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    Nuevos gritos, nuevas broncas

    Tres películas de terror que coronan al Reino Unido como un nido de excelencia para el género

    Por su naturaleza, ningún arte resulta tan apropiado para reproducir la oscuridad del mundo onírico como el cine de terror. Ya sea en sus ambiciones autorales o en su faceta más comercial, el género es un testimonio del estado de espíritu de una sociedad, capaz de revelar secretos y anhelos a través de alegorías y construcciones sobrenaturales que se impregnan en ojos que desearían estar cerrados.

    Con la cualidad fantasmagórica de imaginar horrores y su encadenamiento mediante una lógica narrativa usualmente no literaria, la popularidad del género es indiscutible. También lo es, quizás paradójicamente, el hecho de que el cine de terror también es el que cuenta no solo con un gran número de obras malditas, sino también una sobreabundancia de películas olvidables; sustos baratos que revelan sus intenciones, o más bien la ausencia de ellas, en afiches para el olvido.

    Mientras que las salas uruguayas de cine van camino a una reapertura total en las próximas semanas, en las que será esperable comenzar a ver estrenos de terror, una mirada por los infinitos mares del streaming permite encontrar, en el tumulto, tres películas sobresalientes y recientes del género con una particularidad en común: todas fueron producidas desde el Reino Unido. A esta “isla del terror” la conforman Salvando almas, disponible para alquilar en Vera TV, e In Fabric y El refugio, que se pueden ver en la plataforma Amazon Prime Video.

    Bendecida

    El arribo de Salvando almas —titulada originalmente como Saint Maude— a una plataforma como la de Vera TV es una verdadera sorpresa, en varios sentidos.

    Este debut de la cineasta inglesa Rose Glass se estrenó en el Festival de Cine de Toronto en setiembre de 2019 y se lanzó en Estados Unidos en enero de 2021, debido a la pandemia. La promoción del estudio A24 rápidamente la colocó bajo el paraguas del “terror de prestigio”, una etiqueta utilizada en la reapreciación crítica del género que ha ayudado a que películas como ¡Huye!, de Jordan Peele, obtengan una nominación como Mejor película en los Premios Oscar.

    Fuera de una recepción muy alentadora, Salvando almas no logró la atención de una distribuidora internacional que la trajera a los cines rioplatenses. Verla entonces en el sitio uruguayo junto a títulos intercambiables entre sí como Campamento del terror o El hotel del terror conversa casi que accidentalmente con la propiedad soledad glorificadora que Salvando almas tiene como motivo principal en su propuesta.

    Con guion de su directora, Salvando almas narra el descenso de una católica devota llamada Maude, quien toma un trabajo como enfermera de una exbailarina atea que atraviesa un cáncer terminal. Convencida de que su propósito divino es salvar el alma de su paciente antes de que muera, Maude es sumergida en una obsesión carnívora con su propio bienestar mental, puesto a prueba a su vez por visiones cada vez más convincentes, y espeluznantes, de la presencia de un Dios tan divino como tirano.

    El conflicto de Maude y de Salvando almas es familiar: el bien contra el mal, como aquellos tatuajes en las manos de Robert Mitchum en La noche del cazador. Glass eleva su terror psicológico gracias a un uso mordaz del simbolismo religioso, clavando metáforas perturbadoras que retratan lo venenoso, y lo extremadamente sensual, de toda fe ciega. Si se le agrega la actuación reveladora de su protagonista, Morfydd Clark, la captura de la desolación costera de Inglaterra y una escena final transformativa, nos encontramos ante uno de los estrenos de género del año.

    Vestida para matar

    Peter Strickland es otra de las figuras cinematográfica británicas cuyo nombre vale la pena anotarse. En su haber tiene una década de trabajo dentro del terror con películas distintivas (Berberian Sound Studio y The Duke of Burgundy), pero su nombre todavía carece del encanto promocional suficiente para ponerlo a la par de otros directores del género más redituables como Ari Aster o Robert Eggers.

    Tal vez por ello In Fabric, la última película de Strickland, también afronta una suerte similar a la de Salvando almas, al encontrarse enterrada dentro del cargado —aunque poco memorable— catálogo de películas de terror dentro de Amazon Prime.

    Estrenada también bajo el sello A24, In Fabric es un ejercicio de estilo, una combinación de veneración ante las puntas más entretenidas y surreales del género gracias a facetas como el giallo, movimiento cinematográfico originado en Italia en el que Strickland se para con devoción. Lo hace nuevamente mediante la obsesión, arista de la que el terror rara vez se despega y que aquí se materializa en el deseo de una ama de casa inglesa por un vestido rojo despampanante que resulta estar, desafortunadamente, maldito.

    Una exploración de la conexión neurótica de la gente con la ropa, y por lo tanto de la apariencia, llevó a Strickland a manufacturar este relato de sueño febril extrañamente reconfortante. Es una película sobre un vestido mágico que pasa de manos en manos y así se siente: como una obra textil, un híbrido de humor y fetichismo que establece brillantemente un estado sensorial en el espectador del que es difícil desprenderse. Strickland construye atmósferas repletas de fantasmas y espectros no aparentes, que bien podrían ser los seres extraños que habitan cualquier rincón de una ciudad, incluso en una tienda de venta de ropa.

    En Mubi, además, se puede explorar más de Strickland a través de Guo4 y Cold Meridian, dos cortometrajes en los que el director y guionista continúa adentrándose en el voyeurismo.

    El mal que habita

    De este breve compendio, El refugio —en Amazon Prime Video— es otra excepción que manifiesta el incesante remozamiento de las fronteras con las que el terror se anima a adentrarse. Se trata del drama de un matrimonio aristocrático ambientado en la década de 1980 en el que existe una ausencia completa de lo fantasioso o lo sobrenatural.

    El refugio reproduce el lenguaje cinematográfico de una película de terror sin ser verdaderamente una.

    Asfixiante y deslumbrante como la dupla de protagonistas que integran Jude Law y Carrie Coon, esta obra es responsabilidad del estadounidense Sean Durkin, quien diez años atrás sorprendió al Festival Sundance con su suspenso Martha Marcy May Marlene. Aquel filme no solo trajo a Elizabeth Olsen al estrellato, también señalaba a Durkin como un narrador talentoso.

    Continuando con ese trabajo, el cineasta ambienta este romance utilizando un recurso del cine de terror tan antiguo como el grito de Wilhelm: una casona monumental en la campaña. Durkin somete a sus personajes a una oscuridad pura y a una distancia creciente, tanto entre la cámara como entre ellos, a medida que el amor se desploma y un aparente horror anuncia una llegada que tal vez nunca se concrete.

    Esa manipulación se hace sentir principalmente en el foco que Durkin hace al retratar el vínculo del matrimonio protagonista. La intensidad de esa relación, en la que coexisten un romance vivaz y grandes rencores, es destruida por la búsqueda de una riqueza capaz de asegurar, de una vez por todas, cierta estabilidad emocional en la vida de estos personajes. Con la era Thatcher como suficiente contexto socioeconómico para establecer su escenario, Durkin deja un cruce de ambiciones y desarrollo personal que a fin de cuenta hace lo que se propone: dar miedo.

    El refugio, In Fabric y Salvando almas interpelan el extremo de los deseos de sus personajes, casi siempre destinados a convertirse en sus propios mecanismos de autodestrucción. Son tres historias que, en conjunto, establecen una prueba más de que el cine de terror, en un estado de madurez indiscutible, es un arte sin igual.

    Vida Cultural
    2021-07-07T22:36:00

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