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Los resultados de la encuesta de Cifra cuyo trabajo de campo se terminó el 2 de mayo confirman lo que se insinuaba un mes atrás: finalmente el clima electoral se está empezando a mover un poco. Aunque seguimos teniendo dos mitades políticas de tamaño aproximadamente similar, las dos últimas encuestas registran, consistentemente, una diferencia algo más grande que la usual entre esas dos mitades.
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El 44% votaría al Frente Amplio (la mitad “oficialista”), el mismo porcentaje que en la encuesta de marzo. El 30% opta por los blancos (también igual que en marzo), el 18% por los colorados (1 punto más que en marzo), y el Partido Independiente se mantiene en 2%. Ningún otro partido recibe el 0,5% o más de las intenciones de voto. La mayoría del 6% restante no sabe a quién votará (“indecisos”) o prefiere no decirlo (Cuadro 1). En resumen, hoy la mitad del electorado (exactamente 50%) no opta por el Frente Amplio (FA), sino por los demás partidos con representación parlamentaria (un punto porcentual más que en marzo). La diferencia entre la “mitad” gobernante (44%) y los demás partidos (50%) es negativa para el oficialismo: –6 puntos porcentuales.
Estos resultados ratifican los cambios ya observados en marzo: el FA recibe la misma intención de voto que el promedio de 2013, y los demás partidos reciben ahora 8 puntos porcentuales más que el promedio de 2013 (en marzo eran 7).
En la presentación de los resultados de la encuesta anterior ya se había señalado que en las encuestas de Cifra de los últimos años casi nunca se ha visto una “relación entre mitades” como la registrada por estas dos encuestas. También se subrayaba que no era prudente arriesgar conclusiones firmes partiendo de los números de marzo, porque podían surgir de causas muy diferentes. Una posibilidad era, simplemente, consecuencia del azar: una muestra algo sesgada contra el FA. En ese caso la encuesta siguiente debía “volver a la normalidad” (a cifras más parecidas a las registradas en 2013).
Los resultados de hoy muestran que no fue así: ratifican lo ya observado en marzo. En rigor, lo acentúan, pero apenas: un punto porcentual adicional a favor de las oposiciones. Otras encuestas profesionales difundidas desde la publicación de la última encuesta de Cifra coinciden en observar la misma tendencia: examinando la evolución de sus números también se encuentra que la oposición estaría creciendo. En suma: todos estos resultados sugieren que el humor del electorado estaría cambiando. Ya sea porque ven con mejores ojos a la oposición, o porque evalúan más críticamente al oficialismo (su gestión de gobierno, su campaña electoral preinternas), o por ambas cosas, por ahora los votantes se están alejando del oficialismo, aunque lenta y gradualmente.
Desde una perspectiva más amplia, y en términos de resultados electorales, no de encuestas, esta conclusión no registra en realidad algo nuevo, sino más bien una acentuación de las tendencias de mediano plazo. El FA obtuvo su mejor votación nacional en 2004; en 2009 no logró mantener su votación de 2004. Pero la pérdida era modesta, y en parte por esa razón pasó casi inadvertida. En parte, también, porque aunque en 2009 fue necesario un balotaje (a diferencia de 2004), la victoria de Mujica en noviembre fue muy clara. Y también, o quizá principalmente, porque el FA había logrado retener su mayoría parlamentaria propia.
Otros aspectos
que también estarían
cambiando
Aunque las diferencias son pequeñas, la nueva encuesta ratifica que el FA ya no es, como siempre lo ha sido, el partido que más retiene a sus votantes de la última elección nacional, en octubre de 2009 (Cuadro 2). Ahora retiene el 78% de sus votantes de 2009, ligeramente más bajo que los valores anteriores, igual al porcentaje de retención de los colorados, y algo más bajo que el de los blancos (81%). Si se considera la retención de las “mitades”, eso se acentúa: el oficialismo pierde más que el conjunto de las oposiciones.
Como también se observa desde hace tiempo, las preferencias de los nuevos votantes (el FA recibe casi la mitad de ellas, 49%) “defienden” la posición del FA, puesto que allí recibe más votos que la oposición (Cuadro 2). El grupo más frentista según edad, sin embargo, no es el de los más jóvenes o el de los nuevos votantes, sino el de los adultos jóvenes, de 30 a 45 años de edad. El 52% de ellos opta por el FA (Cuadro 3).
Evaluando tendencias
Algunos analistas han señalado, correctamente, que los pesos relativos de las dos “mitades” presentados más arriba son similares a los registrados a esta misma altura de la campaña de 2009. Para examinar los datos más de cerca es necesario comparar los datos desfasados un mes, porque las internas se celebraron en 2009 a fines de junio, y ahora el 1º de junio; lo que importa es mantener constante la distancia hasta esas elecciones. Porque el acontecimiento político dominante (ahora, y en esos meses de 2009) es la cercanía de las internas (entre otras cosas, esa cercanía, por varias razones, podría “aumentar” las preferencias hacia la oposición).
El Cuadro 4 resume las diferencias entre las intenciones de voto hacia el FA y hacia los otros tres partidos con representación parlamentaria: la diferencia “entre las dos mitades”, como se la observa en el Cuadro 1. La comparación entre las dos series (2009, 2014) sugiere algunas conclusiones. En primer lugar, las diferencias entre 2009 y 2014 son, efectivamente, pequeñas. Son cuantitativamente pequeñas. Pero: cuando se trata de diferencias entre dos “mitades”, entonces cambios relativamente pequeños pueden tener consecuencias políticamente muy significativas; por ejemplo, pueden arriesgar la mayoría parlamentaria que hoy tiene el FA. Con estos resultados (si los de hoy fuesen los resultados de la última encuesta antes de las elecciones de octubre), Vázquez puede ganar la Presidencia, pero no tendría mayoría parlamentaria propia.
En segundo lugar, las cifras de 2009 oscilan, pero las de 2014 muestran una tendencia a acentuarse: las cifras evolucionan consistentemente en una misma dirección (“achicando” la mitad oficialista). En tercer lugar, finalmente: el promedio de las diferencias para las tres encuestas de 2009 es -2. El correspondiente promedio para 2014 es -3,6, casi el doble. Todo esto sugiere que los resultados de las últimas encuestas están reflejando cambios genuinos en el humor político del electorado.
Lo que las encuestas no pueden decir, naturalmente, es si en el correr de los próximos meses esos cambios se acentuarán, se mantendrán, o se revertirán. Ese es el partido que se jugará después de las internas, y después del Mundial. La nota anterior sobre las preferencias electorales terminaba así: “el gran factor que condiciona todas estas especulaciones es el Campeonato Mundial de fútbol. Sin Mundial hay solo una campaña durante 2014, aunque con distintas fases. Con Mundial hay dos: una antes y otra después. Si a Uruguay le va bien o muy bien, eso puede ser bueno para el partido de gobierno: “borra” lo de la primera fase, y ayuda a definir un mundo más optimista. Que se sepa, los encuestadores no son buenos anticipando lo que ocurre en los mundiales. Habrá que esperar”.