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“Lo que voy a decirles no les va a gustar, pero no me peguen, espero que me respeten los años y que soy chiquita y mujer: les puedo asegurar que en el último año no se han hecho los deberes”, dijo ante más de 100 técnicos y productores la investigadora en manejo de malezas y herbicidas de la Facultad de Agronomía, Grisel Fernández.
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Esta profesional comenzó así su intervención en el 2° Seminario de Malezas Resistentes organizado por la firma Syngenta el pasado jueves 23 en las instalaciones del Hotel Nirvana de Nueva Helvecia, del que también formaron parte en el panel de disertantes el gerente de Investigación en Herbicidas de la empresa para Latinoamérica Sur, Raúl Moreno, y Alejandro García, investigador adjunto de Inia.
El argentino Raúl Moreno dijo a Campo que en su país los problemas más graves comenzaron en los años 2008 y 2009 con las malezas “tolerantes” y “resistentes” como la conyza, conocida de este lado del Río de la Plata como yerba carnicera, y ahora, más recientemente con la aparición de dos nuevas especies llamadas Amaranthus palmeri y Amaranthus híbridus que “ya han invadido una muy buena parte de Argentina” y que son resistentes a glifosato y a algunos herbicidas. Dijo que también estas últimas ya tienen presencia en Uruguay.
Cuando Grisel Fernández afirmó que no se estaban haciendo los “deberes”, se refería a determinadas prácticas de manejo de cultivos y productos para controlar las malezas.
Para Moreno, “la base de todo”, además de las rotaciones de cultivos y la utilización de productos con diferente modo de acción, es el “monitoreo”. Afirmó que es imprescindible previo a la siembra para saber con exactitud qué productos se van a aplicar, y posteriormente para evaluar cuál fue el resultado obtenido.
Señaló que hasta hace pocos años en Argentina estaban acostumbrados a ni siquiera ir a los lotes, y aun definiendo la decisión de aplicar productos, tampoco ir luego a controlar, ya que se sabía que estos iban a funcionar. Sin embargo dijo que ahora ello cambió y que además de la necesidad de cuidar más los costos, tampoco se pueden tener certezas de que las aplicaciones logren los resultados buscados.
Manifestó que si bien el desarrollo de la tecnología está acompañando el problema con algunos nuevos herbicidas y formulaciones más efectivas, las limitantes están dadas por los modos de acción de esos productos, aunque reconoció que tampoco una sola herramienta es capaz de resolver el problema. “Tenemos que tener diversidad de cultivos, diversidad en el manejo y diversidad en los modos de acción de los productos que usemos”, afirmó.
Contó que el caso de Amaranthus palmeri, comenzó a aparecer en Argentina en el año 2010 como un “pequeño foco” en la zona sudoeste de Córdoba y en San Luis en unos pocos lotes, y que hoy ya tiene presencia en siete millones de hectáreas.
Consultado al respecto, dijo que el origen de esta maleza es “aparentemente” en la zona manicera Estados Unidos, donde representa un problema “muy importante” porque ya se extendió por las zonas maiceras y sojeras de ese país. Señaló que su introducción en el sur de Sudamérica no está suficientemente clara, pero se estima pudo haber sido por compra de alguna semilla contaminada o por residuos en maquinaria usada comprada en Estados Unidos, entre otras hipótesis.
Monitoreo
Reiteró que “el primer paso es el monitoreo y empezar a pensar seriamente en la rotación de cultivos, en la rotación de los modos de acción, y siempre monitoreo, antes y después de cada aplicación”.
Raúl Moreno explicó que un productor puede estar haciendo una buena rotación de cultivos y utilizando diferentes marcas comerciales de herbicidas pero todos con el mismo modo de acción, que al actuar en la planta de la misma manera no discriminan la diferencia, y que por lo tanto termina volviéndose tolerante y resistente.
Para prevenir la invasión de malezas en un campo libre, señaló que es necesario “monitorear” el alambrado lindero y ante su aparición, ir eliminándolas de forma manual si estas son “poquitas” o de forma más masiva si su presencia es más abundante. “La cuestión es que esa maleza, que es resistente, no produzca semillas y no comience a aumentar la población, ese es el tema”, afirmó.
Indicó que para los agricultores no es una decisión sencilla, ya que normalmente la solución “es más cara” que lo que puedan estar haciendo hasta ese momento. El productor busca hacer el cultivo más rentable y a menores costos. Pero para Moreno, diferir el combate a este problema sin tomar medidas “rápidas y directas”, puede ser “mucho más caro”. Agregó que “podemos gastar ahora un poco más para hacer algunas cuestiones que son preventivas, pero si no hacemos nada, en dos o tres años vamos a gastar mucho más”.
También dijo que es un proceso de aprendizaje donde hay costos, en el que los productores se van “equivocando” y donde cada “equivocación” cuesta plata y lo aprendido recién va a poder ser aplicado el año siguiente.
Sostuvo que está convencido de que hay “conciencia” del problema entre los agricultores, pero que “lamentablemente, y esto pasa a escala mundial, hasta que no les llega a su campo, no le prestan atención”. Indicó que hay encuestas donde se les pregunta a los productores acerca de la resistencia y qué harían para evitarla, y que en todo el mundo contestan lo mismo: hasta que no les llega a su campo, no es un problema. Pero agregó que no se dan cuenta de que si está en una chacra vecina, “en 10 minutos” lo pueden tener en la suya, y sin embargo no hacen nada “porque la solución es más cara”.