Personas entrenadas se aprontan para saborear arroz. Hace meses que prueban las nuevas variedades que se están desarrollando en Uruguay. Mientras tanto, unos técnicos estudian cuál es la mejor solución para las aguas que se desechan en una industria láctea, y otros evalúan la resistencia de la madera a la intemperie y los nuevos productos en plaza para protegerla. Todos estos proyectos en curso inauguran una nueva etapa.
El Laboratorio Tecnológico de Uruguay (Latu) creó la fundación Latitud —que tendrá su lanzamiento oficial en unos meses aunque algunos proyectos ya están en marcha— para desarrollar aún más el área de investigación e innovación.
El Latu da “un paso más” para “consolidar” esta estrategia de trabajo y dotar de mayor “flexibilidad” a su organización; crea una estructura “más visible” con una organización “liviana y ágil”, dijo a Búsqueda el ingeniero Fernando Fontán, presidente de esa institución.
“Crearla es el resultado de un proceso que ha llevado varios años, a medida que las demandas fueron creciendo”, recordó Fontán. Al igual que el Latu, la fundación orienta su trabajo para promover “la inserción de la producción uruguaya en el mundo y la competitividad”. La industria “encuentra ahora en Latitud un socio para trabajar en investigación, desarrollo e innovación para sumar valor a su producción”, agregó. Fontán asegura que “hay interés” de ese sector.
Fácil.
Latitud atenderá necesidades puntuales de empresas o instituciones que quieran desarrollar un producto o proceso nuevo, algo que implica cambios en la lógica de trabajo habitual. Algunos proyectos serán financiados por Latu, otros parcial o totalmente por empresas, por financiamiento internacional o fondos nacionales como los de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII). La fundación permite ahora mayor “facilidad” en estos vínculos, dijo a Búsqueda el ingeniero químico Gustavo Domínguez, actual gerente de Investigación, Desarrollo e Innovación que pasará a ser gerente de Latitud. También podrá contratar especialistas para proyectos puntuales. “Esa flexibilidad la necesitamos”, indicó Fontán.
La fundación tiene un equipo fijo de 21 personas y otros ocho contratados actualmente. Tendrá como sede el edificio “Los Abetos” del Latu, contiguo a la Cámara de Industrias, que sirvió como incubadora y como salón de eventos en el pasado. Ahora está siendo remodelado para albergar las oficinas de los investigadores. Latiud contará además con laboratorios propios dentro del edificio Latu y dos plantas piloto.
En cadena.
Hay proyectos en “plena realización”, contó Fontán. Los laboratorios y plantas piloto de Latitud sirven para estudiar procesos de desarrollo de productos o para evaluar nuevos productos. El objetivo luego es analizar si es posible comercializarlos.
Uno de los laboratorios está destinado a biotecnología y producción de biocombustibles. El otro es para investigación en alimentos. Allí se hacen análisis rápidos para estudiar la composición de la leche, determinar tamaños de partículas, puntos de fusión y cambios estructurales que suceden en las proteínas. Domínguez explicó que estos datos son importantes si se trabaja en el “mejoramiento de un producto” alimenticio.
Un equipo infrarrojo para lácteos permite determinar las concentraciones de proteínas y de grasas en la leche. Un texturómetro mide la fuerza que debe hacerse para masticar un alimento como queso, arroz o carne por ejemplo. También hay equipos que miden el color y el Ph.
En la mayoría de los casos estos tests se complementan con “análisis sensoriales”, explicó Domínguez. Si se está estudiando una galleta es necesario “probar la galleta y ver si gusta o no”. Por un lado se miden propiedades físicas y por otro se debe “transformar una sensación de una persona en una medida” que es tomada en cuenta para llevar a cabo una “producción estandarizada”. “Aporta muchísimo”, aseguró Domínguez.
“Hay que objetivar lo subjetivo. Estamos desarrollando productos y tenemos que ponernos del lado del gusto del consumidor además de ser conforme a la normativa que se aplica”, completó Fontán.
Latitud está desarrollando un “panel sensorial de arroz” con jueces entrenados para identificar las distintas propiedades de las variedades de arroz nuevas en las que el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) trabaja. Un grupo de 10 personas que tienen una especial “sensibilidad” analiza “sabores, textura, aspecto, brillos, si es pegajoso o tiene dejos ácidos, dulces o ahumados”, resumió Domínguez. Hay “una lista muy grande de atributos y se está buscando similitudes entre las variedades nuevas que está desarrollando INIA para evaluar cuáles de estas podrían potencialmente sustituir las existentes”, explicó el ingeniero químico. Las nuevas variedades además podrían adaptarse mejor al terreno u obtener mayor rendimiento. Estos trabajos son parte de un proyecto más grande en el que también participan la Asociación de Cultivadores de Arroz y la Gremial de Molinos.
“Este es un buen ejemplo de trabajo en cadena. Estamos hablando de agregar valor a la cadena productiva”, destacó Fontán.
Pilotos.
Latitud tiene una planta piloto para la industria de alimentos que “permite hacer operaciones a escala intermedia entre laboratorio y producción industrial”, explicó Domínguez. Por ejemplo, si una industria desea montar una plataforma de poscosecha para lavar hortalizas como zanahorias y papas y luego cortarlas y envasarlas de diferentes maneras, esta planta piloto puede oficiar de campo de pruebas. También se puede usar para procesar frutas, quitarles el carozo, secarlas, pelarlas, entre otras operativas. Esta es un área en la que actualmente se está trabajando “poco”, reconoció Domínguez, yse buscan oportunidades para desarrollarla.
Uno de los proyectos en curso consiste en intentar extraer una proteína a partir del afrechillo de arroz (componente que se quita para obtener el arroz blanco). La investigación financiada por una empresa italiana está en “etapa avanzada”, informó el gerente.
El Latu montará una segunda planta piloto, una nueva para lácteos. “En un año la tendremos disponible y con equipamiento para medioambiente”, informó Domínguez. Servirá para probar a escala piloto cambios que luego podrían incorporarse al desarrollo de productos a gran escala.
“El equipamiento es muy caro para la industria. Entendemos que en Uruguay existen condiciones para montar este tipo de planta piloto que será de uso colectivo, para que las distintas empresas tengan la posibilidad de acceder”, contó Domínguez. El Latu invertirá varios millones de dólares aunque el monto preciso aún no está determinado. La licitación de los equipos está abierta y apuntan a estudiar los procesos de evaporación, secado, mezcla de insumos y filtros con membranas para trabajar en la separación de los ingredientes de la leche, como quitar lactosa, minerales, proteínas o agua. Al separar ingredientes de la leche la industria los puede vender por separado como productos finales para incorporarlos a otros alimentos. Algunas bebidas para deportistas tienen suero de leche y la lactosa ya se vende por separado.
“Hay interés en el mercado lácteo de contar con equipamiento para empezar a diferenciar los productos de la industria láctea. Es una oportunidad para exportar productos de más alto valor y de agregar conocimiento al proceso”, aseguró Fontán.
Agua y madera.
Dentro del área forestal se están realizando varias investigaciones. Una analiza los beneficios del uso de productos laminados —vigas hechas con láminas de madera pegadas en capas una sobre otra— para la construcción. Otra trabaja sobre la preservación de la madera expuesta a la intemperie de manera natural versus madera tratada con nuevos químicos más seguros desde el punto de vista químico, ambiental y de aplicación. Algunos se usan poco en Uruguay y otros aún no están en plaza.
Hace tres meses culminó un trabajo presentado ante el Consejo Forestal del Ministerio de Industria. En él desarrollaron una “norma de cálculo estructural que permite a ingenieros y arquitectos tener información precisa sobre la resistencia de la madera uruguaya” de eucalipto y pino, para comenzar a “escribir una norma (de calidad) o asimilar a una norma europea ya existente”, informó Domínguez.
Otros proyectos en curso son del área de medioambiente. Permiten a las empresas “testear”, probar tecnología para luego evaluar si es oportuno incorporarla a la industria. Ofrecen servicios para solucionar problemas vinculados con el uso del agua en las industrias que en general se usa en etapas de producción y debe ser tratada. Ya se ha trabajado con la industria láctea, frigorífica y farmacéutica. “En algunos casos se busca reutilizar el agua dentro del proceso, en otros disminuir la toxicidad del efluente, depende de cuál sea el punto crítico”, dijo Domínguez. “Hay interés por estos temas, hay demandas”, informó.
Ciencia, Salud y Ambiente
2016-03-31T00:00:00
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