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    miércoles 12 de junio de 2024

    Otro femicidio

    Nº 2239 - 24 al 30 de Agosto de 2023

    Una vez más, un titular informa sobre el asesinato de una mujer en manos de su expareja. La noticia confirmó lo que muchos temían desde que se supo que Valentina Cancela, de 17 años, estaba desaparecida. Otro femicidio. Semanas antes, era Natalia Lagos la que ocupaba los titulares. A los 23 años, también asesinada por su expareja. En los dos casos, había denuncias previas de violencia. Pero nada impidió que las mataran igual.

    Los femicidios son un titular frecuente en las noticias uruguayas. En lo que va de 2023, 15 mujeres fueron asesinadas por motivos relacionados con su género, según datos que el Ministerio del Interior proporcionó a Búsqueda. El año pasado fueron 24 (solo hasta noviembre), y la cifra es mayor si se toma en cuenta el registro de los colectivos feministas. Son, en promedio, más de 20 femicidios por año. Más de 20 mujeres que mueren, cada año, porque sus parejas o exparejas no quieren perder el control sobre ellas.

    Cada femicidio provoca dolor, impotencia y desata justos reclamos por una mejor actuación judicial y policial, por más educación, por más prevención, por más servicios de apoyo a las víctimas. Cada vez, muchos se preguntan cómo no se pudo prevenir, anticipar y evitar el desenlace fatal. Y es eso, justamente, lo que hay que preguntarse: ¿Cómo no se puede evitar un asesinato que se anuncia durante meses?

    Un femicidio no es un hecho aislado, imprevisto, producto de un brote de locura. Es el resultado de un problema profundo, estructural, arraigado en una cultura machista que reproduce las desigualdades de género, que falla en educar a mujeres y varones como seres iguales, con las mismas oportunidades y libertades. Una desigualdad que les falla a las mujeres y también a los varones. Una desigualdad que está en la base del problema de la violencia contra mujeres y niñas, porque son ellas la abrumadora mayoría de las víctimas y son ellos la abrumadora mayoría de los agresores.

    Un femicidio no ocurre de un día para otro. La violencia comienza mucho antes. No hay que perder de vista que el asesinato es el resultado más extremo de la violencia de género; antes, esas mujeres pasaron meses o años siendo agredidas, abusadas psicológicamente, controladas. En muchos casos, lo sabe la Policía, lo sabe un juez, lo sabe su entorno familiar, los vecinos. Sin que nada impida el peor desenlace. Y solo después se desata el dolor colectivo, los reclamos. ¿Pero qué pasa con las víctimas que no fueron todavía asesinadas? ¿Las que están sufriendo ahora, en este momento? ¿Están siendo escuchadas, atendidas, protegidas?

    Cada día hay más de 100 denuncias por violencia doméstica y delitos asociados, según los datos de 2022. Una denuncia cada 13 minutos. Son más de 30.000 denuncias por año, en su mayoría de mujeres pero también de varones. Y esos números solo muestran a quienes logran acceder a algún servicio y, además, se atreven a denunciar. ¿Cuántas otras víctimas hay que todavía no aparecen en las cifras? Activistas, legisladoras y colectivos feministas alzan la voz, marchan, protestan, piden respuestas. Pero parece que dieran la batalla solas. Cuando los femicidios ocupan los titulares, hay silencios que son elocuentes. ¿Cuánto más trágica, numerosa, explícita, tiene que ser la violencia de género para que, de una vez, se tome en serio?

    Porque lo hecho hasta hoy, los números lo muestran, no alcanza. No alcanza con expresar indignación un día y luego, cuando otras noticias toman la agenda, continuar sin mayores cambios. No alcanza con aprobar una ley contra la violencia de género si no se le asignan recursos suficientes para que pueda implementarse. No alcanza con declarar una emergencia nacional si eso no se traduce en una verdadera política de Estado. No alcanza con aumentar el número de tobilleras electrónicas si siguen siendo insuficientes. No alcanza con respuestas aisladas, con parches, con avances tímidos. No alcanza. El Estado tiene que hacer más. Ya es tiempo de que las máximas jerarquías del gobierno asuman la urgencia y la gravedad del problema de la violencia de género en Uruguay. De lo contrario, en pocas semanas un nuevo titular anunciará lo que todos ya sabemos. Otro femicidio.