Para la Universidad de la República (Udelar), el 2022 es considerado un “año bisagra” desde la pandemia hacia la normalización de la vida institucional. Cerrado el primer semestre del año, la universidad registró 19.500 ingresos nuevos de estudiantes. Esta cifra ubica a la mayor institución educativa en una “meseta alta” de inscripciones consolidada en los últimos años, según el análisis del rector Rodrigo Arim a partir de los datos de la Dirección General de Planeamiento de la Udelar, a los que accedió Búsqueda.
Si bien la tendencia histórica muestra un aumento sostenido de la matrícula desde hace varios años –entre 3% y 5%–, la pandemia de Covid-19, que facilitó la posibilidad de estudiar a distancia, entre otros factores, dispararon el número de inscriptos en las tres últimas generaciones universitarias.
Pero no todo el crecimiento de la matrícula universitaria lo explica la expansión de la virtualidad a la que llevó la emergencia sanitaria, dijo el rector a Búsqueda. Argumentó que, por un lado, en 2022 aumentaron las inscripciones en el interior, especialmente en carreras a cursar en las sedes universitarias del este, noreste y litoral del país. Y, por otra parte, también creció el número de ingresos a carreras más cortas como Tecnología Médica, que, sumada a Medicina, ubica a este servicio universitario como el de mayor matriculación entre toda la educación superior.
Este factor también fue destacado a Búsqueda por el presidente del Consejo Directivo Central (Codicen) de la ANEP, Robert Silva. Citó, por ejemplo, que se aceitaron los mecanismos de inscripción desde el bachillerato hacia la Udelar. Según ambos jerarcas, esto permitió agilizar los trámites de los estudiantes que piden pase de un sistema a otro, acreditando su escolaridad y otros documentos, que hoy se gestionan a través de una visa electrónica.
“El propio rector ha calificado la relación entre la ANEP y la Udelar de ‘histórica’, y yo creo que no hay duda de eso”, afirmó el titular del Codicen.
Como sea, 2022 consolidó el porcentaje de inscripciones únicas universitarias en cifras más altas que en años prepandémicos. Y la virtualidad explica en parte este fenómeno. Varios servicios mantienen los dos mecanismos habilitados, el presencial y el virtual, con cifras de ingresos altas.
No obstante, según Arim, hoy “una proporción muy importante de los estudiantes” reclama la instancia presencial sobre la educación a distancia. La combinación de modalidades “se está definiendo en cada facultad”, y este criterio se mantendrá durante el segundo semestre en todos los servicios. Luego se evaluará cómo funcionan los distintos canales de formación abiertos con la pandemia.
Entre las opciones que se dictan de forma virtual, híbrida o semipresencial destacan un conjunto de áreas teóricas de la Facultad de Derecho. Eso no quiere decir que estas modalidades vinieron para quedarse, puntualizó Arim; “quiere decir que 2022 es un año bisagra y que se tomaron decisiones para evitar discontinuidades importantes”.
Sobre las instancias de evaluación finales, el rector informó que la Udelar estableció como criterio general que este año sean, en la medida de lo posible, presenciales.
Transición
Con la pandemia, la transición de la oferta presencial a la virtual en la universidad se produjo de forma acelerada.
La Udelar respondió con alta eficiencia a la situación provocada por la crisis sanitaria de parálisis de la educación presencial, evocó el rector. Garantizó la continuidad mediante una adecuación urgente y sin planificación previa a una modalidad que tenía escasa implantación en el sistema educativo público.
Miles de estudiantes, especialmente del interior, se pudieron beneficiar del acceso a través de las plataformas digitales. La matrícula se incrementó tanto en las instituciones públicas como en las privadas de nivel terciario.
Sin embargo, Arim planteó que la migración hacia la virtualidad requiere una mayor inversión en recursos humanos y económicos. Y así lo transmitió recientemente al Parlamento de cara a la Rendición de Cuentas. “Básicamente, porque el plantel docente es exactamente el mismo que antes de la pandemia, y no le podemos pedir que ahora sostenga dos cursos –uno virtual y otro presencial–, con las plataformas digitales se duplica el trabajo”.
“De la misma manera que el 13 de marzo de 2020 decidimos desde el Rectorado que había que defender la continuidad de la enseñanza en la virtualidad, ahora creemos importante recuperar mayores espacios societarios de la vida universitaria”, apuntó.
¿Cuál es la combinación razonable, académicamente sólida, entre virtualidad y presencialidad?, planteó el rector: “Todavía no hay una respuesta absoluta, ni siquiera a nivel mundial”. Empero, remarcó su convicción: “No podemos pensar en que ahora la nueva universidad deba ser virtual”. Y agregó que “ante todo estas cuestiones hay que saberlas combinar de forma inteligente, preservando la calidad académica y evitando la estratificación” entre los estudiantes.
La tendencia mundial de las universidades es hacia la virtualidad, aseguró por su parte el secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) para la Educación, la Ciencia y la Cultura, el español Mariano Jabonero, consultado por Búsqueda.
Los centros de educación superior deben profundizar en las transformaciones emprendidas por la pandemia, sobre todo en la transición digital, para “avanzar hacia una oferta formativa de calidad, flexible, abierta y acorde a los nuevos perfiles de alumnado, y que además apueste con mayor determinación por la investigación y el conocimiento”, dijo el jerarca del organismo internacional que vela por el desarrollo educativo en la región.
Antes de la crisis sanitaria, la educación virtual era minoritaria en América Latina. Según la OEI, solo el 18% de los universitarios estaban matriculados en titulaciones en esa modalidad, y en países como Chile, Argentina, Cuba o Uruguay, ese porcentaje era inferior al 5%.
Hoy la educación superior a distancia registra una expansión “sin precedentes” y el continente se encuentra “en transición”, indicó Jabonero, con base en el Informe Diagnóstico 2022 sobre la educación superior y la ciencia post-Covid 19 en Iberoamérica. Perspectivas y desafíos de futuro, elaborado por la OEI con el apoyo de CAF-Banco de Desarrollo de América Latina. Este estudio fue presentado a mediados de mayo, cuando la Unesco celebró en Barcelona la III Conferencia Mundial de Educación Superior, en la que participaron Arim por la Udelar y Jabonero por la OEI.
Reducido y limitante
A todo esto, el economista y doctor en Ciencias de la Educación Claudio Rama planteó ayer miércoles 8 en el Parlamento que Uruguay tiene “un altísimo retraso” en el desarrollo de la educación a distancia en relación con América Latina y el mundo, que limita el cumplimiento del derecho a la educación.
En su informe presentado a la Comisión de Educación y Cultura de la Cámara de Diputados –con la finalidad de dar opinión sobre dos proyectos de ley de educación a distancia y semipresencial–, Rama sostuvo que el marco normativo del país en materia de educación a distancia en el nivel superior aún es “reducido y limitante”.
Durante la pospandemia, se presentaron dos proyectos de ley que profundizan en el impulso a la educación a distancia. Uno a iniciativa del diputado colorado Felipe Schipani, y otro de Jamil Murad, suplente de la diputada Elsa Capillera, por Cabildo Abierto. Ambos se gestaron desde la demanda de estudiantes, sobre todo del interior del país, que han pedido con insistencia mantener las clases bajo las modalidades virtuales generadas durante la pandemia como un “derecho adquirido” y una necesidad para continuar sus estudios. (Búsqueda N° 2.170).
Según Rama –director del Observatorio de la Educación Virtual en América Latina y el Caribe Virtual Educa y exdirector del Instituto Internacional de la Unesco para la educación superior–, esta población puede ser incluso de decenas de miles de estudiantes que han abandonado sus estudios universitarios, según la alta tasa de deserción histórica de este nivel educativo.