—¿Cuáles son los principales resultados de la encuesta difundida esta semana?
—Lo primero es que, más allá de que desde el punto de vista metodológico se pueda dudar sobre si hay un incremento o hay estabilidad debido a que está dentro del margen de error, el resultado muestra que el gobierno no pierde capital político. Esa es una noticia importante para el gobierno en la medida en que se trata de un trimestre complejo, donde continúan los desafíos para la economía, con problemas en el empleo, la pobreza, con una recuperación necesariamente más lenta de lo previsto debido a que siguen las medidas de restricción de la movilidad, que no serán las que la oposición quiere, pero tienen su impacto. A lo que se suma un empuje inédito de la crisis sanitaria, con cifras que el país no conocía de contagios, fallecimientos e internaciones. Entonces, el gobierno emerge en el trimestre —sobre todo en el bimestre mitad de marzo-mitad de mayo, que fue el más crítico en términos sanitarios— con su capital político global intacto en lo que es la evaluación general. Ahí es bueno diferenciar: es verdad que hay un impacto en el área sanitaria, pero en la evaluación general el capital está intacto.
El apoyo está muy segmentado por electorados. Tenés 65 puntos más de aprobación entre multicolores que entre frenteamplistas. Entonces, lo que el gobierno está logrando es preservar el apoyo del electorado que lo llevó al poder, eso en primer término. Y además está logrando que al menos un porcentaje mayoritario de los frentistas no lo rechace abiertamente, porque si uno suma la valoración neutra y la valoración positiva da 59%. Es decir que, si bien la minoría mayor del Frente rechaza la gestión del gobierno, desde el punto de vista agregado, la mayoría de los frentistas no rechaza explícitamente al gobierno y hay un quinto de los frentistas que sí lo aprueba.
El otro elemento que para nosotros era fundamental analizar para entender mejor el clima poblacional respecto al gobierno, era la evaluación sobre la crisis sanitaria, que es hoy el principal problema del país, no solo en términos objetivos sino también en términos subjetivos. El coronavirus pasa a ser ahora el principal problema del país para los uruguayos y, en ese contexto, queríamos ver si en la evaluación específica del manejo de la pandemia hubo algún impacto. Y efectivamente lo hubo: hay una caída de 10 puntos.
—¿Por qué no cae la evaluación general?
—Se presenta un problema de paradoja: una caída significativamente de 10 puntos en un lado y un incremento leve en otro. ¿Cómo es posible que el gobierno mantenga el capital a nivel general, mientras lo pierda a nivel sanitario? Es necesario la desagregación por electorados. Lo que está ocurriendo es que el gobierno pierde el capital político que tenía respecto a la aprobación sanitaria en un segmento de los frentistas: la aprobación en ese tema cae 18 puntos entre los frentistas, pero se mantiene casi incambiada entre los multicolores. Lo que está ocurriendo es que había un porcentaje de frentistas que no aprobaba la gestión general del gobierno, pero sí su gestión sanitaria; ahora ese segmento deja de aprobar la gestión sanitaria y sigue sin aprobar la gestión en general. Entonces, la aprobación general no se ve afectada y la sanitaria sí. El cambio relevante en el trimestre ha sido un crecimiento en la polarización de opiniones sobre cómo el gobierno está lidiando con la emergencia sanitaria. Dentro de los frentistas, por primera vez, no hay un saldo positivo, hay un saldo neutro de aprobación sanitaria. La gestión sanitaria sigue siendo la mejor dimensión evaluada del gobierno y dentro de los frentistas, pero donde antes había un consenso muy extendido —es una política que tenía niveles de aprobación del 80%—, ahora es una cuestión más segmentada.
—¿Es una luna de miel superextendida de la opinión pública con el gobierno?
—El periodo de luna de miel ya pasó, la población ya está viendo al gobierno actual, lo ve tomar medidas, no es un gobierno nuevo. Lo que sí hay es una contemplación particular de la ciudadanía con el gobierno, sobre todo de sus electores, pero también en un sector interesante de los frentistas. Hay una contemplación particular porque es prácticamente en paralelo la asunción del gobierno y la llegada de coronavirus al país. Y eso obviamente es interpretado como un shock externo del cual el gobierno no es responsable. Naturalmente, hay un sector de frentistas que dice que el gobierno podría haber hecho algo mejor, pero especialmente para sus electores realmente eso es tomado en la balanza y eso es de hecho uno de los motivos de aprobación. Un porcentaje muy importante de la ciudadanía te dice: “Mirá, la crisis existe, los indicadores negativos son innegables, pero el gobierno está haciendo lo que puede, no tiene mayor margen de acción en algo en lo que ligó mal”. A eso se suma que un sector del votante multicolor consideraba que el país ya venía mal por culpa del Frente Amplio, entonces cree que el gobierno hace lo que puede también en ese sentido.
—Si se consolidan los dos bloques como están hoy, el Frente Amplio estaría en problemas de cara al 2024.
—Ahí hay que hacer una desagregación entre la aprobación del gobierno, que es una variable que afecta en la intención de voto, y la intención de voto propiamente. Está superdemostrado en los estudios de comportamiento electoral que la evaluación retrospectiva, es decir lo que el gobierno hizo, es incluso más importante que lo que los candidatos dicen que van a hacer. Eso es muy importante y sin duda favorece al gobierno extender cuanto más pueda estos niveles de aprobación y perjudica a la oposición. No obstante lo cual, hay que decir algunas cosas: hay un sector de frentistas que apoya al gobierno pero por eso no deja de ser frentista. De hecho, el Frente parece estar en un piso bastante sólido en el entorno de su votación en la elección nacional, cerca del 40%. Otro aspecto a tener en cuenta es que el bloque opositor raramente pierde votos de una elección a otra, el que más riesgos corre suele ser el oficialismo. Y por eso yo creo que hay una incertidumbre planteada sobre la cual hay mucha tela por cortar.
—¿Permanecerá estable el apoyo al gobierno sin la pandemia? ¿Se explica solo por la pandemia?
—Si la situación se normaliza, tipo en clave norteamericana o como ahora se ve en Europa; si la vacunación comienza a mostrar resultados tangibles, la vida se normaliza y Uruguay entra en un escenario pospandémico, bueno, obviamente que en algún momento la ciudadanía comenzará a exigir resultados concretos en los principales indicadores de importancia, llámese desempleo, llámese pobreza, llámese ingresos. Es muy difícil que los gobiernos logren sostenerse en el largo plazo con índices de popularidad altos y con un comportamiento muy recesivo; a la larga o a la corta, las ciudadanías terminan responsabilizando parcial o totalmente a los gobiernos de los desempeños económicos. Lo que está ocurriendo en el país con un gobierno que tiene altos niveles de aprobación pero una economía en problemas, y ahora también indicadores sanitarios complejos, no es lo que suele ocurrir, la pandemia es una variable central para explicar esa aparente disociación entre una buena aprobación de gobierno e indicadores regresivos.
—¿Un índice de popularidad alto como el que tiene da más argumentos al gobierno para consolidar el rumbo que mantiene?
—Sí. A nivel sanitario queda claro que la ciudadanía no está atribuyendo mayoritariamente el resultado, el agravamiento de la situación, al gobierno. También hemos mostrado en el pasado que no atribuye mayoritariamente los problemas económicos que tiene el país al gobierno, lo hace, primero y antes que nada, a la crisis mundial, que es un factor exógeno. Y en un porcentaje no despreciable, quizás el núcleo duro del votante multicolor, a la herencia del Frente Amplio. Por supuesto que el gobierno se tiene que plantear un escenario pospandémico y tener en cuenta que seguramente ahí comenzará a jugar otra dinámica de aprobación de la gestión.

Foto: Nicolás Garrido / Búsqueda
—Los dirigentes del Frente Amplio parecen enfrentar el reclamo de su electorado de ser más críticos con el gobierno, pero eso no sintonizaría con la mayoría de la opinión pública. ¿Qué deben hacer?
—Hay que mirar un poco la historia también. El Frente Amplio ha jugado con una figura de confrontación muy dura y con otra que tiende puentes. En el segundo gobierno de Sanguinetti y el de Battle, Danilo Astori era una figura muy importante para el Frente Amplio, pero que permanentemente tendía puentes con el entonces oficialismo colorado. Astori votó la ley de Ancap que luego fue derogada por iniciativa del Frente Amplio, donde Tabaré Vázquez se puso el equipo al hombro. Tabaré Vázquez jugaba ese papel más confrontativo. Entonces, el Frente, teniendo esos dos tipos de visión ante el oficialismo, logró un crecimiento muy importante. Es claro que con una oposición cerrada y muy muy dura al Frente le va a costar tender puentes con el electorado externo, pero tampoco creo que eso sea lo que está sucediendo hoy día, porque las dos figuras con proyección presidencial, Yamandú Orsi y Carolina Cosse, no parecen mantener una línea de confrontación dura. Sí lo está haciendo el Frente Amplio como partido y su presidente Javier Miranda, y algunos de sus dirigentes puntuales, que también tienen que tener en cuenta las necesidades de su propio electorado, como puede ser Óscar Andrade.
—¿Cuánto afecta en el nivel de aprobación del gobierno la gestión del presidente Lacalle Pou?
—Es una variable central. De hecho, hay 5% del total de la opinión pública, es decir, un 10% de los que aprueban dicen que el liderazgo presidencial es el principal motivo de apoyo a la gestión. El cambio de imagen de Lacalle Pou prepresidente a presidente, pensando aquella frase que dio Sanguinetti en Búsqueda, es uno de los fenómenos de opinión pública más importante del 2020. De un liderazgo que es elegido con un saldo de simpatía casi neutro, pasa a un saldo muy favorable que mantiene hasta la actualidad. Es una figura muy consolidada, es un referente central del gobierno en un formato presidencialista.
Por otra parte, es también una dificultad que se le instala a la coalición multicolor pensando en el futuro. Especialmente el Partido Nacional tendrá que construir un liderazgo potente capaz de equiparar lo que es hoy la imagen del presidente entre los suyos.
- Recuadro de la entrevista
El dilema de la coalición