Hill destacó que los precios de algunos productos han caído y la soja no volverá a valer U$S 500 por tonelada, como ocurrió el año pasado.
“El déficit hídrico complicará aun más, cuando parecía que los rendimientos podían compensar la pérdida de precios, pero la falta de lluvias se llevó unos 1.000 kilos de soja por hectárea”, dijo.
Oholeguy, por su parte, valoró que en Fucrea se trabaja en grupo y que eso “potencia a los productores” y sus núcleos. Eso “les da la posibilidad de discutir con otros que están en la misma actividad y las decisiones están más respaldadas, lo que es una fortaleza”.
En esa organización hay 44 grupos que abarcan a 600 productores de distintas actividades, como lechería, ganadería, agricultura y fruticultura, entre otras, indicó.
La titular de Fucrea se dedica a la producción ganadera en Florida y su esposo es presidente de la Asociación Rural de ese departamento.
“Tal vez la mujer es más racional (que el hombre) y no se enloquece tanto ante los problemas, aunque esto no es algo generalizado”, opinó Oholeguy respecto a la manera de encarar situaciones complejas como las actuales.
Para Hill, el sector agropecuario es un medio en el que hay un “relativo predominio” de hombres frente a las mujeres, como por ejemplo ocurre en el Ministerio de Ganadería, donde del total de directores, que son nueve, solo dos son mujeres.
En algunas actividades del agro hay más mujeres que en otras: “En el sector arrocero no encontrás mujeres, ¡es difícil!”, comentó.
El hecho de que hoy las mujeres ocupen ciertos cargos en el agro es uno de los diferentes aspectos de los cambios que registró ese sector en los últimos 15 años, coincidieron. “La trayectoria y la capacidad de cada uno son reconocidas, como persona capacitada para ejercer la función, más allá del género”, dijo la directora de Renare. Y la titular de la AIA advirtió que “aparecieron oportunidades” para las mujeres.
La proporción de agrónomos es de 70% hombres y 30% mujeres, según datos de la caja de profesionales, dijo.
Actualmente, en la Facultad de Agronomía se inscriben más mujeres para estudiar esa carrera, comentaron.
En Fucrea el 10% de las empresas tienen a una mujer como titular, señaló Oholeguy. Contó que a veces pasa que en las gremiales o grupos de productores “nadie quiere agarrar” la responsabilidad de liderar una asociación, por el tiempo que requiere esa función, lo que obliga a dejar un poco de lado las tareas particulares en los establecimientos rurales.
Preparados‚à´
Para romper con la imagen que se tiene en la opinión pública de que “los productores son unos llorones” la titular de Fucrea dijo que si bien la situación del agro este año será difícil, los productores del agro están “mejor preparados”. “Hubo inversiones importantes en los establecimientos y los sistemas de producción han avanzado”, argumentó.
Hill comentó que “antes las crisis encontraban al productor en un sector endeudado y debilitado, y entonces la capacidad de afrontarla era otra”.
“Todo indicaría que la demanda de alimentos seguirá”, dijo y acotó que “hay que ver cómo se dan otros factores, como el clima”.
Martín consideró que para “salir adelante” ante el escenario adverso lo mejor es “la diferenciación” de productos “por calidad” y así, “conseguir mejores precios”.
“Cada productor deberá encontrar una estrategia para sobrevivir en tiempos malos, y si está en un grupo será mucho más sencillo, porque podrá socializar lo que le está pasando y en conjunto encontrar las mejores alternativas de solución a sus problemas”, planteó.
De cara a lo que puede llegar a ser el sector agropecuario en los próximos 15 años, las entrevistadas coincidieron en que no volverá a tener un período de estancamiento de 20 o 30 años, como sucedió en el pasado. Oholeguy se imagina “un agro en crecimiento, diversificado y con aumento en producción”. Pero para eso habrá que acomodar la estructura de costos internos, dijo.
Para que el agro “siga creciendo” y sea “la principal actividad de la economía del país”, Hill planteó que “las estrategias del sector privado y público tienen que ser cada vez más especializadas”.
Desde el MGAP “es clave” que el riego sea evaluado “como un insumo para dar un salto tecnológico en la producción”, sostuvo la titular de la Renare.
Lo ambiental, lo apocalíptico‚à´
Atado al futuro de la actividad agropecuaria, uno de los temas destacados por las entrevistadas es la importancia del cuidado del medioambiente, especialmente la explotación del suelo y del agua.
“Más allá de que ahora está puesto sobre la mesa con un enfoque apocalíptico, que no estoy para nada de acuerdo que hoy estemos en esa situación, pero sí a nivel de productores, Estado y profesionales tendremos que incorporar en forma seria la parte ambiental en la producción”, señaló Hill.
Planteó algunas tareas, como las de reconocer dónde están los problemas, realizar ajustes para una intensificación sostenible y trabajar en la coordinación con las instituciones generadoras de tecnologías.
Martín habló de tener “un equilibrio en lo ambiental, económico y social”.
“En cada hectárea sacar la mayor producción posible, pero siempre cuidando los recursos naturales, porque si los perdemos o los llevamos a una situación irreversible estamos frente a un problema”, advirtió.
La titular de Renare opinó que “si hay que dejar toda un área sin producir o una cuenca sin tocar porque nos da miedo, entonces nadie gana”.
“Ahí la comunidad científica, conformada por la Facultad de Agronomía, la Universidad de la República, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, tienen que generar conocimiento”, dijo.
Martín, por su parte, sostuvo que “no tiene que ser algo que el Estado obliga; ¿el productor o el agrónomo tiene que ser consciente de que eso es lo mejor para la sustentabilidad de un recurso”.
En cuanto a la aplicación de las normas legales que regulan el uso y manejo de los recursos naturales en la producción agropecuaria, Hill indicó que “si se ponen medidas y no se controla el cumplimiento, entonces mejor ni las pongas”. “Por ahora vamos despacio, con llamados de atención, apercibimientos, porque el objetivo no es recaudar con multas”, enfatizó. En alusión a las flexibilizaciones de los planes de suelos esa jerarca acotó: “Tenemos en cuenta las complicaciones con la seca (falta de precipitaciones)”.
“El productor que tiene algo para decir lo tengo que escuchar porque sabe diez veces más que yo del tema”, reconoció.
Hill dijo que la línea de base del MGAP es la confianza. “Confiamos en los productores y en los agrónomos”, señaló.
Oholeguy coincidió con la directora del MGAP y contó que días pasados fueron a su establecimiento los inspectores de la Renare para fiscalizar el campo, a partir de la presentación de los planes de suelos que exige el gobierno. “Les dije a los técnicos que me parece bárbaro que controlen”, comentó.