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    sábado 22 de junio de 2024

    Muestra de Analía Sandleris en el Museo Blanes

    Viejas y nuevas texturas

    Pertenece a la generación de artistas que se formaron a fines de los años 70, cuando el país estaba en dictadura. En medio de aquel clima opresivo, hubo espacio para la creación en talleres particulares, en alguna beca en el exterior y en la experimentación personal que se exhibió luego en muestras individuales o colectivas. Por todo ese proceso pasó Analía Sandleris, quien, como varios de su generación, estudió en los talleres de Félix Bernasconi, de Nelson Ramos y de Guillermo Fernández. Así fue creciendo como una artista de técnicas mixtas y una obra singular que combina pintura, collage y grabado con materiales de todo tipo como cartón, telas, algodón, papeles de desecho de su escritorio y hasta un pedazo de enchapado que encontró en la calle u hojas de plantas. Hasta fin de mayo se puede visitar en el Museo Blanes una muestra que abarca cuatro décadas de su trayectoria. Es una retrospectiva, pero no tanto porque el grueso de la exposición está destinada a su nueva etapa con obras nuevísimas realizadas en 2022 y 2023.

    “Tengo mucha obra, como para llenar varios museos”, le dice Sandleris a Búsqueda en una recorrida por la muestra. “Al principio la idea fue hacer una retrospectiva porque estaba en una etapa de estancamiento creativo. Pero en el proceso de revisar el pasado se fue abriendo toda una serie que tenía en la cabeza. Entonces empecé con una nueva obra y se me ocurrió hacer una minirretrospectiva como algo introductorio a la etapa más actual”. De esa forma, seleccionó cuatro o cinco obras que consideró representativas de cada década, que es lo primero con lo que se encuentra el visitante.

    En sus primeros años aparece la acuarela, el ecoline, la decoloración. Trabajaba con pluma y plumín y echaba mano a las palabras, pero no para contar algo sino como recurso gráfico, como el dibujo de las letras. Así, se asoman frases inconclusas de letra manuscrita detrás de otras formas más o menos abstractas.

    Una de sus series más atractivas tiene como protagonista a las maletas o carteras. Está allí la idea del viaje, de las llegadas y partidas, de la movilidad. “Va cambiando el envase, pero también el interior. A lo largo del tiempo trabajé mucho con esto, es como si hubiera ido llenando esas valijas”.

    A fines de los 70, Sandleris era joven, había dictadura y estaba en pleno proceso de experimentación. Investigaba mucho los materiales y trabajaba, por ejemplo, con lana virgen: ponía la tela en el piso, empapaba la lana y dibujaba con ella. Después prensaba algodón virgen y empezaba a colorear con nogalina y colorine. La figura, entonces, quedaba dibujada directamente con la lana. Después prensaba el algodón junto con trapos y lo dejaba secar. “Cuando estaba seco lo empezaba a arrancar y el desafío era hasta dónde. El algodón le daba una textura, los trapos otra”. En esa época surgieron rostros indefinidos, extraños, un poco fantasmagóricos, como surgiendo entre las tinieblas de un tiempo oscuro.

    En la selección para esta muestra aparecieron obras que nunca había mostrado, muchas de ellas integran series de collage que trabaja con material de desecho. Sandleris guarda todo, desde filtros de café de papel hasta cintas adhesivas viejas. “Uso mucho material del escritorio, de papeles que se mancharon, guardo todo, una especie de síndrome de Diógenes. También fotos originales de mi familia que estaban en esos álbumes con gente que no se sabe quiénes son. Por supuesto que también están mis padres o incluso yo misma cuando tenía un año. Pero trato de que no me quede una obra saturada por la anécdota. Voy tapando y destapando, decido qué quiero que se vea”. Su padre era filatelista y algunos de sus sellos también aparecen en algunos de sus collages.

    “Estas series de collage tiene que ver con lo que se esperaba de una mujer de mi generación, lo que había que ser y lo que había que tener en la vida”. Entre lo que había que tener es un rumbo fijo, por eso hay pájaros que no pierden el rumbo, y fotos de novias y de matrimonios, o papel film de cocina que brilla en una de sus piezas.

    En su trayectoria, ha elaborado obras de grandes dimensiones, como las que expuso en 2018 en el Museo Nacional de Artes Visuales. Son piezas en las que importa la estructura, la armonía en el espacio. “Son bastante importantes para mí los aspectos formales. Primero tengo una imagen y me cuesta mucho dejar espacios libres. Recién en lo más nuevo lo pude hacer. Siempre estaba como corrigiendo”.

    Hay obras de formato muy pequeño, hechas de cartones forrados en tela con diversos elementos pegados. En otras, dibuja con palitos tallados sobre la pintura fresca y el resultado es algo muy parecido al grabado. Y justamente el grabado es otra de sus técnicas.

    A fines de los 80, Sandleris fue becada para asistir a un taller de grabado con David Finkbeiner en Nueva York y en el entonces Museo Nacional de Artes Plásticas y Visuales. “En ese taller nos conocimos varios de nuestra generación”, recuerda. El grabado está presente en esta muestra en obras hechas con plancha de cartón con incisiones a las que le agrega otros materiales como cola vinílica con arena, por ejemplo. También usa la técnica chine collé, en la que se usan papeles entre la hoja y la plancha. Ella empleó sellos que quedan adheridos al papel y se integran con él. El resultado es delicado y muy atractivo.

    Nuevas perspectivas

    “Tinieblas caóticas, hogueras encendidas, lluvias violentas, fondos blancos como espacios desanimados o transparentes de inconfesable materialidad”. Son estos algunos de los conceptos que utiliza María E. Yuguero en el prólogo del catálogo para definir la nueva etapa de Sandleris. Sus creaciones más recientes se exponen en la preciosa sala María Freire, cuyo techo fue hace poco reparado después de sufrir filtraciones de agua. El catálogo, que intercala citas literarias de autores como Octavio Paz, Baudelaire o Azorín, está dedicado a Fermín Hontou, caricaturista y dibujante amigo de la artista que falleció en 2022.

    Sandleris regresó a las obras de gran tamaño (tienen 1,70 metros por 2,80), pero ahora lucen más despojadas de elementos. En esta etapa se atrevió a dejar espacios sin llenar, incluso a dejar marcas o “errores” y a dejar inacabada alguna obra. Son obras que cambian según lo cerca o lejos que se ubique quien las mira. Tienen una especial perspectiva, de lejos aparecen figuras u objetos que en la cercanía se pierden.

    También son obras oscuras, que atraen por su desencanto. “Lo bello es siempre extraño”, es una cita de Edgar Allan Poe que aparece en el catálogo y que muy bien se aplica a estas obras de Sandleris.

    En algunas, se atrevió con el blanco muy blanco, en su estado puro, sacado del tarro de pintura. En otras, hay rayas como barrotes atravesadas por otras horizontales que encierran algunas figuras indefinidas, aunque cobran sentido al tomar distancia. Hay una asociación inmediata con la soledad, el encierro, lo carcelario que significó el período de pandemia, pero las asociaciones pueden ser múltiples.

    Como en toda la muestra, las obras no tienen descripción ninguna, tampoco título. “La idea es que la gente tuviese un encuentro directo con la obra. Es una defensa del lenguaje visual. Una cosa es lo que escribís después de que está la obra hecha, otra es que el texto te condicione la mirada. Con la palabra se puede sostener cualquier cosa y lo que importa es el valor estético”, explica la artista.

    En estas nuevas piezas aparecen también las plantas y los paisajes, algo que se vincula con otro de los oficios de Sandleris, que es técnica en jardinería y paisajista en plazas, parques, patios y azoteas. En sus pinturas el paisaje se asoma a veces desolado, en otras salpicado de hojas. “Antes, con pincelada suelta, generaba muchas texturas. Pero ahora usé hojas de la planta esqueleto de caballo, que tiene herraduras y huecos. Como cada hoja tiene un orden, usé siempre la misma para no correr el riesgo de que me cambiara la direccionalidad”. El resultado es bellísimo. En algunas piezas las hojas son pequeñas y forman remolinos, a veces parecen pájaros en bandadas o gotas negras sobre un paisaje gris, blanco o también rojo.

    Sandleris está gratamente sorprendida de la cantidad de gente que visita el Blanes, que también está exponiendo muestras de Octavio Podestá, Silvia Umpiérrez y Linda Kohen, que el primer sábado de mayo recibió hasta las 17 horas a 600 visitantes. “La gente mira con mucha atención las obras, se toma su tiempo. Vienen familias y gente joven que va y viene por las exposiciones. Muchos hacen preguntas, los niños sobre todo hacen algunas muy buenas”.

    Hay que contribuir, entonces, con esta buena noticia e ir al Blanes, disfrutar de sus muestras y de su hermoso jardín, que es otra obra de arte.

    Vida Cultural
    2023-05-17T23:28:00