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Cuando blancos o colorados apelan a su épica, se remontan a batallas del siglo XIX o, a lo sumo, a lo qué significó para el Partido Nacional la revolución de 1904 que encabezó el caudillo Aparicio Saravia. Por su parte, el Frente Amplio tiene como hecho saliente de su historia la forma en que sus dirigentes fueron perseguidos, torturados y desaparecidos en la última dictadura (1973-1985).
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Pero blancos y colorados también reivindican la forma en que enfrentaron a la última dictadura. Reuniones secretas en casas de familias, aprovechamiento de un evento social como un cumpleaños o casamiento, o hasta un funeral, fueron parte de la estrategia que los dirigentes de ambos partidos llevaron adelante en esos años.
Estas experiencias están relatadas por siete dirigentes en el libro “Clandestinos. Blancos y colorados frente a la dictadura”, del politólogo Eduardo Alonso, quien también fue subdirector de la desaparecida revista “Posdata”.
El autor aclara que no incluyó en el trabajo la visión de la izquierda debido a que ésta ha “desarrollado su propia literatura y existe una amplia variedad de trabajos que estudiaron los argumentos y las posiciones, tanto del Frente Amplio como del MLN (Movimiento de Liberación Nacional), que constituyen una versión oficial u oficiosa del relato histórico político”.
Alonso afirma que “hoy se puede afirmar con cierto grado de consenso, que la popularidad del golpe militar era muy importante y que todos los partidos tendieron a subvalorar ese apoyo de la gente al proceso cívico-militar, y también a los efectos devastadores de las sucesivas campañas de desprestigio dirigidas contra los políticos, como clase dirigente, promovidas por los tupamaros primero y continuada por los militares después”.
Teniendo en cuenta este supuesto, escribe el autor, la lucha contra la dictadura presentó “desafíos desconocidos para los partidos políticos”. “Es importante destacar que la responsabilidad principal en el enfrentamiento a la dictadura recaía fundamentalmente sobre los hombros de los políticos de los partidos históricos que podían actuar dentro del territorio nacional”, subraya.
El “boca a boca con dirigentes intermedios y de base fue clave para bajar y subir consignas”, dice Alonso. Por eso, los dirigentes partidarios utilizaban ocasiones de la vida social de un individuo cualquiera para impulsar esas consignas y traficar información útil para diseñar políticas de combate a una dictadura que se mostraba muy fuerte y poco dispuesta a diálogos con políticos”.
El ex presidente Julio María Sanguinetti recordó que cuando se dio el golpe la gente de la Lista 15 “se mantuvo”. “Algunos sacaron los carteles del club, pero mantuvieron el club, otros no, nos reuníamos en algún boliche en la esquina, en el lugar donde más o menos era el área de influencia de ellos”.
El también ex presidente Luis Alberto Lacalle, que en 1971 fue electo diputado, relató que en la época de la dictadura trató de “sobrevivir con el campo y la profesión” (abogado). “Seguimos reuniéndonos a escondidas y con miedo. Siempre con mucho miedo a que golpearan la puerta de madrugada o tocaran el timbre y te llevaran”, contó.
En otro pasaje del libro, el ex senador del Partido Nacional Carlos Julio Pereyra recordó que la gente se enteraba de las posturas de los dirigentes mediante la distribución de “papelitos en los ómnibus” o por el “boca a boca”. Dijo que cuando los principales dirigentes convocaban a una reunión, llamaban a poca gente para evitar problemas.
Lacalle señaló que la noche anterior al golpe fue hasta el Palacio Legislativo con un “revólver y una bandera, tratando de defender al Parlamento, pensando poner unas cadenas en las puertas, pero la verdad es que acá no había nadie”.
Dos estrategias.
Alonso señala que los dos partidos tradicionales eligieron diferentes estrategias en ese momento para enfrentar a la dictadura. Los colorados “asumían una posición más racionalizada frente a las opciones que se iban abriendo desde la dictadura, mientras los nacionalistas tendían a asumir una posición más emocional, más principista y se percibían más activos”.
“No quiero ser despectivo de la actividad de los colorados, Batlle fue preso antes del golpe, pero la verdad es que el Partido Nacional fue bastante más aguerrido”, comentó Lacalle.
“¿Cómo se podía reaccionar? Diciéndole a usted que saliera a la calle a ¡a hacerse matar!”, señaló por su parte el ex presidente Jorge Batlle.
“Yo les decía que era como a (el campeón mundial de boxeo) Cassius Clay: no lo podés encarar de entrada, hay que esperar que se canse un poco, van a ver que les vamos a empezar a meter, ellos pensaban que había que darle piñazos de salida. (...) Esas eran las dos visiones. La nuestra era esperar que hubiera un proceso de mayor desgaste y de ir desgastando de a poco, y no la de intentar acciones grandilocuentes en la retórica y que después terminaban siendo decepcionantes en la realidad”, argumentó por su parte el ex presidente Sanguinetti.