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En la avenida Gorlero hay música festiva y veraniega que sale de los locales, hay decenas de personas haciendo cola para participar en una rueda de la fortuna que da premios en la puerta de una tienda de ropa y muchos restaurantes que de a poco se van llenando. Son apenas las 19:30 del viernes 27 de enero pero el movimiento de la tarde ya da muestras de que será otra noche de actividad intensa en una de las mejores temporadas para la industria turística de los últimos años.
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Todo parece estar en su lugar en esta noche de verano, excepto una voz que sale de un parlante y rompe la armonía. “Es oficial: esta temporada es la mejor desde 1997 y los salarios de los trabajadores gastronómicos y hoteleros siguen siendo de miseria”, dice el locutor. Alrededor de la camioneta que lleva el parlante caminan unos 30 manifestantes del sindicato que reparten folletos, y hacen sonar cornetas y bombas de estruendo.
La movilización no pasa inadvertida para los veraneantes, que miran curiosos, pero es tan pequeña que el interés, la sorpresa o la molestia dura apenas un instante. Es como una nube pasajera que quienes están en la playa miran con desconfianza pero que, antes de llegar a preocuparlos, deja ver de nuevo el sol.
“Qué lástima que sean tan pocos. Así no les van a dar bola nunca”, le dice una señora a uno de los manifestantes. Como ella, una familia parada en una esquina los mira y los aplaude. Otra señora, en cambio, se queja y les dice que están locos, molesta porque su perrito se le escapó de los brazos asustado por una bomba de estruendo. Pero la mayoría los mira un segundo y enseguida vuelve a sus asuntos. Así la marcha sigue su curso y, como si nada hubiera pasado, la música veraniega vuelve a ser protagonista, los mozos siguen llevando platos a las mesas, las mujeres de gorrito y delantal sirviendo helados en cucuruchos y las tiendas vendiendo ropa.
Oscar Andino, el secretario departamental del Sindicato Único Gastronómico y Hotelero del Uruguay (Sughu) en Maldonado, esperaba a unos 500 trabajadores esa tarde. Sus expectativas no eran desmedidas si se toma en cuenta que en temporada alta en Maldonado el sector emplea a unas 40.000 personas y en temporada baja a unas 12.000. Si bien el nivel de afiliación está lejos de esos números, el sindicato logra agremiar a cerca de 5.000 trabajadores, aunque los “cotizantes permanentes” son unos 1.000.
“Lo que pasa es que en estos días nadie quiere perder las propinas”, explicaba Jorge González, presidente del Sughu a escala nacional, mientras caminaba junto a sus compañeros de Maldonado. Para Andino, la poca asistencia se debió también a que decidieron no acompañar la medida con un paro y por eso dependían mucho de la participación de los trabajadores de las empresas más grandes. En algunas de ellas, como Solanas, Enjoy Conrad o el Argentino Hotel de Piriápolis, el sindicato logró firmar convenios bipartitos y eso condiciona a sus afiliados.
A eso se suma que el sindicato está haciendo sus primeras armas en este tipo de movilizaciones porque es la primera vez que se quedan sin convenio colectivo. El año pasado, cuando todavía peleaban por un acuerdo tripartito con el gobierno y los empresarios en los Consejos de Salarios, estuvieron una semana entera acampando en la Plaza de las Américas, al inicio de la avenida Gorlero.
“Fue un desgaste impresionante”, recuerda Andino. Este año, ya con los lineamientos salariales aprobados con el voto del gobierno y los empresarios, las condiciones cambiaron y el sindicato hizo lo que estuvo a su alcance. “El objetivo está cumplido porque estuvimos ahí denunciando la situación”, opinó.
El lobby de los “llorones”.
Los trabajadores gastronómicos y hoteleros, según contó Andino, ganan en promedio unos $ 16.000 nominales. Esos son los salarios “de miseria” que denuncia el parlante desde la caja de la camioneta que maneja el propio secretario departamental del sindicato encabezando la movilización. En su opinión, la diferencia entre los salarios y la realidad del sector “rompe los ojos por todos lados”.
“No tienen cómo tapar el sol con el dedo. Es una actividad que está totalmente en alza, con esos salarios y encima con todas las exigencias que tenés para los puestos, como inglés para un recepcionista. No tiene relación querer dar un servicio de calidad y pagar esos salarios”, afirma.
La molestia del sindicato no es solo con los empresarios, también es con el gobierno y, en particular, con el Ministerio de Turismo. Las diferencias comenzaron cuando a mediados de 2015 comenzaba la 6ª ronda de los Consejos de Salarios y los empresarios reclamaban que se los categorizara como sector “en crisis”. Andino recuerda que tanto los empresarios como el gobierno sostenían que vivirían la “peor crisis de los últimos años” y esperaban una temporada “nefasta”. Pero eso no sucedió.
Semanas atrás, el Ministerio de Turismo hizo pública la “cifra histórica” que dejó la actividad en 2016. A lo largo del año llegaron a Uruguay 3,3 millones de visitantes extranjeros, sin contar a los que ingresaron por cruceros. Ese registro significó un aumento interanual de más de 12% y logró quebrar el récord alcanzado en 2011, cuando el presidente José Mujica simbólicamente había recibido al “turista tres millones”. Sobre los primeros días de esta nueva temporada las cifras oficiales hablan de un aumento de casi 25% en la cantidad de visitantes durante los primeros 10 días de enero (Búsqueda Nº 1902).
Los resultados de la industria del turismo molestaron todavía más al sindicato por el resultado de la negociación salarial. Aunque finalmente el sector fue categorizado como “medio”, Andino asegura que gracias al acuerdo votado por el gobierno y los empresarios los trabajadores gastronómicos y hoteleros ya perdieron entre un 1,3% y un 1,8% de salario respecto a la inflación.
“Las pautas han sido nefastas y la intervención del Ministerio de Turismo ha sido siempre aceptar el lobby que hacen las cámaras de Turismo. La Cámara Uruguaya de Turismo es muy fuerte y ellos aceptan el lobby. Lloran y se les da y los trabajadores vamos al palo”, concluye.
González comparte la disconformidad con la gestión del Ministerio de Turismo, que pocas veces se acuerda de los trabajadores. Según cuenta, la situación de los trabajadores en Maldonado es idéntica a la de los del resto del país. Los salarios rondan los $ 16.000 nominales en todo el sector e incluso, asegura González, ni siquiera varían acorde con la realidad de las empresas. Como ejemplo, sostiene que el personal de limpieza de una pensión suele cobrar lo mismo que el de un cinco estrellas o un seis estrellas, como el Hotel Fasano de Punta del Este.
La estrategia del sindicato para intentar mejorar las condiciones salariales es desarrollar medidas de lucha en distintas ciudades y al mismo tiempo negociar acuerdos bipartitos con las empresas que muestren apertura. González sabe que esta última alternativa es un arma de doble filo porque al mismo tiempo que puede implicar mejoras para algunos trabajadores, hace que después sea difícil convencerlos de que participen en las medidas de lucha para mejorar las condiciones generales.
“Es lo que pasó el otro día en Punta del Este”, lamenta.