Más allá del fin de la emergencia sanitaria, decretada a principios de este mes, y de la experiencia con la virtualidad acumulada durante dos años de pandemia —que obligó a todas las facultades a reconvertirse casi de inmediato—, el cambio de modelo hacia una Universidad de la República (Udelar) digital está muy lejos de producirse. Para el rector, Rodrigo Arim, la discusión mundial sobre el impacto real de las herramientas tecnológicas en la enseñanza es un debate que la Udelar aún “se debe”.
Sin embargo, hay elementos de la “nueva normalidad” que parecen haber llegado para quedarse, o al menos así lo pretenden determinados sectores. Mientras la universidad decidió levantar las restricciones a las actividades presenciales, un grupo de estudiantes, sobre todo residentes del interior, pide mantener la virtualidad en las carreras teóricas.
Para el rector, la virtualidad ya ha producido “costos altos” en varios planos, por lo que no es una opción como “normalidad” pos-Covid. La institución pretende ordenar la transición hacia la mayor presencialidad posible.
Desde el año 2000, el número de alumnos que estudian a distancia se ha multiplicado en todo el mundo. Para la Unesco, uno de los motivos que determina ese crecimiento es el uso y acceso a las herramientas tecnológicas. La pandemia aceleró ese proceso. Y eso explica, al menos en parte, el aumento de la matrícula de la Udelar en estos años: en 2021 fue de 12% (se inscribieron 21.000 estudiantes nuevos) y en 2022 van 18.500 inscriptos, corroboró Búsqueda con fuentes oficiales.
Convencidos de que la modalidad remota favorece la continuidad de los estudios, especialmente a poblaciones universitarias alejadas de los centros de enseñanza —entre ellos, muchos trabajadores, padres y madres de familia que acompañan a personas mayores o que tienen niños cargo, con dificultades físicas o de traslados—, un conjunto de estudiantes se organizó el año pasado para reclamar que se mantenga como posibilidad el asistir al aula en forma virtual, al menos a las clases teóricas y otros cursos que no exijan presencialidad plena y así mantener un sistema de enseñanza “híbrido” para continuar sus estudios terciarios de forma remota o semipresencial (Búsqueda N° 2.140).
La iniciativa partió de un grupo de alumnos de la Facultad de Derecho que formó en junio un “movimiento autoconvocado”, llamado Udelar para Todos, que se amplió a estudiantes de Arquitectura, Ciencias Sociales, Psicología, Humanidades, Ciencias Económicas, Veterinaria, Comunicación y Medicina. Sus promotores dicen que reunieron unas 30.000 firmas en respaldo a través de las redes sociales.
“Desde el comienzo de la pandemia vimos una oportunidad de anotarnos y acceder al nivel terciario de una manera especial. Si bien ya existían los cursos a distancia, la virtualidad nos permitió tener un mejor acceso a las clases y un mayor contacto e interacción con el docente. En calidad educativa la virtualidad nos resultó muy buena”, contó Luciano Acquistapace, estudiante de segundo año de Derecho, residente en Maldonado y uno de los portavoces del movimiento. La vuelta a la presencialidad completa los sorprendió para mal. “Nos asombró y nos puso tristes. A cada paso hay una dificultad nueva”, dijo.
Pero si bien las autoridades universitarias no manifiestan una cerrada negativa a lo remoto, sus líneas de acción parecen ir en dirección contraria.
La universidad pos-Covid
Hoy la presencialidad es una prioridad para las autoridades de la Udelar, que aspira a que los estudiantes comiencen y continúen sus procesos formativos priorizando el cara a cara con sus profesores y pares dentro de las aulas físicas y demás espacios institucionales. Esta premisa fue discutida a principios de curso y quedó plasmada en una resolución expresa ya desde la primera sesión del año del Consejo Directivo Central (CDC), el 8 de febrero.
A propuesta del rector y a los efectos de transmitir una “señal clara” hacia la comunidad universitaria los consejeros resolvieron que los estudiantes, docentes y funcionarios deben seguir conviviendo cotidianamente en la institución.
Arim advirtió ante el CDC que si la Udelar no prioriza las actividades de enseñanza presencial “los daños de largo plazo” serán “grandes” y contraproducentes con lo hecho hasta ahora por la institución. Según el rector, la universidad ya ha pagado “costos altos” en términos académicos, de socialización y de construcción institucional por la emergencia sanitaria, además de costos económicos. Y en ese contexto aseguró que “nunca” defendió la idea de mantener el funcionamiento institucional a través de plataformas digitales como parte de una “nueva normalidad”.
Los consejeros fijaron “la obligatoriedad del trabajo presencial” en los horarios y lugares físicos habituales, habilitando los aforos de los salones, sujetos a las restricciones que decida el Ministerio de Salud Pública. Al inicio del primer semestre del año lectivo la institución se comprometió a tener “especial cuidado” con los cursos teóricos de clases masivas, algunas de las cuales transcurren en la virtualidad, aunque sin prohibir la presencialidad.
El objetivo institucional es “ordenar la transición” hacia una presencialidad plena, preservando el derecho a la salud de toda la comunidad universitaria pero entendiendo que se correrán riesgos importantes si no se reconstituye el “entramado de vínculos” que presupone la vida universitaria. De todos modos, el rector se mostró abierto a discutir componentes de trabajo a distancia que se pueden sostener en el tiempo, pero siempre evitando “visos federativos” dentro de la Udelar.
Los órdenes docente y estudiantil del CDC expresaron su preocupación respecto a algunas medidas adoptadas en forma unilateral por varios servicios universitarios y consideraron inadecuado por ejemplo que ciertas facultades hayan fijado por su cuenta “protocolos específicos” de actuación. El consejero docente Gonzalo Salas advirtió que incluso algunos servicios han estado “vendiendo” sus carreras a los estudiantes diciéndoles que podrían cursar una licenciatura “sin pisar un salón” de clase.
Por su lado, el consejero estudiantil Andrés Fernández transmitió que la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU) está en la línea de recuperar los espacios presenciales de convivencia entre los alumnos y los diversos órdenes, lo que también involucra la gestión y el trabajo administrativo.
La decana de la Facultad de Ingeniería, María Simon, llamó a tener especial consideración ante las faltas por razones de enfermedad y a ofrecer “alternativas no presenciales” para quienes pierden clases por esos y otros motivos. Su par de Agronomía, Ariel Castro, aseguró que en la Udelar se produjo una “inercia” marcada por la virtualidad, que auguró difícil de romper, y advirtió que el tema se está usando “políticamente” para “generar un placebo” ante necesidades que requieren otro tipo de respuestas. “La virtualidad es una solución económica y rápida”, pero “no de fondo”, opinó.
En el ámbito político, hay coincidencias entre el Partido Colorado y el Frente Amplio sobre la posibilidad de mantener ciertas modalidades de enseñanza universitaria remotas o semipresenciales. El diputado colorado Felipe Schipani, impulsor de un proyecto de ley para que las instituciones públicas de educación mantengan la modalidad virtual, propuso extender una “experiencia piloto” de la Facultad de Derecho, donde emergió la demanda por el sistema remoto, a carreras humanísticas que no requieran de trabajos prácticos o en laboratorios, a diferencia de las científicas o biológicas.
Convocado a fin de año al Parlamento por la Comisión de Educación, Arim aseguró que junto con la decana de Derecho, Cristina Mangarelli, resolvieron que algunas carreras se mantuvieran de forma virtual para 2022, como Relacionales Laborales y Relaciones Internacionales y los cursos de Abogacía y Notariado que no sean prácticos.
Economías locales
La posibilidad de recibir clases online permitió que muchas personas que no tenían la opción universitaria en la mira, ya sea por motivos económicos o de distancia física, pudieran sumarse, aseguró Acquistapace, promotor de la enseñanza a distancia. Él mismo se anotó en Derecho debido a la posibilidad de asistir a clases por vía remota.
Entre los motivos esgrimidos por los estudiantes organizados para mantener la virtualidad está la economía. “No está de más decir que muchas familias del interior se desfinancian por mandar a sus hijos a estudiar a la capital. Otros alumnos, no radicados en Montevideo, tienen que viajar hasta seis o siete horas por día”, contó este universitario, y dijo que además de evitar el desarraigo ni bien se termina el liceo también está el hecho de que permanecer en sus ciudades permite mover la economía local.
Las autoridades y los universitarios movilizados coinciden en que la realidad no es la misma en todas las facultades. “Entendemos que hay carreras y materias en las que es necesaria la presencialidad. Nosotros pedimos la virtualidad para materias teóricas. Incluso en Medicina algunas asignaturas se pueden dictar a distancia”, precisó el portavoz del grupo de alumnos. También piden que los parciales que se toman de forma presencial en Montevideo puedan dictarse en las regionales de la Udelar en el interior y que en aquellos departamentos sin sedes regionales las pruebas puedan instrumentarse en otras instituciones educativas.
A principios de abril, Arim dijo a Subrayado (Canal 10) que los estudiantes que se anotaron para cursar opciones de manera virtual lo podrán seguir haciendo, al menos durante el primer semestre del año. Según averiguó Búsqueda, la mayor parte de los servicios mantendrán durante todo el período de clases lo planificado a principios de curso.