—¿Qué balance hace Argentina de la reunión del lunes?
—Ha sido una reunión más que positiva, porque ha puesto de manifiesto una discusión seria, clara, con conceptos de los cuatro países, que han volcado sus puntos de vista y le han brindado al consejo transparencia desde el punto de vista de las posiciones que cada uno tiene. Es una discusión que ha quedado abierta en los dos puntos fundamentales: el Arancel Externo Común y en la agenda de relacionamiento externo.
—Como usted decía, cada uno mostró las cartas. ¿Qué margen hay de llegar a una salida consensuada?
—Como dijo nuestro canciller, Felipe Solá, vamos a ir en la búsqueda del consenso. El Mercosur es un ámbito de negociación permanente entre posiciones diferentes en este momento, en algunos casos muy diferentes, y vamos a buscar algunos puntos de contacto, con flexibilidad, por supuesto, para alcanzar el consenso. No vemos fácil eso, para nada. Vemos que hay posiciones encontradas, con puntos de vista muy diferentes de cómo encarar las negociaciones. Tenemos la expectativa de que conversando, negociando, discutiendo podamos llegar a fórmulas que no afecten la unidad del bloque.
—¿Argentina está de acuerdo con discutir la agenda de negociaciones y la rebaja del AEC en conjunto, como quedó redactado en el proyecto de decisión que presentó Uruguay?
—Nosotros consideramos que son dos puntos separados, porque son dos temas separados. Previo a la reunión del lunes, representando a la Presidencia pro Témpore del Mercosur en el Grupo de Mercado Común, pregunté a los socios cómo nosotros discutiríamos en esa reunión del Consejo del Mercado Común los dos temas, si juntos o separados, y por unanimidad se decidió que los puntos se resolvían por separado. Y creo que era la lógica. Son dos temas distintos, porque podemos estar de acuerdo en bajar o mantener el arancel y podemos estar de acuerdo en relacionarnos con el mundo de una u otra manera, no hay una conexión directa entre ambos.
Lo que me parece importante es que para negociar ambos temas sí hay que tener flexibilidad y Argentina lo ha demostrado incluso en la reunión. En el transcurso de la reunión nosotros hicimos una propuesta alternativa a la de Brasil, porque nosotros no estamos de acuerdo en bajar el arancel de modo transversal (10% más 10%). Nosotros hicimos un trabajo donde disminuimos el nivel de arancel sector por sector, exploramos cada uno de los impactos que tiene el arancel en los distintos sectores productivos de nuestro país y, desde ese punto de vista, alcanzamos una rebaja a cero, en la que coincidimos todos los países, de todos aquellos sectores que hoy tienen 2 puntos de arancel. Por otro lado, en el orden de 5.000 productos estamos a una muy escasa diferencia de Brasil, del orden del 2%. Con lo cual, propusimos finalmente en la reunión, por escrito, que, conservando nuestra metodología, buscamos la convergencia del 75% del arancel en los términos de la reducción del 10% que plantea Brasil. Y quedaba el 25% para seguir discutiendo. Eso es un esfuerzo y muestra la clara flexibilidad de Argentina en ese tema.
En el caso de la agenda de relacionamiento externo, las cosas son diferentes. Nosotros seguimos sosteniendo que la agenda se construye y las conversaciones se inician como bloque. Y si en el curso de las conversaciones hay puntos y cuestiones que impidan avanzar, establezcamos caso por caso la forma y la modalidad en la que la negociación podría seguir adelante, con excepciones para cada país según sean sus limitaciones. Es una práctica que la Argentina propuso ya y puso en práctica con Corea. Sin embargo, creo que Uruguay tiene una propuesta que va mucho más allá y que está claramente expresada en el artículo 8. Ese artículo dice: “Si la prioridad asignada o la no inclusión en el Plan de Negociaciones Externas de un tercer país o grupo de países no resultara satisfactoria para uno, dos o tres estados parte, dichos estados parte podrán iniciar las negociaciones de preferencias arancelarias con esas contrapartes, ya sea en forma grupal o individualmente”. Es decir, este punto 8 destruye el Tratado de Asunción, el punto uno del tratado. Y en eso no estamos de acuerdo. Esto permite el libre albedrío, ese es el tema. Nosotros creemos que el Mercosur, como proyecto de integración, es un capital construido por la región a lo largo de 30 años que todavía ofrece múltiples posibilidades para continuar creciendo, para construir competitividad, para proyectarse al mundo desde el bloque y para ocupar un lugar de relevancia en el mercado internacional y en la política internacional también.
—Usted dijo al comienzo de su respuesta que habían acordado discutir los dos temas por separado. ¿Le sorprendió que la propuesta uruguaya incluyera ambos temas en el mismo proyecto de decisión?
—Mirá, la verdad, a nosotros no nos sorprende nada. Francamente. Nosotros tenemos una misión, encomendada por el presidente de la Nación y el canciller Felipe Solá, de sostener el proyecto de integración regional. Frente a ello hemos escuchado todo tipo de argumentos en contra de la posición argentina. Primero, que siempre estamos demorando, pero nunca hemos demorado nada. También quiero decir una cosa: nosotros marcamos de entrada que el escenario internacional, en el marco de la pandemia, iba a sufrir un conjunto de cambios en su modalidad de operación. Y parece que nadie lo tiene en cuenta salvo Argentina. Pero lo cierto es que todos los países han cambiado su ritmo, han cambiado su modalidad; han puesto, yo diría, en un cajón, por un tiempo, el proceso negociador. Y me voy a referir a la Unión Europea, que quería firmar antes del 30 de junio del año pasado el acuerdo que se había cerrado un año antes y que corría con el tema de la traducción. Y resulta que pasó un año y estamos como era entonces: todavía sin definir lo de identificaciones geográficas y sin escribir siquiera el famoso planteo de ampliación de los temas ambientales que los europeos quieren que se incorpore al acuerdo ya cerrado. ¿Por qué pasa esto? Porque la pandemia ha cambiado las prioridades de los gobiernos. Además, también muchos gobiernos están pensando cómo se sale de la pandemia. ¿Se sale con mayor apertura? ¿O se sale, de pronto, con algún nivel de protección? ¿Se sale con mayor libre mercado? ¿O se sale con regulaciones de nueva generación? Nadie tiene, me parece, absoluta seguridad sobre cómo se va a desenvolver el mundo de la pospandemia.
—Ahora tienen la propuesta de flexibilización uruguaya. ¿Cómo van a proceder?
—Vamos a ser muy precisos en las observaciones desde el punto de vista político y desde el punto de vista jurídico, desde la forma y desde el fondo, que afectan al Tratado de Asunción. Nosotros queremos defender el Tratado de Asunción porque es un tratado constituyente. Y no es que no pueda ser modificado, creo que podemos modificarlo, podemos discutir su modificación, pero eso tiene que ser motivo de una decisión política. Una actualización del Tratado de Asunción seguramente puede tener como resultado algo mejor. Pero todo se hace sin poner en cuestión, hasta ahora, el tratado original. Cuando uno lee el artículo 8 de la propuesta, es incomprensible si uno no tiene en cuenta que modifica sustancialmente lo que está aprobado en el punto uno del Tratado de Asunción, que es un tratado para la integración. Y nosotros creemos en la integración regional, creemos que el Mercosur y el sur de América tienen un futuro de integración, y eso es lo que nos va a dar relevancia en el futuro.
—En la conferencia de prensa que brindaron el lunes, los ministros Francisco Bustillo (Relaciones Exteriores) y Azucena Arbeleche (Economía) dijeron que su planteo de flexibilización atiende las “sensibilidades” de los socios; en el caso de Argentina, porque incorpora el concepto Plan de Negociaciones. ¿Está de acuerdo con que contempla sus sensibilidades?
—El artículo 8 destruye el Mercosur. Eso no contempla la sensibilidad de Argentina. La Argentina tiene una profunda convicción para sostener el mercado común y la unión aduanera, esa es la posición argentina. Y todo lo que debilite esa posición es en lo que no estamos de acuerdo. Nuestra posición sigue siendo la defensa de la unión aduanera, y eso significa iniciar todo proceso de negociación con un país o una región en el extranjero como bloque. No aceptamos que se inicien negociaciones individuales por parte de cada uno de los estados parte, eso es una posición de principio que tenemos. Vamos a discutir y a negociar con cualquiera, construyamos la agenda. Hemos aceptado negociar con Indonesia y con India. En el proceso de negociación con Corea hemos aceptado ser flexibles para permitirles a los estados parte continuar ese proceso negociador. Hemos propuesto negociar con los países de Centroamérica. Estamos atentos y listos para negociar con cualquier país del mundo, nos ponemos de acuerdo en una lista y abordamos una negociación. Nuestros equipos, por supuesto, son limitados, no se puede negociar con todo el mundo. No se puede negociar con China y Estados Unidos al mismo tiempo. No se puede hacer una agenda de relacionamiento externo con 50, 60 o 70 países, no tenemos los equipos. Salvo que estemos dispuestos a firmar a ciegas, a abrir sin condiciones. Nosotros tenemos un sistema productivo, que va desde la construcción de satélites, de radares, de reactores atómicos para uso medicinal hasta soja, poroto, tomate o durazno, que queremos proteger, que queremos promover, queremos darle un espacio para que se proyecte al mundo. Ese es nuestro programa de gobierno y eso es lo que estamos haciendo. Por eso tenemos limitaciones en una apertura indiscriminada al mundo. Sí queremos estar conectados, que es ida y vuelta, reciprocidad ante todo. Abrimos una cosa, nos abren otra cosa, damos un certificado fitosanitario y nos dan otro. Esa es la forma de trabajar y de operar de la Argentina.
—Usted hablaba de una mirada más proteccionista a futuro en comparación con una más abierta, algo que se discutió el lunes. ¿Uruguay y Brasil tienen una mirada mucho más aperturista que Argentina?
—Lo dije el otro día en un reportaje: el mundo es demasiado hostil para estar abiertos indiscriminadamente. No paga estar abiertos, lo que paga es estar conectados, estar negociando permanentemente. Somos una región débil. Tenemos que partir de la realidad de las relaciones de fuerza que dominan el mundo de hoy. Tenemos una agenda superactiva. ¿Cómo vamos a estar abiertos indiscriminadamente? ¿Qué vamos a negociar si ya estamos abiertos? Si yo estoy abierto y voy a negociar con Corea y no me abre ni la carne, ni la soja, ni el maíz, ni las flores, ni el tomate, ni los duraznos, ni las manzanas, ni los limones, ¿por qué me los va a abrir si ya estoy abierto? Fíjese que cuando dijimos que no negociábamos bienes con Corea a los dos días vino el embajador a decirnos que iba a facilitar el certificado fitosanitario de la carne. ¡Así hablan los países! Certificado fitosanitario que está en trámite hace 14 años. Entonces, ¿para qué voy a estar abierto? Estar abierto es un anacronismo, tanto como estar completamente cerrados. La mano invisible es un anacronismo en la economía de hoy, como es la economía planificada de la ex Unión Soviética. Los procesos de construcción de una economía capitalista, que acumule, que crea empleo, que incorpora tecnología, que genera valor agregado, que construye competitividad y que se proyecta al mercado mundial no tiene que ver ni con una cosa ni con otra.
—En declaraciones a Estadão, el secretario de Comercio Exterior de Brasil, Roberto Fendt, dijo que su país se mantiene firme con la propuesta de rebaja del arancel y de flexibilización. “El Mercosur se está hundiendo, no nos queremos hundir con él”, dijo, aunque aclaró que no va a haber un Brexit brasileño del Mercosur.
—Y bueno, vamos a ver. Todo eso forma parte de los aprestos de un proceso de negociación que está abierto. Nosotros no nos negamos a considerar estos puntos de vista, pero vamos a insistir en los nuestros. Veremos si llegamos a un acuerdo. Es muy importante que haya dicho que no está en una actitud de Brexit. Es muy importante que Brasil considere que el Mercosur, más allá de que lo considere parado, conviene mantenerse en él. Y como buen político, ese funcionario, a quien no conozco, imagino que lo que está expresando es un punto de vista de una buena parte de la sociedad brasileña, que no quiere abandonar el Mercosur. Intuitivamente, sobre todo Brasil sabe que el Mercosur le ha dado enormes satisfacciones a su economía.
—¿Sin el artículo 8 es más digerible para Argentina la propuesta de Uruguay?
—El problema es que todo el documento, en realidad, transmite una misma sensación, aunque el artículo 8 es la síntesis perfecta de todo el documento.