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    Las Fuerzas Armadas necesitan mejorar sus controles en el  espacio aéreo, naval, de vigilancia fronteriza y cibernético

    “Si nos comparamos con Sudamérica estamos en una situación de paz”, pero hay que estar atentos a lo que pasa en la región y ser “conscientes de que las nuevas tecnologías hacen que esas fronteras geográficas ya no sean tan geográficas”, dice el jefe del Estado Mayor de la Defensa

    El almirante Fernando Pérez Arana asumió como jefe del Estado Mayor de la Defensa (Esmade) en mayo y fue designado como director nacional del Centro Coordinador contra el Terrorismo en octubre. En ambos cargos reemplazó al general Alfredo Erramún, a quien el presidente Tabaré Vázquez ordenó en abril su cese y pase a retiro obligatorio debido a su actuación en el Tribunal de Honor militar que escuchó las confesiones de José Nino Gavazzo sobre la desaparición del cadáver del militante tupamaro Roberto Gomensoro en aguas del río Negro, en 1973. Vázquez quería a alguien que no hubiera integrado instituciones militares de ese tipo y que además proviniera de la Armada, fuerza que nunca había estado al frente del Esmade, lo que hizo su designación especialmente personal y también la última de su gobierno. Pese a la importancia de la designación, Pérez Arana es cauteloso respecto a su continuidad y aguarda la decisión que tome el presidente electo Luis Lacalle Pou. 

    Este oficial naval fernandino, de 56 años, egresado con el grado de guardiamarina, fue comandante del contingente naval en Haití y jefe de la División de Inteligencia Naval. Rechaza la supuesta falta de “poder real” de la Esmade, un órgano de asesoramiento del Ministerio de Defensa creado en 2010 para la planificación y coordinación de las actividades de las Fuerzas Armadas, que tiene entre sus cometidos la elaboración doctrinaria y la planificación del concepto de operación conjunta. 

    A continuacion sigue un resumen de la entrevista con Búsqueda

    —Es la primera vez en la historia que la Armada ocupa la jefatura del Estado Mayor de la Defensa. ¿Qué implica para usted este hecho?

    —Es un honor. En realidad es la primera vez que hay un oficial naval a cargo del Esmade, porque el oficial naval que es designado para este cargo sale del cuadro de su fuerza, en este caso de la Armada. Entonces a mí me gusta afirmar que es la primera vez que hay un oficial naval a cargo del Esmade, pero no decir que el Esmade está a cargo de la Armada ni que la Armada ocupa su jefatura.

    —Usted no ha integrado los tribunales de honor militares, argumento planteado públicamente por el presidente Vázquez para adjudicar nuevos destinos en las Fuerzas Armadas. ¿Eso le transmitió el Poder Ejecutivo?

    —No me han transmitido nada. Sí sé que se generó la necesidad de sustitución en el cargo y la propuesta de una postulación que fue aceptada. El concepto de la voluntad política escapa a las áreas de mi competencia. Y sé que la responsabilidad que se me asigna en la jerarquía y en el cargo es un honor.

    —¿Cuál es su misión? 

    —Tengo el desafío de asesorar y coordinar en el plano ministerial el accionar de todas las Fuerzas Armadas para un empleo de eficiencia conjunta.

    —Dentro del ámbito militar suele decirse que en el Esmade existe falta de poder real y que su rol es mantener el statu quo entre la Armada, el Ejército y la Fuerza Aérea. ¿Qué dice de eso?

    ¡No! No se están peleando acá las Fuerzas Armadas, no se trata de ser un mediador. Es sumar para asegurar que las capacidades que necesita el Estado de sus Fuerzas Armadas se empleen al máximo, aunque esas capacidades las tengan distintas fuerzas. Nosotros no mandamos, pero sí coordinamos, definimos y orientamos.

    —¿Pero tiene alguna base la idea recurrente en ámbitos castrenses de que el Esmade “reina pero no gobierna”?

    —Acá no hay monarquía, somos republicanos. Es un trabajo integrado. Si existió esa visión en algún momento, la evolución de los escenarios hicieron aparecer este tipo de comandos como el Esmade a escala mundial, no solo en Uruguay, para generar un empleo eficiente de las Fuerzas Armadas e integrarse con todos los organismos del Estado.

    —Entre sus principales metas inmediatas como jefe del Esmade están las de mejorar las capacidades de comando, control, vigilancia, inteligencia y presencia en los espacios aéreos, terrestres, marítimos y de ciberdefensa. ¿Cuán preparado o “regalado” está el país en esos espacios?

    —Cuando hablamos de capacidades militares y del empleo del instrumento militar para repeler y generar cierta disuasión... Necesitamos equipos, personal y procedimientos o doctrinas, para enfrentar las distintas amenazas en los ámbitos de jurisdicción. Antiguamente se manejaba en los tres planos de mar, tierra y aire; hoy les sumamos el ciberespacio y el espacio de comunicación electromagnético. Para eso necesitamos sumar capacidades.

    —¿Qué falta?

    —Es cierto que tenemos que mejorar la capacidad de cobertura aérea para la detección de aeronaves que puedan estar transitando nuestro cielo, que necesitamos tener la presencia en el mar en la zona económica exclusiva, en altamar y en la plataforma continental, porque tenemos limitadas capacidades de elementos navales, y que necesitamos tener mayor presencia del apoyo a la vigilancia de los elementos de frontera. Esto significa encontrar los espacios de debilidad que tengamos y proyectar el próximo presupuesto e ir generando esas capacidades con este escenario y con esta visión para enfrentar como Estado estas situaciones.

    —¿En qué situación está la capacidad aérea de las Fuerzas Armadas? Hay quienes advierten que ahí Uruguay está más complicado... 

    —Nuestras Fuerzas Armadas están actuando permanentemente; de repente por los volúmenes de intercambio se pueda tener esa sensación. No puedo juzgar a quién lo dice, pero sí puedo decir que nuestras Fuerzas Armadas hacen un trabajo ejemplar en donde les toca estar desplegadas.

    —¿Y qué pasa en ciberdefensa, un área donde tienen problemas países militarmente mucho más avanzados que Uruguay?

    —Cuando hablamos de ciberdefensa, en el ámbito de la ciberseguridad hablamos de que las Fuerzas Armadas requieren de generar hoy soldados vinculados a ese tema para proteger los equipos cuando actúan en una operación determinada. El manejo de la información y la tecnología requiere una coordinación y una planificación por este desafío. Uruguay como Estado avanzó mucho en la ciberseguridad con una normativa muy avanzada, pero no hemos integrado en nuestras capacidades un comando o áreas de ciberdefensa dentro de las Fuerzas Armadas, y eso es algo que el nuevo escenario nos obliga a enfrentar. En eso estamos aprendiendo en todo el Estado.

    —¿Supone la tecnología 5G un problema adicional en esta área? Expertos e incluso gobiernos alertan sobre la amenaza que significará su uso.

    —Si tuviera esa respuesta estaría en otro lado… (sonríe). Uruguay se está preparando, con las leyes de Agesic (Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y del Conocimiento), con su política y normativa de ciberseguridad a nivel del Estado, para detectar ciertos ataques. Para proteger la integración regional, el comercio internacional y para minimizar ciertas afectaciones que pueden estar en estos nuevos escenarios es que es necesario que el Estado vea ahora qué es lo que puede desarrollar más, porque después al Estado le va a costar.

    —Además de su cargo en el Esmade, usted es director nacional del Centro Coordinador contra el Terrorismo. ¿Se ocupa ese organismo de esas tecnologías?

    —Se ocupa de desarrollar una estrategia nacional contra el terrorismo, basada en el decreto Nº180 de 2017, que creó ese organismo y que sigue compromisos globales que Uruguay tiene contra el terrorismo como parte de las Naciones Unidas, partiendo de que el terrorismo es una amenaza trasnacional.

    —¿Pero es una amenaza cierta hoy para Uruguay?

    —Si nos comparamos con Sudamérica estamos en una situación de paz: vimos recientemente cómo se comportó nuestra sociedad en un cambio político en el marco sudamericano. En eso los hechos hablan mejor que mis palabras para saber cómo estamos nosotros, pero también vemos cómo estamos alrededor. Y también somos conscientes de que las nuevas tecnologías hacen que esas fronteras geográficas ya no sean tan geográficas.

    —Usted habla de la amenaza de manifestaciones y disturbios sociales, ¿pero Uruguay tiene hoy las estructuras necesarias para afrontar el ataque de una organización terrorista?

    —¿Qué ataque terrorista? ¿En qué magnitud? No podemos determinar cuánto podemos hacer, pero sí que estamos alineando una estructura dentro de lo que pide las Naciones Unidas para mantener el terrorismo alejado de nuestro territorio.

    —¿A qué se refiere?

    —La estrategia establecida en el decreto Nº180 determina cuatro niveles de actuación: hay un nivel de actuación político y otro estratégico, y si existe algún incidente o ataque declarado de naturaleza terrorista se activan luego un nivel de actuación operacional y otro táctico, con planes operativos de respuesta a cargo de efectivos policiales y militares. También tenemos niveles de alerta que se apoyan en el Sistema Nacional de Inteligencia del Estado, que va diciendo si existen indicios de que pueda suceder algo, lo cual determina que se vaya de un nivel verde hasta uno negro.

    —¿Se han activado alguna vez los niveles de actuación operacional y táctico?

    —No tengo yo información de que hayamos activado el sistema como está instrumentado ahora. Por suerte, porque significa que no hemos sido blanco de ningún ataque.

    —¿Y se ha superado alguna vez el nivel de alerta verde?

    —No. Lo que sí es que disponemos de estas definiciones.

    —El último informe sobre terrorismo del Departamento de Estado de los Estados Unidos menciona que Hezbollah continúa activo en la región con el uso de elementos financieros en la Triple Frontera de Argentina, Brasil y Paraguay. ¿Existen células de esa organización en nuestras fronteras?

    —Eso lo maneja el Sistema Nacional de Inteligencia del Estado, es algo reservado. Como hipótesis la formación del Sistema de Inteligencia es imaginarse que sí, porque su tarea es orientar sus métodos para detectar que eso aparezca. Pero eso no se va a confirmar públicamente, porque la validez de eso se realiza a través de los propios sistemas de intercambio con otras agencias de inteligencia.

     

    Recuadro de la nota

    Haití y Venezuela

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