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Organismo de Presidencia promueve la perspectiva de género en compras, eventos y lenguaje
Documentos de la Agencia Uruguaya de Cooperación Internacional recomiendan impulsar “la igualdad” en los procesos de compras públicas y “no organizar” eventos que “no cumplan con una cuota mínima” de “mujeres en calidad de expertas”
Militante feminista durante el 8 de marzo de 2020. Foto: Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS
Una serie de documentos publicados en la página web de la Agencia Uruguaya de Cooperación Internacional promueven la incorporación de la “perspectiva de género” en eventos, en procesos públicos de contratación y en el lenguaje y la comunicación. Los trabajos, difundidos el 4 de agosto, fueron impulsados por la Secretaría General Iberoamericana y son parte de un esfuerzo por “transversalizar” esa línea de trabajo en la institucionalidad de los diferentes países.
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La Agencia Uruguaya de Cooperación Internacional (AUCI) es un organismo que funciona en la órbita de Presidencia de la República y tiene entre sus cometidos “la planificación, diseño, supervisión, administración, coordinación, ejecución, evaluación, seguimiento y difusión de actividades, proyectos y programas de cooperación internacional” en línea con “las prioridades nacionales de desarrollo del país”.
El primero de los tres documentos plantea estrategias normativas para “combatir el uso sexista del lenguaje”, contribuir a superar la “mirada androcéntrica de la comunicación” y ofrecer opciones para difundir imágenes y textos igualitarios. Según explica, el lenguaje inclusivo permite “aumentar la precisión de los mensajes que se comunican, visibilizar el género solo cuando lo requiera la comunicación y evitar discriminaciones” al “arrinconar estereotipos y eliminar prejuicios”.
Entre las estrategias, la guía propone “aprender a identificar los enunciados sexistas” y explica que la forma más útil es aplicar la regla de la inversión: si al sustituir una palabra por su equivalente en el sexo opuesto la frase resulta inadecuada, el enunciado es sexista.
También se debe evitar utilizar la palabra “hombre” como genérico y las asimetrías en el tratamiento; se deben evitar “expresiones que afianzan estereotipos”, tales como “compórtate como un hombre” o “es una sargenta” y sí se deben incorporar “adverbios y pronombres sin marca de género”, el uso de barras y nombrar los cargos en femenino, ejemplifica.
En cuanto a las estrategias para un uso inclusivo de las imágenes, el documento solicita no usar imágenes estereotipadas, donde las mujeres aparezcan “en manifiesta dependencia de otros” o se recurra al cuerpo femenino “como reclamo y/u objeto de deseo”. Se deben evitar, por ejemplo, “hombre fuerte y mujer bella, hombre público y mujer en entornos domésticos, hombre racional y mujer emocional”.
Por el contrario, se debe optar por imágenes “no sexistas y que no reproduzcan roles de género”, promover la igual presencia masculina y femenina en funciones “no estereotipadas para corregir la tendencia androcéntrica”.
Compras y contrataciones
Según datos de la Organización Mundial del Comercio, la contratación pública representa entre el 10% y el 15% del PBI de las economías, lo cual “revela la importancia que los procesos de adquisiciones pueden llegar a tener sobre el desarrollo socioeconómico y medioambiental de un país”, detalla la guía sobre compras y contrataciones.
En ese marco, el documento sostiene que invertir en el empoderamiento económico de las mujeres “contribuye directamente a la igualdad de género, la erradicación de la pobreza y el crecimiento económico inclusivo”. Sin embargo, en las adquisiciones públicas “se estima que apenas el 1% de este mercado es atendido por mujeres”.
Esto se debe a que las emprendedoras y empresarias deben superar mayores barreras a la hora de competir en las licitaciones públicas, como sortear más cuestiones legales (por ejemplo, dificultad para acceder a licencias maternales), disponer de un uso del tiempo más limitado debido a las tareas de cuidados, tener menor acceso al capital financiero y dirigir generalmente empresas de menor tamaño.
La contratación con perspectiva de género “es la selección sostenible de servicios y bienes teniendo en cuenta el impacto de género y el empoderamiento de las mujeres” y existen muchas fórmulas para promover la igualdad, plantea la guía: se pueden detectar barreras para la incorporación de proveedoras, identificar las empresas lideradas por mujeres o con certificación de igualdad y sensibilizar al personal de las áreas de compras y contratación para disminuir los sesgos.
El documento se centra en la “aplicación de acciones afirmativas para incorporar la perspectiva de género en los procesos de contratación y, concretamente, en la incorporación de cláusulas sociales que promuevan la igualdad entre hombres y mujeres en todas las fases”. Esta política, dice, debería reflejarse tanto en la descripción del objeto del contrato, como en los criterios de exclusión o adjudicación así como en las obligaciones contractuales y penalizaciones.
Por su parte, la guía sobre eventos públicos pide cumplir con las iniciativas suscritas por varios organismos iberoamericanos que “reclaman una mayor presencia femenina en los debates públicos” y llaman a “no organizar ni participar de ningún evento que no cumpla con una cuota mínima de participación de mujeres en calidad de expertas”, indica.
El documento propone, antes del evento, “incluir la perspectiva de género en la conceptualización de la actividad”, al asegurar que el contenido considere dicho enfoque como eje transversal; también utilizar “lenguaje sensible al género” en las diferentes comunicaciones, emitir invitaciones personalizadas a hombres y a mujeres, y mantener una representación equilibrada tanto entre los ponentes como en el personal de apoyo.
Durante el evento, se debe promover un ambiente “libre de acoso o discriminación” por razón de sexo y, posteriormente, es necesario promover en la comunicación institucional “la visibilización equitativa” de los aportes tanto de hombres como de mujeres.
Para la selección de portavoces y embajadores/as, en tanto, la guía pide evitar elegir solo a hombres que destaquen en espacios asociados tradicionalmente a cuestiones masculinas (como deportistas) y a mujeres que hacen lo propio en cuestiones femeninas (como artesanas); asegurar que las personas seleccionadas “no hayan mostrado comportamientos contrarios a la promoción del feminismo” a lo largo de su trayectoria, o que hayan sido denunciadas o tengan causas pendientes por violencia y acoso contra las mujeres.