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    Libertad

    Poco ortodoxa, un viaje a las entrañas del mundo jasídico
    Colaborador en la sección de Cultura

    El satmar es un movimiento jasídico, uno de los varios y amplios mundos que conviven dentro del judaísmo. Tiene sus raíces en Europa del Este y fue casi aniquilado en su totalidad durante el Holocausto. Ese es uno de los motivos por los que sus miembros se mantienen aislados del resto del mundo no judío, hablando yidish, encapsulados en rígidas y estrictas reglas de comportamiento.

    Estas reglas son especialmente rígidas y estrictas para las mujeres. En la comunidad satmar, los matrimonios son arreglados y a veces los novios alcanzan a verse en un par de oportunidades antes de contraer matrimonio, un ritual en el que, por otra parte, marido y mujer parecen llegar a experimentar un estado de trance. Luego de casarse las mujeres deben raparse la cabeza y usar peluca o un pañuelo ante cualquiera que no sea su esposo (mostrar el pelo es un acto erótico reservado solo al marido). Ambos duermen en camas separadas y el sexo está permitido solamente con fines reproductivos y los viernes por la noche, con el comienzo del Shabat. También existen algunas reglas respecto al vestuario que debe usarse para realizar el coito. Una vez que se casan, las mujeres deben dedicarse al hogar y engendrar la mayor cantidad de hijos posible.

    Esther Esty Shapiro (Shira Haas) es una joven que creció en una colectividad satmar ubicada en Williamsburg (Nueva York). Fue criada por su abuela y su tía, principalmente, ya que su madre, una mujer que prácticamente no puede ser nombrada, se marchó cuando ella era una niña, y su padre, desde entonces, o quizás desde antes, es un borrachín sin remedio. Atrapada en un sistema del que no se siente parte y casada con Yanky (Amit Rahav), un hombre del que no está enamorada (un hombre que además le brinda detalles de su vida sexual a su mamá), Esty logra escaparse a Berlín. La huida provoca un pequeño terremoto en Williamsburg. Respondiendo a las órdenes del rabino, Yanky viaja a Berlín junto con su primo Moishe (Jeff Wilbusch) con la misión de encontrar y regresar a su esposa a casa.

    Esto es, a grandes rasgos, lo que se cuenta en Poco ortodoxa, una emocionante e intensa historia de liberación, una muy efectiva miniserie que se ha convertido en una de las más populares de Netflix. Poco ortodoxa consta de cuatro capítulos de una hora de duración, está principalmente hablada en yidish (la primera de este tipo en Netflix), y su acción se desarrolla en dos escenarios, Nueva York y Berlín, yendo hacia atrás y hacia adelante en el tiempo en la vida y huida de Esty.

    El guion está a cargo de Anna Winger (estadounidense, residente en Berlín, creadora de la notable Deutschland 83) y Alexa Karolinski (joven productora y documentalista alemana que interpreta además un pequeño papel en la serie), quienes se basaron, con ciertas libertades, en Unorthodox: The Scandalous Rejection of My Hasidic Roots, obra autobiográfica de Deborah Feldman (publicada en 2012 y best seller de The New York Times), cuya traducción al castellano se editará en noviembre en España a través del sello Lumen (para esa fecha, el libro estará disponible en Uruguay en formato electrónico). La dirección de Poco ortodoxa es de María Schrader, que además de ser una gran actriz (ha trabajado con Doris Dorrie, Margarethe von Trotta y Agnieszka Holland, y en las series The City and The City, Deutschland 83 y Deutschland 86), también es una cineasta exquisita y atenta a los detalles, tal como está demostrado en Stephan Zweig: Adiós a Europa.

    Fue Feldman la que se acercó a Schrader y le propuso hacer una serie con su historia. Trabajaron juntas durante unos cuatro años, hasta que al fin se concretó el proyecto. No hace mucho, en una nota con El País de Madrid, decía: “Hace diez años, cuando abandoné la comunidad, nadie conocía el mundo jasídico del que yo venía. Siempre ha sido mi deseo que seamos conscientes de la existencia de diferentes comunidades y de que la gente está tratando de escapar y vivir en el mundo exterior. Una serie de televisión siempre va a llegar mucho más lejos que un libro. La atención desde fuera es lo que consigue ejercer presión dentro. Discutir estos asuntos en el mundo exterior es lo que puede producir cambios dentro”.

    Mucho de lo que aquí se narra realmente sucedió en la vida de la protagonista. Sin embargo, en las memorias de Feldman, el proceso de despertar que la condujo a escapar de allí es sinuoso y gradual, una evolución que se da con el tiempo, hasta que llega el momento en el que decide marcharse. La serie precisamente arranca donde el libro termina. La huida a Berlín y su posterior persecución son agregados de ficción con elementos extraídos de la realidad de Feldman y de otras personas que han vivido procesos semejantes.

    Ahí es cuando la serie evidencia sus puntos débiles. Llama la atención que apenas llegada a Berlín, Esty trabe amistad de una manera tan natural y decidida con un multiétnico grupo de estudiantes de una escuela de música que son prácticamente una oda a la diversidad. Esty está llegando a otro planeta, es un alien, y aun así se entrega con asombrosa disposición a una atmósfera radicalmente diferente a la que estaba acostumbrada a vivir. Como justificativo a semejante capacidad adaptativa de parte de la protagonista, el guion tiene la precaución de anunciar y recordar (incluso por boca de Esty) que ella nunca fue como las demás mujeres de su comunidad. Y está claro que no lo fue ni lo es, pero el tiempo y las acciones que insumen el proceso de adaptación al nuevo mundo están comprimidos de una manera que hace un poco de ruido.

    Allí donde esté, la protagonista es un bicho raro. No encaja en la norma de su comunidad en Williamsburg y es vista como una rareza en la nueva realidad que se abre ante ella en Berlín. Cuando dice que es de Nueva York, la miran con extrañeza y le responden que no parece de Nueva York. Y no: con esa peluca y esa ropa del siglo pasado y esa camisa abotonada hasta el cuello y esa pollera larga casi hasta los talones y ese andar entre sumiso y osado, no, no encaja dentro de lo que puede esperarse de una neoyorquina, en especial en la cosmopolita Berlín.

    Alternando entre el presente y el pasado, el relato ofrece algunas imágenes muy poderosas, como cuando se muestran los preparativos y la celebración del casamiento de Etsy y Yanky, o cuando se la ve a ella sumergiéndose en el lago, naciendo de nuevo (reverso de una circunstancia muy poco gratificante de su vida pasada, previa a su casamiento). Además de la sensibilidad de algunas escenas, de las sentidas actuaciones, del realismo con el que se abordan los rituales y las costumbres de los Satmar, de la impecable dirección de Schrader, del trascendental uso de la música, Poco ortodoxa tiene como protagonista a una actriz sencillamente fabulosa. Haas es una pequeña maravilla que se adueña de cada escena. Actualmente también participa en otra serie de Netflix, Shtisel, sobre la vida de una familia de un barrio ultraortodoxo de Jerusalén. Shtisel, junto con el documental One of Us, es otra de las producciones que se han visto beneficiadas por la excelente recepción de Poco ortodoxa. Feldman quizás alcance el cometido que se planteó cuando le acercó la idea a Schrader y logre que la atención desde fuera cause cambios dentro.

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