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    Los transgénicos son la aceleración de un proceso “natural” que permite enfrentar los cambios climáticos

    Según sostiene Eduardo Blumwald, científico y profesor de la Universidad de California, en Davis, los transgénicos son “una forma de hacer injertos que es totalmente segura y que no generan ningún problema”. Ve a Uruguay en buena posición en este campo y recomienda trabajar en la elaboración de productos resistentes al calor

    El cambio climático llegó para quedarse. Su variabilidad se intensificó, y las sequías e inundaciones que provoca representan un nuevo desafío para el agro en Uruguay y el mundo. Para el científico de la Universidad de California, en Davis (Estados Unidos), Eduardo Blumwald, la única respuesta a este problema está en la modificación genética de los alimentos, lo que, según piensa, es la “aceleración” de un proceso natural.

    “Los transgénicos son una forma de hacer injertos que es totalmente segura y que no generan ningún problema. Existen productos alterados genéticamente hace 25 años y no ha habido ni siquiera un caso de alergia”, aseguró a Campo de Búsqueda ese especialista en ciencias de las plantas. “Nosotros aceleramos” un proceso que es natural, y “lo hacemos más rápido y enfocado a un gen en particular”, precisó.

    La investigación debe apuntar a lograr cultivos más eficientes, dice el experto

    Pero no todos hacen la misma valoración. En Europa, los alimentos alterados genéticamente no encuentran su lugar entre los consumidores. De hecho, la empresa multinacional alemana BASF, dedicada a la investigación de productos transgénicos, dejó de realizar la mayoría de sus actividades en ese continente y trasladó sus trabajos a América del Sur y Estados Unidos, donde encontró mayor aceptación entre la población y el sistema político.

    Las lluvias, y no solo el aumento de la temperatura, es un problema para los agricultores, sostiene Blumwald

    La excepción en Europa es España, el único país en donde se plantan grandes extensiones de transgénicos.

    “¿Puede ser que los europeos sean más inteligentes que los americanos o que los latinos?”, se preguntó Blumwald. Y respondió inmediatamente que no. En opinión del científico y profesor universitario, la resistencia a los productos transgénicos en Europa está ligada a lo político y económico, no a cuestiones éticas o de salubridad.

    “Lo que pasa es que Europa es un continente mojado. Hay mucha peste y mucha enfermedad para las plantas”, describió. Y explicó que por ese motivo “necesita químicos”.

    Según el académico, las compañías que fabrican químicos “dan dinero” a los grupos de ambientalistas para que militen contra las empresas que producen alimentos transgénicos y que ponen “en riesgo” su negocio, mientras que “en Estados Unidos la situación es al revés”.

    “A su vez, ‘los verdes’ (movimientos ecologistas) están en contra de las multinacionales. Pero mucha gente lo está”, y “no hay que matar al mensajero porque no me gusta el mensaje”, sugirió. El hecho de que las multinacionales obtengan ganancias por vender productos transgénicos “no quiere decir que estos sean malos”, argumentó.

    No obstante, pese a la resistencia, está cerca de habilitarse en Europa el uso de un segundo producto transgénico: el maíz TC1507, que lleva 12 años en trámites. En 2010 BASF recibió el visto bueno para cultivar el organismo genéticamente alterado de “patata Amflora”.

    El especialista de la Universidad de California sostuvo que sin el uso de productos alterados genéticamente en el futuro no muy lejano será imposible satisfacer la demanda de alimentos a nivel internacional. La población mundial está en constante crecimiento y se estima que en el 2050 superará los 9.000 millones de habitantes, frente a los 7.000 millones que viven hoy: “Esto es muy serio”, enfatizó.

    Uruguay bien posicionado

    En opinión del académico, Uruguay tiene condiciones para enfrentar las sequías e inundaciones que suponen el cambio climático. “Una de sus cualidades es que posee programas de mejoramiento que viene aplicando hace mucho tiempo”, al igual que Brasil y Argentina. “Hay que unificar las prácticas de mejoramiento con la bioteconología para transformar esas líneas de cultivo que se adaptan más a lo que nostros queremos. Hacer de esos cultivos algo más eficiente”, apuntó. Y afirmó: “Un injerto es algo natural, y la biotecnología es hacer injertos”.

    “En el caso de Uruguay hay que elaborar productos resistentes al calor”, sugirió, y destacó que en este proceso, tanto el papel de las universidades como del sector privado en general es “fundamental”. Señaló al respecto: “Las empresas deben de ayudar a los académicos” y, a su vez, estos “deben obtener resultados que las empresas puedan aprovechar. Se necesitan patentes e invetigación, y los investigadores no tienen chacras”.

    Uruguay se ubica en el puesto número 10 del ranking mundial de los países que más alimentos transgénicos producen; en 2012 se llegó a 1,4 millones de hectáreas, citó Blumwald. En la región, solo es superado por Brasil, Argentina y Paraguay; Estados Unidos lidera dicho ranking.

    La temperatura y el agua

    Blumwald insistió en que “el cambio climático no se puede frenar” y que “ya existe”. Según dijo, basta mirar la cantidad de inundaciones que hubo este año “para darse cuenta. La tierra se está calentando”.

    En 300 años la temperatura aumentó 1ºC, pero el mayor incremento se produjo en los últimos 50, señaló el académico. ‘“O sea, la concentración de anhídrido carbónico (CO2) ocurrió principalmente en la última mitad de siglo”, precisó. Para ilustrar la relación entre ese gas y la temperatura, el científico relató un experimento que se realizó en Estados Unidos: en una zona agrícola del Estado de Illinois se seleccionó un predio para aplicarle una concentración mayor de CO2 que la del resto del campo. El segmento escogido registró una temperatura 1,4ºC más elevada por efecto del gas.

    Solo en Illinois “las pérdidas que se producen en el cultivo de maíz por efecto de una ola de calor transitoria asciende a U$S 120 millones por año”, graficó Blumwald.

    “Para nosotros, si sube un grado más usamos el aire acondicionado” y “no parece significativo”, comentó. Pero “para las plantas éste aumento es muchísimo. Los granos se ven significativamente afectados”, lamentó.

    El incremento de la temperatura no es el único problema que el cambio climático plantea para los agricultores y las lluvias también forman parte del desafio.

    “Agua va a haber, el inconveniente es que no va a venir cuando uno la espera”, indicó el científico argentino radicado en California. “Ya no se puede organizar un asado porque no se sabe cuándo va a llover”, bromeó. Pero luego agregó con más seriedad: “En todos los lugares donde llovió hubo inundaciones” que generaron “pérdidas enormes”. Según datos que manejó Blumwald, cada año se pierden cuatro millones de toneladas de arroz con las que se podría alimentar a 30 millones de personas.

    Las heladas, por su parte, no representan un problema ya que, señaló “los inviernos son cada vez más cortos”.

    Una visita por Mujica

    El científico Edward Blumwald estuvo en octubre en Uruguay para realizar una presentación en el marco de la inauguración de una Plataforma de Investigación e Innovación en Biotecnología aplicada a Genómica Animal y al desarrollo de los bioinsumos del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria. El especialista tenía otros compromisos, pero accedió a ser uno de los oradores porque se enteró de que el presidente José Mujica iba a participar en el evento, según dijeron los organizadores. “¿Se fue Pepe? Lo voy a saludar antes de que se vaya”, comentó a uno de los periodistas de Campo de Búsqueda.

    Blumuald nació en Argentina, pero emigró siendo niño y actualmente es profesor de biología celular en la Universidad de California, en Davis, Estados Unidos, donde reside.

    Con el mandatario uruguayo comparten la inquietud por la ciencia.

    “(...) Escalón a escalón el Uruguay va acumulando conocimiento, docencia”, dijo el presidente al hablar en la inauguración de las nuevas instalaciones, que demandaron una inversión cercana a los U$S 2 millones.

    Y agregó: “En las ciencias biológicas no vale solo lo universal. Obviamente que existen claves comunes, pero la investigación local tiene una importancia decisiva, porque cada suelo, cada clima, tiene peculiaridades, y por lo tanto, todas las familias y aspectos que se relacionan obligan a tener un compromiso científico más claro”.

    Mujica tiene un discurso a favor del “Uruguay agrointeligente” desde antes de ocupar el cargo de jefe de Estado.

    Siendo ministro de Ganadería y tras un viaje a Nueva Zelanda, afirmó en una entrevista con radio El Espectador: “Nada se trasplanta pero esa es la imagen que yo tengo de país agrointeligente, coherente con lo que es. En Uruguay somos una cosa parecida pero en el fondo es como si no quisiéramos serlo. Tenemos un divorcio y nos creemos que el campo es igual a atraso”. Un laboratorio que visitó en esa gira lo maravilló: allí se trabajaba en la mejora genética de pinos resistentes al cambio climático.

    El gobierno patentará a nivel internacional genes resistentes a la sequía

    Por primera vez el gobierno uruguayo decidió patentar a nivel internacional los resultados de una investigación que permitió identificar dos genes resistentes a la sequía.

    El registro lo realizará el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (Inia), en Estados Unidos (EEUU) y en otros países, adelantó a Campo de Búsqueda la encargada del Laboratorio de Biología Molecular Vegetal de la Facultad de Ciencias, Sabina Vidal.

    Además de esa investigadora, el grupo de técnicos que trabajó en el proceso de identificación de los genes en cuestión está integrado por Juan Pablo Gallino, también de la Facultad de Ciencias, Esteban Casaretto y Omar Borsani, de la Facultad de Agronomía, y Victoria Bonecarrere, del Inia.

    En agosto de 2012 esos investigadores habían logrado separar un conjunto de genes que manifestaron tener resistencia a situaciones de escasez hídrica (ver Búsqueda Nº 1.675).

    El trabajo siguió y tuvo nuevos resultados. Las instituciones involucradas en la investigación determinaron que “hay dos genes potencialmente patentables, porque no hay trabajos publicados hasta ahora”, explicó Vidal.

    En este caso la patente internacional se registrará en EEUU y en los países miembros del Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT, por su sigla en inglés), concertado en 1970 y administrado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). Para eso el gobierno uruguayo deberá suscribir dicho tratado, al igual que lo hicieron más de 140 países hasta el momento.

    El ministro de Ganadería, Tabaré Aguerre, dijo que “hay una empresa transnacional que quiere comprar la patente” de los genes identificados en soja, publicó el viernes 8 “El Observador”. Añadió que “la decisión política es no venderla”. Y argumentó: “No porque pensemos que vamos a poder hacer lo mismo que la Bayer o la Monsanto, sino porque a partir de trabajar en ese proyecto tenemos la oportunidad de construir nuestra capacidad científica”.

    Consultada por Campo de Búsqueda al respecto, Vidal se negó a dar el nombre de la empresa y señaló que el interés al que aludió Aguerre “no involucró solo a los dos genes de soja resistentes a la sequía sino a toda la colección de genes e información producida”. Aclaró que “fue una manifestación de interés, no fue una oferta de decir tantos millones de dólares por esto”.

    Para los investigadores, según dijo Vidal, uno de los aspectos más importanes es que “Uruguay, institucionalmente, tomó la decisión de proteger la invención”.

    Los pasos siguientes

    “Si se llegará a obtener un producto no sé, eso se verá después. Pero se tiene la posibilidad de hacerlo en la medida en que se lo proteja”, comentó. Al destacar la relevancia del valor generado hasta el momento y las implicancias que puede tener para el futuro, esa investigadora consideró que el país “puede venderlo después o le puede servir para negociar o posicionarse de otra manera en acuerdos con empresas”.

    Luego de definir el registro de la patente, un siguiente paso que deberá determinar el gobierno es lo relativo al financiamiento del mismo y la continuidad de la investigación. Ese aspecto continúa pendiente, aunque hubo algunas señales de apoyo al trabajo de parte de la Mesa Tecnológica de Oleaginosos, una instancia que nuclea unas 17 empresas agrícolas, al Inia, al Laboratorio Tecnológico y a la Facultad de Agronomía. La idea en concreto es la creación de un consorcio público privado para fomentar este tipo de investigaciones, informó.

    Vidal recordó que la investigación se generó en el marco del proyecto Biotecsur (Biotecnologías del Mercosur), financiado por la Unión Europea y desarrollado en 2009 y 2010. Los investigadores uruguayos trabajaron con variedades de soja provenientes de la estación experiemental Obispo Colombres de Tucumán, en Argentina.

    Agro
    2013-11-21T00:00:00

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