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    Massa, Milei y las políticas culturales: el infierno tan temido

    Los argentinos nos acercamos al balotaje que decidirá quién es presidente después de unas elecciones que, con propuestas muy deficientes, evidenciaron el deterioro de la política argentina de los últimos años. Parece difícil estar conforme o entusiasmado con cómo se dieron las cosas en una elección que se definió en buena medida entre quienes no querían perder lo poco que tenían y los que querían que explote todo porque no tenían nada que perder. Para buena parte del electorado peronista la sola posibilidad de apoyar a un candidato como Sergio Massa hace menos de un año resultaba insoportable (su opositor en la interna llegó a llamarlo “mentiroso” y “vendepatria”) pero seguramente ahora, después de la excelente elección que hizo, estarán más inclinados a defenderlo. El electorado de Javier Milei estaba convencido de que ganaba en primera vuelta pero debió digerir, después de varios errores de campaña, un cómodo segundo puesto que, de todas maneras, le da otra oportunidad con el balotaje. Finalmente, Juntos por el Cambio, la tercera fuerza que obtuvo un poco más del 20% y que hace un año parecía destinada a gobernar el país, tendrá que conformarse con elegir entre dos opciones que en su momento rechazó.

    La encrucijada ante la que se encuentran los votantes es ardua: o apoyan la continuidad del populismo y de un gobierno con más de 100% de inflación anual y que ha sido inoperante en casi todas las áreas o se inclinan por la llegada al poder de un espacio político nuevo, sin una estructura preparada para gestionar la cosa pública y con un líder (Milei) de ideología anarcoliberal que oscila entre la furia, la iconoclastia y el delirio (características que, de todos modos, le han otorgado un gran éxito en las redes y entre los más jóvenes). Sin embargo, para la gente ligada a la cultura en sus formas más orgánicas no existe un debate en la opción del balotaje porque votar a Milei sería colaborar a su propia destrucción. Por supuesto que hay gente de la cultura que vota a Milei pero seguramente llevada por otras razones que no son las políticas culturales propuestas por su espacio. ¿Cómo sería el gobierno de Milei en materia cultural? Es difícil predecirlo pero podemos sospechar de algunas medidas si nos guiamos por lo que han dicho durante la campaña.

    La crisis económica que sufre la Argentina hace más de 10 años llevó a que el tema central de la campaña haya sido la economía. En ese terreno, Milei se movió con más soltura que los demás candidatos, dado que es economista de profesión y tiene un destacado desempeño académico. Sin embargo, la cuestión económica en Milei estuvo dominada a su vez por el criterio de la rentabilidad. Todas las zonas de la economía que no estuvieran regidas por el beneficio de la renta de capital se convirtieron en sospechosas y, desde ese argumento, no es casual el ataque a iniciativas culturales que, solventadas desde el Estado, suponen un gasto.

    Fanático de la ópera, sería interesante preguntarle al libertario qué haría si el Teatro Colón estuviera bajo su órbita, ya que su funcionamiento se lleva buena parte del presupuesto en cultura de la ciudad. Según sus principios (Milei es un anarcolibertario que piensa que el Estado es el enemigo del hombre libre), debería ser de gestión privada pero parece difícil imaginar que haya en la Argentina inversores privados decididos a sostener una estructura tan onerosa.

    En la plataforma electoral de La Libertad Avanza el tema de la cultura no aparece (es más, la palabra cultura aparece mencionada una sola vez y de un modo lateral). Sí hay un apartado para la educación en el que se propone “la eliminación del monopolio de la gestión estatal” y se hace un diagnóstico del sistema educativo que estaría, según ellos, “cooptado por ideas de extrema izquierda”. Ambas observaciones resultan sorprendentes: ¿en qué medida se puede usar el término monopolio para referirse al hecho de que el Estado regula la actividad, que en la actualidad se hace en una relación fluida con escuelas privadas que actúan de manera autónoma? ¿O qué pruebas pueden presentar de que la currícula escolar es de “extrema izquierda”? Salvo que la existencia misma del Estado sea, para Milei y sus seguidores, un fenómeno catastrófico y, por lo tanto, de izquierda: “Entre la mafia y el Estado —dijo en un programa de televisión— prefiero a la mafia. La mafia tiene códigos, la mafia cumple, la mafia no miente, la mafia compite” (fuente: 679 Evolución).

    En relación con la cultura y la investigación, sus activistas ponen en circulación en las redes críticas despiadadas al Conicet (el organismo que se ocupa de la investigación científica) y expresan su intención de desfinanciar al Incaa (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales). Utilizan a menudo la expresión “con la nuestra” para describir cualquier actividad subvencionada con fondos estatales y que no es de su agrado. Todo esto hace pensar que, una vez llegados al gobierno, atacarán a todos aquellos artistas que recibieron algún pago desde los diferentes gobiernos, y esto puede abarcar festivales, recitales, películas, bibliotecas, talleres y otras iniciativas. De hecho, la candidata a la vicepresidencia Victoria Villarruel acusó nada menos que a Lali Espósito, una de las cantantes más exitosas del momento, de “llenar su billetera con el Estado”. En una discusión con Juan José Campanella, el director de la ganadora del Oscar El secreto de sus ojos, la flamante diputada electa Lilia Lemoine por La Libertad Avanza le dijo por Twitter: “Juanjo, vamos a cerrar el Incaa”. Lo que la candidata tal vez no sabe es que el cine es financiado por el Estado desde 1943 y que ninguno de los gobiernos, aun de las dictaduras, han dejado de hacerlo. Cerrar el Incaa, algo de todos, es muy difícil porque habría que derogar la ley de 1994, implicaría la bancarrota de la producción audiovisual y el abandono de una tradición que pudo haber sido deficitaria en términos de gasto público pero que implicó beneficios inmensos en diversas áreas, como la proyección internacional de figuras del espectáculo, la difusión de la marca Argentina o la formación y el perfeccionamiento de técnicos y profesionales, por mencionar solo algunas.

    Algunas propuestas de Lilia Lemoine, quien llegó a la política porque es la maquilladora de Milei, dan una pauta del tipo de temas que los libertarios instalaron en la campaña y pusieron al tope de la agenda de discusión. En una entrevista con la periodista Guadalupe Vázquez, Lemoine dijo que iba a impulsar una ley para que los hombres tengan el derecho de renunciar a la paternidad. Justificó el proyecto con dos argumentos: en primer lugar, que con la ley de la legalización del aborto “las mujeres tienen el privilegio de matar a sus hijos”, y eso deja a los hombres en desventaja. En segundo lugar, porque “hay mujeres que se aprovechan en medio de la calentura y le pinchan un forro” a los hombres y estos se convierten en padres sin su consentimiento.

    Cada vez que aparece el tema cultura en el discurso de los libertarios es para asociarlo al gasto superfluo. No se conoce mucho de su equipo en cultura, aunque sí Milei ha dicho que pensaba en Martín Krause para el Ministerio de Educación y en el científico Daniel Salamone para el Conicet. Especialista en temas de economía, Krause se hizo conocido porque dijo que los argentinos son ineficientes y puso como ejemplo de eficiencia la matanza de judíos que habían llevado adelante los nazis. Según él, “si la Gestapo hubiera estado manejada por argentinos hubieran muerto muchos menos”. No se entendió si quiso hacer una crítica de los argentinos o un elogio de los nazis, o ambas cosas a la vez. Daniel Salamone, en cambio, es un científico de alto nivel, especializado en clonación, que ha hecho un trabajo excepcional en el campo científico. Sin embargo, parece difícil compatibilizar sus opiniones con las de Javier Milei, quien sostuvo que, de llegar al poder, “el Conicet, como existe hoy, no va a existir más. Vamos a limpiar lo que ensucia lo que escriben estas estupideces” (se refiere a proyectos del área de humanidades y ciencia sociales). Como los proyectos de investigación del Conicet exigen cumplir con cuestiones éticas y ambientales, Salamone ha hecho mucho hincapié en el cuidado con que lleva a cabo sus experimentos. Esto tampoco parece compatible con la negación del cambio climático de Milei o la propuesta de Berti Benegas Lynch y su padre Alberto Benegas Lynch (el referente ideológico de Milei), quienes sostuvieron que “el problema del medio ambiente se resuelve con asignación de derechos de propiedad”. Según Benegas Lynch hijo, “las gallinas no se extinguen, a diferencia de las ballenas, porque tienen alambrado” y, por lo tanto, recomienda “la privatización del mar”.

    Otro tema conflictivo es el qué harán los libertarios con las instituciones gubernamentales dedicadas a los derechos humanos. Son muchísimos los sitios que se dedican a preservar la memoria histórica de la represión y del terrorismo de Estado, y tal vez el más importante sea el Espacio Memoria y Derechos Humanos, que funciona en lo que fue la Escuela de Mecánica de la Armada (donde estuvo uno de los mayores centros de detención clandestina). Allí funciona el Centro Haroldo Conti, en el que se desarrollan exhibiciones y cursos: ¿qué actividades propondrá un eventual gobierno libertario? Este tema está delegado en Victoria Villarruel, quien desde hace años viene defendiendo a los militares y afirma que no se ha hecho justicia con las víctimas de las agrupaciones guerrilleras. Y si bien este argumento resulta atendible, su discurso y el de Milei sostienen también la idea de que en la última dictadura militar hubo “excesos” y “una guerra”, lo que contradice todo lo realizado por la Argentina en materia jurídica, que fue ejemplar e inédito (son pocos los países que pueden enorgullecerse de haber sentado a los dictadores ante la Justicia). Sin embargo, parece que La Libertad Avanza quiere volver a discutir este tema no alrededor de si la política de derechos humanos fue la adecuada, sino poniendo en cuestión la categoría misma de los derechos humanos (en el debate presidencial, por ejemplo, Milei usó de modo erróneo el concepto de crímenes de lesa humanidad, adjudicándoselo a las organizaciones armadas de los años 70).

    Sin duda, la fuerza de la propuesta de Milei radica en buena medida en que la cultura y la producción artística han sido en la Argentina muy subsidiadas y que todos esos mecanismos de fomento y financiación han desplazado cuando no eliminado el rol de capitales privados o independientes. De todos modos, en la Argentina pendular las discusiones se dan sin matices y con un dogmatismo que dificulta la posibilidad de aportar soluciones más precisas, dúctiles, situadas y justas. Cobrar una entrada accesible a un museo nacional no debería ser un escándalo como tampoco que el Estado lo subvencione para garantizar su buen funcionamiento. Pero en las discusiones culturales que se dan en la Argentina parece que es una cosa u otra, y la opción que presenta el balotaje resulta, en definitiva, el efecto de una discusión que lleva años y que se caracteriza por su dogmatismo, intolerancia y pobreza conceptual.

    (*) Doctor por la Universidad de Buenos Aires, investigador de Conicet, profesor visitante en Stanford University y Universidad de Sao Paulo y escritor de numerosos ensayos sobre el cine argentino y latinoamericano.

    2023-11-01T18:10:00

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