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    Las “tremendas ventajas” que da el gobierno para las inversiones son la “medida del sobreesfuerzo” que recae en el sector privado

    Que el gobierno tenga que dar “tremendas ventajas impositivas” para que nuevas empresas se instalen a producir en Uruguay es “una medida del sobreesfuerzo” que tienen que hacer las compañías que ya funcionan en el país para “mantenerse y crecer”.Eso opina Marcos Guigou, quien el último viernes fue distinguido por la consultora Ernst & Young como “Emprendedor del año”.

    Este empresario se dedica a la producción agropecuaria con Agronegocios del Plata (ADP), de la que es director, así como al desarrollo de aplicaciones tecnológicas para el sector primario a través de OkaraTech. “No sé si Uruguay ofrece grandes condiciones para emprender, en realidad tiene bastantes riesgos, bastantes dolores (…)”, señaló.

    Lo que sigue es una síntesis del diálogo que mantuvo con Búsqueda.

    —¿Cómo es emprender negocios en Uruguay?

    —Muchas de las cosas que he aprendido a hacer fue para superar restricciones que a menudo están dadas por el entorno o el tamaño del país. Y otras veces, por la búsqueda de competitividad en una actividad donde, como es el caso de Uruguay, siempre es tomador de precios del mundo.

    Eso es un desafío muy fuerte, pone la vara desde el punto de vista de calidad en un nivel muy estándar; producimos commodities, o sea que hay que ser competitivo a escala global. En mi caso, las restricciones para la agricultura eran el costo de combustible, como sigue siendo hoy, y había tecnología como la siembra directa con la que el consumo de combustible por hectárea pasaba de 60 a 15 litros. Y la adopté con una fuerza enorme. Porque no podía cambiar el precio de Ancap, pero sí podía adaptar mi forma de producción.

    Después encontramos que un producto muy interesante como la soja, que se hacía cada vez más en toda la región, no entraba en Uruguay porque no había volumen.

    En mi caso, en Uruguay, muchas veces las propias restricciones han funcionado como la palanca para desarrollar competencias para resolverlas.

    —Lo plantea como algo fácil. Sin embargo, Uruguay figura a media tabla en los índices internacionales de innovación y en la facilidad para hacer negocios.

    —Viajo al exterior y en varios lugares encuentro que el ecosistema para emprender es más fácil.

    No sé si Uruguay ofrece grandes condiciones para emprender, en realidad tiene bastantes riesgos, bastantes dolores, porque acá los errores no son vistos como un camino de aprendizaje. Tenemos temas con los costos del país, que para negocios que compiten con el exterior generalmente son altos. Tenemos períodos donde se abarata, pero son muy cortos.

    Hay una tendencia a generar una burocracia mayor. No lo digo como queja; es una cosa que hay que saber, porque si se parte de un análisis equivocado de la realidad seguramente no le va a ir bien.

    Claramente hoy Uruguay tiene que dar tremendas ventajas impositivas y hasta inversión en infraestructura —como estamos viendo ahora en el rubro forestal— para que se instalen empresas. Y eso yo lo tomo como una medida del sobreesfuerzo que tienen que hacer las empresas que ya están para mantenerse y crecer.

    Un ambiente de negocios más complicado, una infraestructura que no ayuda, en un país que produce muchos alimentos… Por ahí es que aparecen oportunidades para desarrollar software aplicado a la agropecuaria y generar capacidad para producir cinco, 10 o 15 veces más. Ese es el modelo que Uruguay debería explotar más, con más promoción de la innovación y de las empresas.

    —¿Qué cosas habría que cambiar para facilitar los negocios?

    —Me preocupa el tremendo aumento de la burocracia. Es muy difícil hacer algo sin tener que pasar por 17 oficinas. Hay una tremenda facilidad para generar nuevos pedidos de información, pero no hay la misma vocación para decir: “Busquemos simplificarle la vida a la gente”. No creo que haya conciencia de lo pesado que ese costo oculto resulta para emprender.

    —¿Cómo analiza la coyuntura de la economía en un contexto de precios de los commodities debilitados?

    —Nada fácil. Venimos de años con resultados cercanos a cero,  con baja de precios muy grandes de nuestros productos y el negocio tiene que matchear con el precio internacional, por lo tanto estamos sometidos a muchas restricciones. Por otro lado, seguimos en un negocio donde en el caso de la soja, por ejemplo, la demanda mundial crece.

    Con estos precios internacionales en el sector agrícola todos tienen problemas, y el mejor agricultor de Estados Unidos hoy probablemente está teniendo pérdidas.

    Aquí las empresas han acomodado la estructura de costos. Los precios con relación al año pasado están un poquito mejor. No me animo a tirar campanas al vuelo, pero hay un panorama un poco mejor.

    —¿Cómo evalúa la intención de negociar un TLC con China?

    —A Uruguay le hace mucha falta. Supongamos que en cierta medida estamos condenados a ser un país más caro porque queremos determinado nivel de vida y ciertas cosas que necesitan un sistema impositivo como el que hay, pero encima ir a los mercados pagando aranceles cuando hay competidores que logran arancel cero, es un peso difícil de soportar. Es un punto de vista, que, sin duda, no veo muy generalizado en Uruguay, pero a la larga o a la corta la economía es muy dura si uno se va aislando.

    Lo que es muy difícil de hacer es tener un país que tiene idea de tener servicios y una protección de Primer Mundo, y a su vez tener un mercado interno diminuto y cuando va a comerciar afuera paga aranceles.

    En general, hay un mecanismo de parálisis en Uruguay muy fuerte para cualquier tipo de cambio que se vaya a generar. Es bastante habitual escuchar que queremos cambiar, pero después nadie quiere resignar nada. Eso genera una parálisis en todo sentido, los miedos son enormes. Hay veces que tenemos suerte y hay cosas que no se hacen y al tiempo pasan otras oportunidades…Medir la calidad de vida es algo que nos haría mucho bien en Uruguay, no solo medir la pérdida de statu quo de un grupo de interés sino el aumento de la calidad de vida de la población en general.