—Son números positivos. Es una foto, como toda encuesta, pero el número que más me satisface es el de la gestión de la intendencia, porque responde a un equipo y también a una decisión que tomamos en su momento. Cuando estás en campaña es lógico que al llegar tengas que rodearte de gente que te ayudó y te acompañó. Nosotros en eso hicimos un corte: tengo gente en mi equipo que no sé ni de qué partido político es, nunca le pregunté. Y son varios. Sé que hay gente del Frente Amplio y del Partido Colorado. Pero no hay gente porque hice un acuerdo con un partido, sino porque fui a hablar con esa persona y le planteé si le interesaba este lugar.
—Es el viejo dilema de todas las gestiones, si conformar los equipos con técnicos o con políticos. ¿Usted apostó por la primera opción?
—Sí, aposté a eso. ¿Y qué pasa? Obviamente está la factura interna de “che, pero ¿y toda esta barra?”. También aposté a reducir la cantidad de funcionarios. Cuando entramos había cerca de 1.900 y hoy estamos en 1.540, y (continúa) bajando. Entonces por un lado no colocaste en el staff gente que quería hacer política y, por otro lado, no llenaste un montón de puestos… Cada tanto tenés que andar esquivando algún balazo de adentro.
—¿En qué temas ha podido avanzar en este período y cuáles son los principales debes de su gestión?
—Cuando asumimos vimos las competencias que tenemos y lo que dice la ley sobre las cosas de las que te tenés que ocupar, como vialidad urbana, rural, alumbrado, necrópolis, basura, espacios públicos, etc. En otro bolsón están las incumbencias, que son las cosas que, si bien la ley no dice que las tenés que hacer, las tenés que hacer, porque si no te hacés cargo vos, no se hace cargo nadie. En cuanto a las competencias dijimos: “Vamos a sentar un proceso en general para despreocuparnos del tema y que esto funcione bien”. El año pasado iniciamos seis procesos de certificación de calidad por las normas ISO y van a ser más. Queremos dejar la gestión para que funcione sola, de manera eficiente. En la incumbencia, nos importa principalmente reposicionar o hacer de Paysandú un gran lugar para vivir, estudiar, trabajar e invertir. En la década de los 40 o 50, en Paysandú pusimos todos los huevos en una misma canasta, que es el tema industrial. La industria resolvió todos nuestros problemas durante varias décadas, pero cuando el modelo fue feneciendo nos dimos cuenta de que Paysandú no tenía alternativa. Nos quedamos mirando 20 años entre los sanduceros. Cerró Paylana, cerraron dos aceiteras, se redujo la azucarera. Y estuvimos en esa noria 20 años diciendo: “¿Y ahora?”. Ahora lo cierto es que tenemos que caminar hacia esa visión, donde se empiezan a desplegar procesos vinculados al turismo, a aprovechar el río y la costa. Paysandú es el lugar con mayor matrícula universitaria del interior del país, pero la Universidad de la República (Udelar) estaba toda desperdigada. Un día nos sentamos con la Udelar y dijimos que si esto sigue creciendo así… Cada dos o tres años la Universidad le pide espacio a la intendencia u otro organismo porque no tiene para crecer. Entonces vamos a sentarnos y a hacer un plan 30 años para adelante. Ahí nace lo del campus universitario. Hablamos con el gobierno y el gobierno se embarcó. Además Arim, debo decirlo, es un tipo que tiene cabeza descentralizadora. Se alinearon todos los astros: Presidencia puso US$ 7 millones en esta Rendición de Cuentas. La Udelar también pone (dinero) y el Estado ofrece garantía soberana para financiar una obra de US$ 20 millones. A eso se le suma la presencia de UTU y Utec. Para nosotros es una conjunción perfecta.
—¿En qué está el proyecto del campus universitario? ¿Ya es algo cerrado?
—Antes de fin de año van a girar la plata a una cuenta de la intendencia. Un tercio de la inversión lo ponía el gobierno, otro tercio la Universidad con recursos que hoy está generando, y para el otro tercio el gobierno le ofrece a la Udelar una suerte de endeudamiento soberano, que se hace cargo el gobierno pero la Universidad va pagando. En esto ya no hay marcha atrás. El lunes firmamos la resolución por la que comenzamos los procesos de donación de los predios. Cuando la Udelar dijo “este predio me sirve”, cerramos los ojos. Ese predio es el corralón donde funciona toda la dirección de servicios (de la intendencia). Irme de ahí me cuesta US$ 2 millones. Pero cuando me llamaron y me dijeron que a la Udelar le interesaba este predio, ahí mismo le dije que sí.

Vista de la ciudad de Paysandu. Foto: Nicolás Celaya / adhocFOTOS
—Hablando de la visión a futuro del departamento, ¿cuál es la situación del megaproyecto para la costa de Paysandú, a cargo de OMA?
—El master plan está pronto. El 14 de diciembre esta gente está llegando a Uruguay para presentar el proyecto. Yo estuve hace unos días en Nueva York con ellos y ver la escala de su trabajo es desafiante. Ya vi la propuesta completa de lo que estaban pensando hacer, si bien fuimos monitoreando todo el proceso. Presentaron planes maestros en Washington; trabajan para Tiffany, para Dior, firmas así. Y agarraron viaje con nosotros y están superentusiasmados. Era un desafío para ellos también, porque querían venir a América del Sur, querían poner un pie acá y les sedujo dos cosas: primero, que normalmente ellos no articulan con el sector público, y segundo, poder entender y dimensionar la escala que precisamos, que también para nosotros era un riesgo. Para cada cosa que te proponen hacer, viene un grupo de gente que los asesora. Por ejemplo, una empresa número uno del mundo que trabaja en Holanda con sede en Países Bajos, donde saben de resiliencia, de ganarle espacio al agua, de administrar los problemas que tienen con el agua. Lo mismo en paisajismo y movilidad. Nos hicieron un estudio de movilidad de todo el tránsito de la zona. Realmente nos entregan una hoja de ruta para los próximos 30 años.
—¿Qué puede decir del proyecto? ¿Es lo que esperaba?, ¿lo cree viable?
—Hay una gran fortaleza. Es una propuesta no solo urbanística, no te dicen cómo administrar el suelo de las 350 hectáreas que implica el proyecto. Ellos no lo piensan como un lugar aislado, sino como algo muy integrado, que sea algo muy natural todo. Piensan en darle valor y en cosas que nosotros… Aquello de que cuando encontramos las respuestas nos cambiaron las preguntas. Cuando uno tenía una visión, quizás muy sudamericana, de querer avanzar con hormigón, con desarrollos y edificios y altura, esta gente te dice que el tema no va por ahí. El mundo está volviendo a recuperar espacios verdes en las urbes. Entonces nosotros, que por ejemplo teníamos humedales, los preservamos. Los tipos son fanáticos de esas cosas, porque ya fueron y volvieron de eso. Nos decían que hoy los contratan en lugares llenos de hormigón para volver a colonizar con verde. Lo otro es no solamente lo que uno pueda ver, sino la táctica para ir poniendo un pie en eso, saber cómo avanzar. Porque ellos te diseñan una fase cero y te dicen: “Mañana empezás”. Pero ¿haciendo qué? ¿Con una inversión? Pero te dicen que tenés que empezar plantando árboles acá y acá, haciendo esto y aquello. Cosas que no requieren inversiones o dinero, pero sí tenés una fase cero.
—¿Qué puede adelantar de la propuesta en cuanto a los desarrollos concretos que va a implicar?
—Hay cambios que después tenemos que traducir a escala del ordenamiento territorial, de normas e instrumentos de ordenamiento. Eso es cabeza y voluntad política de levantar la mano, pero eso destraba otras cosas que hoy no se pueden hacer. Por ejemplo, en gran parte de esa zona no se puede construir un metro cuadrado. Entonces ya decir “acá se puede empezar a construir o acá se pueden hacer cosas sin invadir el medio ambiente”, ya es un avance tremendo. Después, propuestas de resiliencia en alguna zona en donde tenemos que ver números, pero a priori podemos recuperar zonas enteras de buena parte de la ciudad más consolidada, que hoy es la tierra más prescindible porque es la más inundable. También, por ejemplo, en lo que tiene que ver con el impacto visual y el desarrollo del paisaje, vienen con una muy buena propuesta en alguna zona en particular que ya decidimos encarar.
—O sea que en principio hay conformidad con el proyecto.
—Estoy muy conforme. Te pone en el mapa. No solamente es el producto, sino quién lo firma.
—Recién mencionó lo de la voluntad política, ¿cuál es la postura de la oposición frente a este proyecto? ¿Cuestionaron los gastos en algún momento?
—Cada tanto aparece algún tiro al aire diciendo: “Había plata para esto, pero no para esto otro”. Si uno piensa en términos de corto plazo, se plantea que capaz que hace no sé cuántos metros de cordón cuneta. Pero yo me quiero ir de la intendencia dentro de dos años y pico con la satisfacción de decir: “Vine a hacer lo que dije que iba a hacer”.
—¿Y cuánto va a invertir la intendencia para consolidar este proyecto?
—Y ahí no sé, como es en 20 años es difícil decir un número. También hay una estrategia de abordaje, y es decir cuánto pone el público y cuánto el privado. El que va a traccionar el desarrollo es el privado, pero la intendencia va a poner no menos de US$ 11 millones de acá al final del período.
—¿Cuándo empieza el proyecto?, ¿cómo sigue ahora?
—Ahora viene la fase cero.
—¿Cuándo arranca?
—Inmediatamente después de presentarlo, esperamos arrancar en diciembre, enero. La señal es: tenemos esto, ya arrancamos.