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    Nostalgias de mate y de Gardel

    A propósito de “Cruz del Sur”

    Aunque esta no sea precisamente una película uruguaya, el tema lo es. Está dirigida por dos españoles, uno de los directores es el protagonista y la acción transcurre mayormente en Barcelona, pero David Sanz (que también codirige) es Juan, un montevideano empleado en un laboratorio que se queda sin trabajo cuando la empresa cierra. Tiene una esposa, una hija pequeña y un padre anciano que no depende de él pese a que apenas puede encargarse de su vieja panadería de barrio. Juan es visitador médico y no tiene interés en colaborar con su padre (Walter Reyno) en la panadería, lo que solucionaría su situación de desempleado. Y su mujer (Leonor Svarcas) lo alienta para que se vaya a España a probar suerte: atrás quedan el viejo barrio, la familia y los afectos.

    Ya en Barcelona, Juan no puede encontrar un empleo acorde con su profesión, así que acepta trabajar en un bar gracias a Mariano (Jorge Temponi), un porteño chanta que habla todo el tiempo y que se hace pasar por copropietario aunque no es más que el que limpia las mesas. Allí está también Julia (Zaida Fornieles), una bonita estudiante que trabaja de moza. Y entre los tres se formará una sólida camaradería mientras Juan añora su patria, extraña a la familia y sueña con mejorar su situación para traerla consigo. ¿Eso es todo? Bueno, es solamente el principio, pero no conviene adelantar más detalles.

    Hay por lo menos dos curiosidades en el filme. Una es la propia situación de Juan, que no parece de esta época sino de diez años atrás, aunque no haya detalles que expliquen el hecho. Con una España en crisis y un Uruguay con baja tasa de desempleo, el exilio económico no parece justificado. Otra es la del propio David Sanz, que siendo español se las arregla para imitar acento rioplatense. Pero no hay nada más que escucharlo para darse cuenta las diferencias de acento y de vocabulario que tuvo que superar. En eso, el esfuerzo es encomiable y resulta bastante convicente.

    Lo que no resulta del todo logrado es el propio drama del protagonista. El desarraigo se traduce en unas pocas escenas donde tiene que conformarse con vivir en un cuartucho de pensión, hablar por teléfono desde un locutorio porque es más barato y tratar de congeniar con el chanta porteño, tarea difícil si las hay. Pero el personaje es plano y no levanta vuelo. Más creíble está Temponi, que saca a relucir todo su histrionismo para agregarle algunos tics oportunos y una incontinente verborragia, con lo cual consigue algo que parecía imposible: dotar a su personaje de una contagiosa simpatía hasta convertirlo por momentos en un ser entrañable. Eso es lo que hace un buen actor para enriquecer un personaje, y Temponi lo es de sobra.

    También es buena la labor de la española Zaida Fornieles, porque a su natural calidez le agrega un encanto muy especial para justificar que Juan se sienta atraído por ella (bueno, era algo inevitable y no hay más remedio que revelarlo porque es el centro neurálgico del drama). Entre el paisito añorado y la nueva ciudad enorme y prometedora, se debate la doble inquietud de Juan: por cuál se va a decidir. Entretanto, la cámara obtiene unas buenas tomas de Barcelona y la banda sonora resulta un tanto abrumadora con la insistente música de Sergi Pérez Berk. Los realizadores deberían tomar nota de que los silencios o los simples ruidos ambientales pueden ser más elocuentes que una cargosa partitura musical, sobre todo en ciertos momentos donde los rostros en primer plano expresan sentimientos que no necesitan aquellos énfasis sonoros.

    De cualquier manera, la película es correcta y digna. Pero nunca se eleva de la medianía de sus recursos visuales ni de la plana sencillez de sus diálogos. Está hecha por un español enamorado del Uruguay y ese cariño es lo que verdaderamente trasciende, aunque tal vez no pueda considerarse como algo importante.

    “Cruz del sur”. España/Uruguay, 2012. Dirigida por David Sanz y Tony López. Escrita por Pruden Rodríguez, David Sanz y María Bianchi. Con David Sanz, Jorge Temponi, Zaida Fornieles, Leonor Svarcas, Walter Reyno, Alejandro Busch. Duración: 98 minutos.

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