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Se siente como un balde de agua helada. Un mazazo en la nuca. Se marca un antes y un después radical en la vida de toda la familia cuando se diagnostica trastorno del espectro autista en un niño. Tanto su desarrollo como el trato y cuidados que requerirá serán especiales. Después viene para padres y cuidadores el desafío de jugar en la cancha real de un mundo hasta ese momento desconocido, con inseguridad, incertidumbre y temor.
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Un grupo de músicos uruguayos decidió allanar un poco este camino grabando un disco con canciones alegres que acompañan las rutinas diarias del niño. La iniciativa que partió de Fabián Marquisio y Estela Magnone fue un gol de media cancha: Villazul no solo está bien pensado desde el punto de vista técnico y terapéutico, sino que además se hizo con profesionalismo y calidad musical. A la vista está que a una primera edición de 2.000 discos, se agregaron otros 2.000 en los últimos días.
El CD se vende a 295 pesos en todas las disquerías, con un precio especial para donaciones. Fabián Marquisio dijo a Búsqueda que entre marzo y abril armarán una mini gira para recorrer escuelas, mostrar el CD y explicar cómo el educador puede utilizarlo en actividades con los niños.
A su vez, hay una propuesta de grabar el disco adaptado a España con artistas de ese país. Y a través de Sandra Mihanovich (que canta en Villazul) y algún sello argentino, se estudia la posibilidad de editarlo en Argentina. Este año también se llevará el disco a imagen, con un videoclip corto para cada canción donde se muestre de forma sencilla la actividad.
En el CD se lee: “A Antonio Marquisio De León, musa inspiradora y piloto de pruebas de cada canción en este disco, sin tu magia nada hubiera sido posible”. Antonio es el hijo del guitarrista y cantante, diagnosticado dentro del espectro autista cuando tenía dos años y medio.
La idea surgió por casualidad. “Soy una persona que normalmente va cantando todo lo que hace: invento canciones sobre lo que estoy haciendo, capaz que para alivianar la tarea. A los tres años a Antonio se le dificultaba la mayoría de las actividades, no nos prestaba atención ni a la madre ni a mí cuando le decíamos de cambiarse o acostarse. Era como hablarle a una pared porque él estaba en su mundo”. Hasta que Marquisio un día le empezó a cantar ‘vamos a la caaama, a dormirseee’. “Él me miró, se rió y empezó a hacerlo. Y vimos que le gustaba mucho. La madre empezó a cantarle todo, algunas canciones las inventábamos y otras eran jingles como el de Glemo ‘lavo mi cabello a la hora del shampoo”, recordó el músico.
Investigó qué tipo de propuesta había en esto que técnicamente se llama “música motora” y solo encontró algo en ruso y en alemán. No servía de mucho. Empezó a trabajar en el disco con Magnone y Malena Muyala y se les ocurrió invitar a más músicos; de una lista de 10, al final sumaron 50. Primero hubo un proceso de prueba, cómo funcionaban las canciones. Hicieron una lista de las cosas que los niños debían aprender: levantarse, vestirse, lavarse los dientes, comer, actividades de recreación como la playa, la escuela, hasta el irse a la cama.
Para componer, Magnone aprendió que las canciones debían ser una síntesis muy clara del concepto y la acción y tener musicalmente una armonía simple. “Me resultó difícil no hacer una cosa con mucho desarrollo o con armonías complejas, que es como suelo trabajar. Me gusta desarrollar la letra y al principio me salía así, entonces veíamos que era muy larga. Terminé aprendido que tenía que componerla en dos o tres tonos, e igual así salen un montón de canciones y melodías, simples y con ritmo muy marcado, todo ‘cuadradito’. Y la letra tiene que ser muy clara y con mucha repetición”.
El disco no está pensado para sonar cada vez que el niño se lava los dientes, por ejemplo, sino para que las personas que están con él aprendan el ritmo y puedan cantar los temas cuando lo necesiten. “La cantidad de músicos que participaron le da diversidad y otro atractivo”, dijo Magnone. Entre los músicos y cantantes se encuentran Claudio y Rossana Taddei, Martín Muguerza, Guzmán Mendaro, Alejandro Spuntone, Laura Canoura, Samantha Navarro, Diego Drexler, Pinocho Routin, Tabaré Rivero, Martín Buscaglia, Alberto Magnone, Ruben Rada, Emiliano Brancciari, Mariana Ingold y Popo Romano.
En el proceso inicial se vio qué canción era mejor para cada intérprete. “Tuvieron una disposición súper generosa y todos se pusieron a disposición para lo que fuera. También trabajaron muy disciplinados en cuanto a cómo tenían que interpretar la canción. Porque los músicos están acostumbrados a frasear y cosas por el estilo, pero todos hicieron el mejor esfuerzo para que fuera tal como era necesario. Ver toda esa gente ahí grabando fue muy gratificante, y hasta emocionante”, contó Magnone.
Hasta ahora, Magnone y Marquisio habían trabajado juntos en otros discos musicales, no terapéuticos. Marquisio explicó que no esperaba que de inmediato funcionara tan bien. “Fue el primero que encaramos y no sabíamos cuál iba a ser la recepción. Lo probamos con algunos niños y con mi hijo, pero cada niño es un mundo. Nos tiene súper asombrados, porque se ha vendido una atrocidad, está agotado en todos lados”. En Navidad y Reyes, cada día recibían algún mensaje diciendo que no lo habían encontrado en la disquería. “Luego vinieron las devoluciones de los propios padres a través de nuestra página: nos decían que su hijo no había podido hacer determinada actividad hasta que con la canción pudo hacerla con gusto, o contaban de niños que cantan y bailan todas las canciones”.
Marquisio reconoce que le llevó bastante trabajo la producción musical. “Creo que los niños disfrutan mucho de la buena música. Los grandes productores de música infantil a nivel internacional se han dado cuenta de que es lo mismo gastar millones de dólares en contratar una sinfónica que poner un tecladito, porque los niños comprarán igual. Esto hizo que la música infantil de los últimos años cayera espantosamente. Aunque se siga vendiendo igual, nosotros escuchamos la música que se pasa en los medios masivos de comunicación y nos resulta tenebrosa: está desafinada, mal hecha”.
En este CD, que también está destinado a chicos con síndrome de down y condiciones similares, se cuidó que la orquestación y las instrumentaciones no molesten a estos niños, que en general se irritan y pueden tener hipersensibilidad auditiva. Villazul sirve además como un muestrario de estilos musicales para que el niño escuche desde un flamenco, una rumba y un joropo venezolano, hasta música electrónica, una chamarrita, murga o reggae.
Para Marquisio la calidad es la clave. “La falta de calidad creó una brecha entre los padres y los niños, cosa que no pasaba. Antes, los padres disfrutaban de María Elena Walsh o de Canciones Para No Dormir la Siesta, tanto como los niños”. Así que con Villazul los padres también la pasarán bien.