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Es difícil imaginarse a ese señor nacido en el siglo XVII, de larga cabellera ondeada y trajes con volados, saltando a la cuerda. Pero al entrar a la Sala 5 del Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV) se comprende el guiño en el título de esta intervención de Ricardo Pascale hacia la figura y el pensamiento del filósofo y matemático alemán Gottfried Leibniz (Leipzig, 1646 - Hannover, 1716).
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Economista especializado en finanzas, Pascale fue dos veces presidente del Banco Central, y el desarrollo de su profesión y vida académica fue en paralelo con el de su creación artística, que comenzó en los años 90 con la madera como la esencia de sus obras. Sin embargo, el material que usó para su nueva intervención, que se exhibe hasta el 24 de marzo en el MNAV, con curaduría de su director, Enrique Aguerre, es otro. Así lo indica su título: Leibniz saltando a la cuerda.
“No sé si mi formación académica con familiaridad con las matemáticas y la geometría pueden haber influido conscientemente en forma general en mi obra. Sí en cambio sé que el frecuentarlas me ayudó marcadamente a sistematizar mi pensamiento y en la aplicación de la lógica en el campo del lenguaje. Me afilio en todo caso a Bertrand Russell cuando señala que las ‘matemáticas poseen belleza’”, escribió Pascale para un libro publicado en 2012, que recoge lo principal de su obra exhibida hasta entonces.
Esa belleza se aprecia en su intervención de la Sala 5. Si en sus grandes esculturas convirtió a la madera en un material maleable que permitía las curvas y el círculo, las formas en caracol o geométricas y siempre en movimiento, con gruesas cuerdas, Pascale logró algo más austero y misterioso: dibujar catenarias en el aire.
Así lo explica el propio artista en un texto que escribió para esta intervención: “El dibujo tiene nueve módulos todos iguales. Cada módulo — ya definido — en el techo entra en la tridimensionalidad y tiene once cuerdas cada uno. Cada cuerda cae vertical hacia el piso luciendo una de las funciones más bellas de las matemáticas. La catenaria. Una curva que adopta un material flexible, dócil, pero de densidad uniforme sujeta por sus dos extremos y sometida únicamente a la fuerza de la gravedad”.
Por momentos parecen collares, por momentos un conjunto de hamacas gigantes o túneles llenos de luz. Estos módulos cambian de acuerdo con el lugar desde el que se miran. Y los focos del techo dibujan sombras en las paredes vacías, que son otros dibujos de la misma obra. Hay una sensación de tranquilidad en esta instalación que tiene una banda sonora de fondo: la música compuesta especialmente para esta obra por Sylvia Meyer.
“Cuando Ricardo me mandaba los esqueletos de su intervención en la computadora me gustaban, pero recién me di cuenta de cómo funcionaban cuando vino a hacerlos en la sala. El espacio tiene sus propias reglas. Acá no hay uso del piso ni de las paredes y la forma está como yendo hacia el cielo. Es raro ver las paredes vacías, pero están las sombras. Es un dibujo en el espacio”, explicó Aguerre a Búsqueda frente a los módulos.
El curador recordó que, en varias de sus esculturas en madera, Pascale ya hacía referencia a Fibonacci, al número de oro, a la sección áurea, a la geometría sensible, al cálculo. También explicó los cambios que tuvo el artista en sus obras, con la incorporación de diferentes texturas y el pasaje de sus grandes esculturas en madera hacia el uso de piezas más chicas, como en su exposición Viento en el Museo Gurvich (2017), en la que usó 1.275 maderas pequeñas. “La muestra del Gurvich se podía ver desde arriba, porque importa el espacio, el lugar físico. Ricardo salió de los objetos grandes y usó las maderas como píxeles que crean formas y ritmos, lo que permite visualizar la belleza de las matemáticas a nivel espacial”. Tanto Viento como la exposición en el Mueso Blanes, Es espacio integrado (2020), marcan una ruptura en la producción artística de Pascale. Ese es uno de los motivos para que haya vuelto al MNAV, donde en 2008 había exhibido Irreversibilidad, cuando la directora era Jaqueline Lacasa.
“Normalmente un artista contemporáneo en vida no vuelve a exponer en el MNAV, pero hay excepciones cuando se intervienen sitios específicos. Nosotros privilegiamos la colección del museo y elaboramos exposiciones, cursos, talleres, investigaciones con obras de artistas que pertenecen o tienen un cuerpo importante en nuestro acervo. Por otro lado, estudiamos propuestas de afuera, nacionales o internacionales. En otra línea, invitamos a un artista a que haga una intervención teniendo en cuenta las características de la colección del museo y de la sala en donde va a exponer. Estas propuestas tienen un tiempo finito de unos tres meses, después el museo vuelve a ser como antes. Sirve para preguntarnos, para generar cada vez más preguntas. Nos hace bien esa gimnasia con artistas”.
En esta categoría de “intervención efímera” se inscribe Leibniz saltando a la cuerda, una obra que una vez desmontada desaparece. “Cuando se desarman las once cuerdas de los módulos quedan dos bolsas grandes de ferretería. La muestra termina y no hay más obra. Se puede volver a reconfigurar dependiendo del espacio”, explicó Aguerre.
Hace años, el director había hecho un trabajo sobre Leibniz, un pensador y matemático que le atrae mucho por su manera de hacer matemática sin estar haciendo matemática. “Leibniz era un humanista, un filósofo. Admiraba mucho a los astrónomos. Decía que era gente sabía que perdía tiempo haciendo cuentas. Entonces desarrolló, a partir de la pascalina, una máquina de cálculo para sumar y restar, las operaciones de dividir y multiplicar. La catenaria es posible por el descubrimiento del cálculo infinitesimal, al que llegan al mismo tiempo Leibniz y Newton”.
Aguerre ha visto cómo disfrutan los niños con esta obra, igual que los adultos, que se pasean entre los módulos como si fueran un bosque de cuerdas. “Alguien me preguntó si las cuerdas eran arte. Entonces me pregunto por qué convenimos que un pedazo de tela con pintura lo es. Puestas acá y en este lugar, las cuerdas funcionan como material para el artista que resignifica el material, sea cual sea”.
Para el 2024, el MNAV tiene programada una muestra para festejar los 150 años del nacimiento de Torres García. Para ello, expondrán la obra que tiene en su acervo en dos salas. Catorce de ellas fueron prestadas al MACA para la exposición que se exhibe allí a partir de mañana, viernes 5 (ver recuadro). Durante el año habrá también una gran muestra antológica de Teresa Vila, y exposiciones de los artistas Bruno Witman, José Collier, José Trujillo, Margaret White y Mónica Paker.
Mientras se espera la llegada de estas muestras, se puede seguir visitando el arte de Pascale, que también está en Punta del Este. En la Galería del Paseo de Manantiales (Ruta 10 km 164), se inauguró el martes 2 La serenidad de lo legítimo, una composición de delgadas maderas que forman un conjunto delicado, como si fueran la arena de la playa. Y quienes están en Montevideo tienen la posibilidad de visitar la Sala 5 del MNAV. Tal vez alguien se encuentre al mismísimo Leibnitz saltando con una catenaria como si fuera una cuerda.