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Luego de “Amar la trama”, el muchacho de Punta Gorda dio tres pasos inéditos: hizo música interactiva para su aplicación de vanguardia llamada “N”, compuso una pieza para el Ballet Nacional y fue el Pregonero del carnaval de Cádiz. Ahora vuelve a sugerir en modo imperativo.
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El título de su décimo disco de estudio remite a ese comportamiento humano ancestral: el baile es el común denominador de esta oncena de canciones. Y allí está la novedad. Nunca antes en su cuarto de sigo de carrera, el ritmo y la percusión habían tenido tal protagonismo en un disco. El groove del bajo que machaca en la canción que da nombre al disco se repite en “Bolivia”, una nueva versión de la peripecia de sus abuelos escapando del nazismo, como un mantra tribal. Un tema recurrente en Drexler, pero con un encare musical radicalmente distinto. Lo mismo sucede con “Data Datos”, canción hermana de “Parabéns”, de “Abraçaço”, el último disco de Caetano.
Tal poder rítmico no es casual: la base del álbum fue grabada en Colombia por Drexler y sus productores Carles Campón y Sebastián Merlín, junto a Mario Galeano, de Ondatrópica, y Bomba Estéreo, colectivos que han catapultado la música colombiana a escala global. La influencia cafetera alcanza el arte de la portada, una especie de caleidoscopio esférico del artista plástico Mateo Rivano.
Drexler profundiza su incursión en sonoridades afroamericanas, especialmente con el berimbao y la percusión, preámbulo de la intervención de Caetano Veloso en versos sobre el vaivén entre Europa y América, otro de los asuntos favoritos del mundo drexleriano. La rapera francochilena Ana Tijoux brilla con su fraseo callejero en “Universos paralelos”, tonada de aires flamencos y candomberos en la que Drexler va por la zona alta del pentagrama. Sin embargo, en el resto del disco no usa esos tonos agudos que han marcado su carrera y se planta en el medio de su registro, como un barítono. Además, consolida los arreglos de vientos en la formación, que dan un toque clásico a las canciones y ofician de contrapeso a la experimentación predominante.
Este giro de timón hacia la región centroamericana podría ser interpretado como una estrategia comercial para ingresar al enorme mercado latino. De hecho, Eduardo Cabra, cerebro sónico de Calle 13 es el productor sonoro en “Todo cae”. Pero basta una escucha para comprobar que hay mucho más arrojo que especulación.
No está en el disco, pero vale la pena ver el flamante clip de “Universos paralelos”, dirigido por David Trueba, quien actúa junto al uruguayo, los músicos españoles Javier Limón y Buika y el locutor estrella Toni Garrido.