La congregación tiene hoy diez instituciones: cuatro parroquias, dos colegios y una universidad en Montevideo, y dos parroquias y un colegio en Tacuarembó. En las cuatro instituciones educativas, cerca de 10.150 alumnos estudian cada año.
Fundadores.
“En el primer asentamiento europeo en la Banda Oriental ya están los jesuitas”, resaltó Julio Fernández Techera, historiador y sacerdote jesuita que trabaja en la Universidad Católica y en el Colegio Seminario, para comenzar a explicar la larga historia de la congregación en Uruguay. En 1680, con la expedición portuguesa que fundó Colonia del Sacramento, vinieron los primeros sacerdotes de la Compañía de Jesús.
“En la ciudad instalaron el primer centro educativo que hubo en Uruguay que fue el colegio San Francisco Javier”, contó Fernández Techera.
Los jesuitas, según el historiador, también estuvieron en la fundación de Montevideo, donde “llegaron con los indios para construir las murallas de la ciudad, en 1724”. Pero como “los indios ahí se rebelaron y hubo problemas con los españoles”, los jesuitas no se establecieron hasta 1745.
Una vez instalados, fundaron el colegio San Estanislao de Kostka, situado en la calle Rincón, frente a la Plaza Matriz, donde hoy funciona el Ministerio de Transporte.
La historia de los jesuitas es también una historia de expulsiones, a la que no escapó su travesía aquí. A mediados del siglo XVIII la congregación sufre, según Fernández Techera, una serie de expulsiones “en cascada” de Portugal, Francia, España, Nápoles, Parma. Incluso, el historiador contó que en 1773 la Compañía de Jesús fue “suprimida” por el papa Clemente XIV, presionado por las monarquías que ya los habían expulsado.
Al ser echados de Portugal y España, los jesuitas debieron abandonar también sus colonias. Así fue que en 1758 son expulsados de Colonia del Sacramento y en 1767 de Montevideo.
A Montevideo volvieron en 1841, en plena Guerra Grande y permanecieron en la ciudad sitiada, liderada por Fructuoso Rivera, pero sólo duraron 18 años más. En 1859, durante el gobierno de Gabriel Pereira, la congregación volvió a ser expulsada.
“Había una situación de tensión entre masonería y catolicismo. Un sacerdote jesuita hace un sermón el día de la Epifanía —día de Reyes— en el que dice que la filantropía es la cara falsa de la caridad. Le atribuyen que dijo eso... Y filantropía era la forma en que llamaban los masones al servicio social”, relató Fernández Techera.
El historiador recordó que el episodio desató un intercambio entre “el superior” de la congregación y el presidente Pereira, y finalmente son expulsados. En ese momento la Compañía tenía la Iglesia de la Caridad —donde hoy es el Hospital Maciel— y estaban por inaugurar un colegio en Santa Lucía.
“En realidad los expulsados fueron cuatro”, detalló Fernández Techera para dar una idea del tamaño de la congregación.
Los jesuitas regresaron a Montevideo en 1872, esta vez para instalarse definitivamente. Ocho años después fundaron la primera institución de la Compañía que funciona hasta hoy: el Colegio Sagrado Corazón (Seminario).
“No ambicionar”.
Una de las sorpresas del nombramiento de Bergoglio como Papa fue la congregación a la que pertenece. La escasa participación de miembros de la Compañía de Jesús dentro de la Iglesia tiene una explicación clara en sus orígenes.
“En la intención de San Ignacio no debe haber ningún obispo ni cardenal jesuita. Y en vida él luchó y batalló para que así fuese (...) En su época eran cargos que tenían una cuota de poder y riqueza muy significativa. San Ignacio quería que la Compañía estuviera fuera de eso y en vida de él no se hizo ningún obispo ni cardenal”.
El rector de la Universidad Católica, Eduardo Casarotti, Copetti y Fernández Techera explicaron que para “ordenarse” los jesuitas hacen votos de “no aceptar y no ambicionar cargos eclesiásticos excepto que lo mande quien puede hacerlo bajo pecados (el Papa)”. La primera parte del voto obedecía a que en los orígenes de la congregación los cargos de obispos y cardenales muchas veces eran designados por las monarquías.
La poca participación en cargos jerárquicos dentro de la Iglesia tiene su correlato en Uruguay. Sólo hay tres casos de obispos jesuitas: Carlos Mullin (Minas), Daniel Gil (Tacuarembó y Salto) y Luis del Castillo (Auxiliar de Montevideo y titular de Melo), todos después de la década de los 70.
“El hecho de tener un Papa jesuita es una novedad en la historia de la compañía y creo que también una excepción”, aseguró Casarotti por las características de la congregación.
El rector del Colegio Seminario cree, en cambio, que el aumento de la participación en cargos jerárquicos obedece a “una visión” de que hoy acceder a esos lugares “no tiene una connotación de poder ni de riqueza” como antes. “Creo que es un cambio en cómo entendemos la misión y el servicio. Hoy se entiende que hay otros servicios en la Iglesia que se le pueden pedir a un jesuita distintos a los de otro tiempo”, reflexionó Copetti.
“Políticos”.
“Son religiosos verdaderamente políticos”, definió André Chevitarese, profesor de historia en la Universidad Federal de Rio de Janeiro, especializado en catolicismo, consultado por Búsqueda.
Su historia de expulsiones muestra choques con gobiernos y con la propia Iglesia, que incluso llegó a suprimirlos. El papa Francisco también protagonizó enfrentamientos con el kirchnerismo, mientras fue arzobispo de Buenos Aires.
“Desde el punto de vista político, la Compañía no tiene ninguna opinión propia, sólo las implicancias que tiene ser católico y cristiano para la vida social, política, económica”, aclara Fernández Techera.
Los rectores de la Universidad Católica y del colegio Seminario coinciden en dos aspectos que hacen que los jesuitas tengan participación en temas “públicos” o de “política general”: el grado de formación de los jesuitas y tener una universidad.
“Son gente muy formada que tiene a veces una palabra incisiva interpelante que hace a la cuestión pública”, opina Copetti. En el mismo sentido, Casarotti cree que “los largos estudios” y “conocer distintas regiones del mundo” hace ver a los jesuitas “que las cosas se pueden hacer de otra manera”.
Aunque no cree que “estrictamente” los jesuitas tengan una mayor tendencia política que otras congregaciones, Copetti considera que “estar involucrados en la educación terciaria” los acerca más a “la cuestión pública”.
“Una universidad no es una parroquia. Y como universidad tenés que opinar sobre temas, con presencia, con conocimiento y generando pensamiento y opinión. Cuando se hace eso siempre entrás en el terreno político, no de la lucha partidaria sino el de la política general”, sostuvo, en coincidencia, Casarotti.
La fundación de la universidad es para el rector un ejemplo de lo que los jesuitas entienden por “ver las necesidades de un lugar” en el que están y “responder liderando un cambio”. En su opinión, la Universidad Católica propició la aparición de otras universidades privadas y que “se abriera también el sistema público”.
“Para mí es lo más importante que pasó en la matriz educativa en los últimos 30 años”, enfatizó.
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2013-03-21T00:00:00
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