Vivió apenas 53 años, un lapso que de todas maneras hizo rendir en infinidad de trazos, no solo aplicados a proyectos arquitectónicos. Porque Vilamajó dejó dibujos de infancia, cartas, estudios de personajes animados, diseños escenográficos y dibujos de arquitectura europea. No tuvo hijos, viajó mucho, construyó edificios emblemáticos y dibujó todo lo que pudo. Julio Vilamajó (1894-1948) estudió matemáticas y luego llegó a integrar la primera generación de arquitectos de Uruguay (egresó en 1915). Construyó la Facultad de Ingeniería, diseñó el poblado de Villa Serrana, la represa del Rincón del Bonete y edificios de gran calidad, entre los que está su propia casa, hoy abierta al público como museo, en el cruce de Sarmiento y Domingo Cullen.
Hasta el 21 de febrero de 2016 se podrá conocer una parte del acervo del arquitecto hasta ahora no difundido con la exposición Julio Vilamajó: fábrica de invención distribuida en dos puntos. El Museo Nacional de Artes Visuales del Parque Rodó (MNAV, Julio H. y Reissig y T. Giribaldi, de martes a domingos de 14 a 19) y la Casa Museo Vilamajó (Cullen 895, miércoles y sábados de 10 a 16, con visitas guiadas cada hora). Una muestra imperdible por la calidad del legado de un hombre original e inquieto.
Si bien la obra arquitectónica de Vilamajó es conocida, no resulta tan difundida su producción gráfica. “Es un dibujante asombroso, que detalla con precisión lo real e inventa mundos imaginarios. Ensaya una mirada larga. Escruta, recuerda, inventa, imagina. Construye un universo propio; con ojos serios y risueños, con una sonrisa calma”, escribieron los curadores de la muestra Laura Alemán, Mónica Nieto y Aníbal Parodi.
Fábrica de invención construye desde distintos ángulos un retrato multifacético del arquitecto. “Pone en exposición el pensamiento de Vilamajó como creador de arquitectura, y también como creador de diseño de mobiliario y dibujante de animación”, dijo a Búsqueda el arquitecto Aníbal Parodi. Se encuentran los dibujos inspirados en los viajes que realizó con el Gran Premio de la Facultad de Arquitectura, que recibió en 1920. Hay dibujos de infancia, otros vinculados a la fantasía arquitectónica o relacionados con la tradición de los caprichos italianos: espacios imaginados, inspirados voluntariamente en Giovanni Battista Piranesi y en espacios que veía en las obras en construcción con grúas, escaleras y andamios. “Hay imágenes que se pueden ver repetidas desde la infancia para quien mire con atención”, señaló Parodi.
Asimismo, Fábrica de invención reúne apenas una quinta parte de la creación de Vilamajó, el material que los curadores consideraron más significativo. La sala del MNAV se divide en siete estaciones temáticas, yendo desde la infancia hasta los documentos en los que se aprecia su caligrafía. Las estaciones con sus temas y técnicas diferentes a su vez se entrecruzan, porque hay diseños arquitectónicos, el proyecto de un edificio y sobre un borde se ve a un personaje de animación. O a un papel con un dibujo animado se agrega algo de arquitectura o una nota para recordar que tiene que comprarse camisetas. Es una exposición relativamente íntima; no es un universo pensado para exponerse.
La arquitecta Mónica Nieto es la directora ejecutiva del Museo Casa Vilamajó, vivienda familiar construida en 1930 ubicada a escasas cuadras del MNAV. “Era interesante instalar ese diálogo entre los dos museos para hacer un contrapunto. La mayoría de las obras, que son 150, están en el MNAV y otras 15 se exponen en Vilamajó. En este último caso se buscó que la obra esté integrada al espacio doméstico y a la arquitectura del lugar. Son objetos que a él le interesaban y también dibujos colgados en el mismo lugar que cuando él vivía, identificados a partir de la fotografía”, explicó Nieto. Las piezas se van descubriendo junto con la casa, que es responsabilidad de Vilamajó por excelencia, con el agregado de que es un acervo que fue recuperado hace poco, luego de que fuera robado hace dos años.
En el Museo Casa se reconstruyó una cómoda de Vilamajó para funcionar como exhibidor, con cajones donde se encuentran materiales de infancia, animación, viajes, caligrafía y obra, en este caso enriquecidos por la atmósfera de la que fue su casa.
El Archivo Vilamajó completo se encuentra en el Centro de Documentación del Instituto de Historia de la Facultad de Arquitectura. Se consolidó a partir de dos donaciones: una de la familia en 1962 y la otra del docente César Loustau y de Marta Cabral, amiga de la hermana de Vilamajó, que lo sobrevivió junto a su esposa, únicos familiares. Cabral y Loustau donaron las “valijas de Vilamajó” llenas de material, las mismas que él usaba en sus viajes.
Nieto y Parodi coinciden en definir al arquitecto como un espíritu inquieto. “Era una persona muy sociable, de muy buen humor, le gustaba mucho reunirse con amigos y estudiantes. Según los testimonios, era de buen comer, de compartir bebida, de recibir gente en su casa. Le gustaba hacer bromas, era abierto y extrovertido. En su obra gráfica se pueden descubrir rastros de humor e ironía. Aparte, era muy desprejuiciado y abierto, porque el integrador era él, no importaba de dónde llegara algo: él se encargaba de sintetizar influencias”, dijo Parodi.
Disney y animación.
Un dato singular es que admiraba la técnica y el espíritu de la animación de Disney. Tomaba los personajes para estudiar sus proporciones y movimientos y creaba otros para animaciones propias, grabaciones que ahora se intenta recuperar. Se exponen libretas con pequeños dibujos del Pato Donald, Mickey y los enanitos de Blanca Nieves.
Hacía esqueletos con líneas abstractas del movimiento de un personaje y encuadres de escenas de animación, donde se moverían. Confeccionaba libretitas de animación con dibujo cuadro a cuadro, que al hojearse rápidamente generan movimiento. Hay apuntes de cosas que leía, de viajes, de pensamientos sobre arquitectura, alguna caricatura como la de un mate animado y notas que dejaba de la vida cotidiana: “Me olvidé un libro en tal lado”.
En el MNAV se repiten algunas escenas de puerto, mar y embarcaciones, con hombrecitos minúsculos, en dibujos de los ocho años, alguno dedicado a sus padres. “Seguramente, la presencia de lo marítimo tenga que ver con la ocupación de su padre, que era un comerciante transportista de la arena que servía de lastre para los barcos”, acotó Nieto. Sin embargo, en los tópicos de Vilamajó se impone la variedad. Hay escenas de campo, construcciones con palomares, carros con caballo, gauchos. Dibujos más fantasiosos junto a otros de diseño, para observar la correlación. Están los croquis preparatorios para la represa del Rincón del Bonete en una de sus libretitas, para la que diseñó unas medallas hermosas con olas acaracoladas. Se puede ver también su aporte como integrante del Consejo de Arquitectos que proyectaron el edificio de las Naciones Unidas en Nueva York, junto a Óscar Niemeyer, con la dirección de Le Corbusier.
De sus viajes realizaba estudios con diferentes técnicas, de edificios y jardines de Sevilla, Granada, la Alhambra, el Generalife, Ávila, Tarragona, Cadaqués, Florencia y Argelia. Por ejemplo, una serie con croquis trabaja el mismo tema con aguafuertes, pastel, grabados en metal y aguatintas.
Una de sus grandes obras fue la urbanización de Villa Serrana, en Lavalleja. Fábrica de invención incluye dibujos de edificios e iconos como el Ventorrillo y El Mesón, construidos con materiales del lugar. También diseñaba mobiliarios internos de edificios, que integran la exposición.
Hay escritos de puño y letra donde el arquitecto consigna ideas sobre su profesión, como “La verdad es la belleza” o “Lo único que podemos acordar es una cosa: poner manos a la obra para hacer lo mejor”. En otro caso defiende una concepción biológica de su profesión: “La arquitectura finalmente es un acontecimiento sensorial, algo que debe ser visto de dentro y de fuera y está hecha de órganos coordinados para lograr un organismo”.
Vilamajó describe la manera especial de enfocar el trabajo que practicaba en una carta a su ex discípulo Guillermo Jones Odriozola: “Hoy es domingo. Es mi día, le llamo ‘mi día’. Lo dedico a mis cosas. Ahora estoy metido en unas litografías que espero prosperen. Hoy solo he meditado sobre ellas, pues quiero estudiar otra técnica que la que he empleado. Hace tiempo deseaba hacer esto. Algo a la manera de Piranesi, obras con elementos fantásticos, pilares, escaleras, construcciones que escalan las colinas y que descienden a los abismos, encofrados y maquinarias. Mi primera idea era hacerlas al aguafuerte. En cierto sentido el aguafuerte da un resultado más profundo. Las rayas son más nítidas y suaves al mismo tiempo y el dibujo está más metido en el papel, viene de adentro. En cambio, en la litografía, se nota más el tratamiento superficial, el dibujo está sobre el papel. Es esta dificultad que quería solucionar: meter el asunto dentro del papel”.