento. Después de eso hubo necesidad de comparar todos los animales y de poder seleccionar más fino, no ya seleccionando solamente los toros, sino todos los animales, hembras y machos y lo más temprano posible en la vida del animal.
La llegada de los EPD
En 1992 ya estaban las primeras bases de datos con toda la información que se venía recabando desde 1960 y se hicieron los EPD (diferencia esperada de progenie) con lo que se llama el modelo animal, donde este es la base de comparación, y se podían comparar animales, no ya solo los contemporáneos, sino cualquiera en cualquier parte del Uruguay. De Mattos afirmó que este fue “un nuevo salto importantísimo” y que el mismo se puede apreciar también en las tendencias genéticas a partir del comienzo de su conocimiento y utilización. Dijo que la velocidad con que se mejoraba la población de la mano de la inseminación artificial y luego con el trasplante embrionario, fue “cada vez más rápida y más precisa”, lo cual dio una velocidad que la ganadería no tenía en esta materia.
Luego llegó la necesidad de comparar esos reproductores no solo localmente sino a escala internacional por la importación y exportación de animales. Se fueron incorporando no ya las diferentes cabañas a Uruguay, sino que se hizo una evaluación internacional, con esa misma tecnología, que incorporaba todo el hemisferio desde Canadá hasta Argentina.
Según señaló De Mattos, esto permitió que Uruguay se reposicionara en el contexto internacional, comprando mejor aquella genética que consideraba mejoradora en nuestros modelos y teniendo la posibilidad de poder seguir exportando. Para este especialista, “mejoraba nuevamente la precisión con la cual se estaba seleccionando a los animales y la velocidad con la cual la población avanzaba en su conjunto”.
Pero hacía falta algo más para certificar si las decisiones que se estaban tomando eran las adecuadas siempre teniendo en cuenta el sistema de producción y el contexto de mercado, y para eso, luego de los EPD se fue a los denominados “índices económicos”. Para De Mattos ese fue un paso más hacia la profesionalización en mejoramiento genético.
“Ahí se vio que la genética era una tecnología que estaba incorporando mucha innovación, que era de relativo bajo costo, y de alto impacto en los sistemas de producción”.
Relacionó este impacto con el que tuvo la agricultura a partir de la aplicación de la siembra directa.
Señaló que estos aspectos no se veían cuando los sistemas de producción eran de “largo aliento” y se mandaban a frigorífico novillos de 6 u 8 dientes que escondían todas las ineficiencias de la calidad de material genético que se utilizaba. Pero dijo que “Uruguay ha ido cambiando, el contexto ha ido cambiando. Estamos incorporando más energía a los sistemas y los estamos haciendo más intensivos, tanto a nivel de cría como de recría y de terminación”.
De hecho, pasamos de una tasa de extracción del 13 % a estar por arriba del 20 % y para De Mattos “nos vamos a ir acercando a tasas del Primer Mundo, que se ubican por encima del 25 %”.
Este especialista concluyó afirmando que “Uruguay se ha dado cuenta de que tiene muy buen material genético para seguir intensificando su producción y teniendo una calidad de producto que hoy nos diferencia en el mercado” .