La CNFR se presenta como una gremial integrada por productores familiares, considerando que en Uruguay no hay campesinos, sino que hay productores y empresarios del agro.
“Es muy difícil trazar cuál es la línea de empresario, porque una cosa es cómo se ve” el propio actor del sector agropecuario, “otra es el desarrollo y otra son las decisiones”, señaló. Destacó que hay productores familiares “natos”, que “son terribles empresarios pero no se consideran empresarios”.
“Uruguay es el único país de Latinoamérica en el que no hay campesinos, aunque el campesino chileno es muy similar al productor familiar”, opinó.
Al ser interrogado sobre los planteos desde el Estado en cuanto a ser más eficientes y de mantener la población rural, que pueden cambiar la manera de vivir y de producir, López declaró que “muchos que no son muy afines a la producción familiar la comparan con la subsistencia y con alguien que precisa asistencialismo” para seguir en el campo. “Puede ser que una parte de la producción familiar necesite apoyo pero no es el cerno” de este sector, afirmó.
Sobre el peso de ese renglón de productores en la actividad rural, el titular de la CNFR comentó que el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesa (MGAP) está elaborando un informe técnico para “ponerle números” y medir el impacto de la producción familiar en el agro, la participación en el valor de producto agropecuario y mano de obra generada, entre otros aspectos.
Entre el “70% y 80% de las unidades de producción son del tipo familiar, la mayoría son ganaderos, dedicados a la cría y ubicados en zonas del basalto” y otras, también en la granja y en la lechería hay “mucho” productor familiar, según estimaciones de la gremial.
Sostuvo que “es el sector que genera la mayor cantidad de puestos de trabajo por metro cuadrado de superficie”.
Algunos estudios de años anteriores indican que “por cada puesto de trabajo del sector granjero intensivo se generan siete puestos de trabajo en el encadenamiento”, resaltó.
La CNFR estima que “la contribución de la producción familiar en el Producto Bruto Interno del agro es de un 30%”.
El efecto del boom chino en las exportaciones agropecuarias de Uruguay incidió en la producción familiar, considerando la evolución de los precios.
Al ver “lo que se valorizó la carne en los mercados, el ganado de reposición, que la mayor parte surgió de predios familiares, esto “tiene un producto bruto importante”, dijo.
Al hacer un repaso histórico de la producción familiar, López se retrotrajo a los años noventa, cuando se pregonaba la “política de ser más eficiente y exportar en todos los rubros”, como en el caso de la granja que “se veía muy atrasado” en eso.
Y eso fue “en muchos casos la tumba de los cracks”, con los “cambios macroeconómicos, la devaluación de la moneda en Brasil, la situación de Argentina, se venía de décadas de atraso cambiario y de endeudamiento” acumulado en el agro, justificó.
El directivo rural sintetizó su visión de lo que ocurrió por esos años y qué significó en aquel momento: “Muchos productores, de varios sectores, como la ganadería, que apostaron a hacer praderas y a la productividad, después fueron los que se hundieron con el endeudamiento agropecuario entre 2000 y 2002”, enfatizó.
Acotó que “el sector menos endeudado y en el que menos productores desaparecieron fue en la ganadería familiar, porque no siguieron esa línea que abarcó a grandes emprendimientos que después cayeron y que estaban vinculados a la avicultura, horticultura y fruticultura”. “Todos fracasaron y dejaron un agujero, por esa apuesta a la gran empresa, a la eficiencia y a la locomotora”, cuestionó.
Para López, el “principal generador de la crisis financiera fue la crisis agropecuaria”, debido al endeudamiento y a la epidemia de fiebre aftosa, luego vino la reactivación en 2003 con reapertura de mercados y aumento de precios.
Luz, celular y moto
El titular de la CNFR se refirió también a qué sucedió en lo profundo de la producción familiar y a qué cambios se dieron en las últimas tres décadas.
“La principal transformación fue el acceso a las tecnologías o a servicios básicos, como la luz y las comunicaciones”, sostuvo. Y recordó que hace unos años había unas 5.000 familias en zonas del norte donde está la Cuchilla de Haedo que no tenían luz eléctrica.
No es que se esté en contra de los planes de innovación tecnológica sino que eso depende del momento, de qué tecnologías, cómo hacerlo y bajo qué condiciones financieras y otras, aclaró el presidente de la CNFR.
Indicó que en los años noventa se insistía en la “compra del paquete tecnológico entero” y “el productor familiar no se metió de entrada en todo eso porque no quiso arriesgar demasiado”, apoyado en “la lógica de la supervivencia”. “Para el pequeño productor familiar ese sentido de supervivencia es una virtud o una fortaleza” y “piensa que lo mejor es no meterse, aunque después le digan atrasado”, afirmó.
Y recordó algunas reuniones en el ámbito del Mercosur, en las que “el presidente de una agremiación rural dijo: el mundo se define entre nosotros los eficientes y los otros que son ineficientes, haciendo clara alusión a los productores familiares”. “Ese productor fue uno de los primeros que remató el Banco República” por sus deudas, siendo un “productor de primera, pero que no le dieron los números”, advirtió.
Cambio drástico y puntaje
Otra transformación que fue considerada “drástica” por la gremial de productores familiares fue “la incorporación del teléfono celular”, donde “cualquier paisano se fija si va a llover o no dentro de 15 días”, y el hecho mismo de que productores que se puede creer que jamás se adaptarían a usar esa tecnología, hoy son “duchos” en su manejo.
Igualmente, el uso de las motos en las zonas rurales, específicamente por los trabajadores del sector en los establecimientos de los distintos rubros del agro, significó un cambio “radical” en la vida cotidiana, valoró.
Sobre la definición de la actual administración del presidente Luis Lacalle Pou, quien sostiene estar “con el campo”, el titular de la CNFR señaló que “de entrada hubo un recorte muy fuerte” de programas para el sector, específicamente en los que implementaba la Dirección de Desarrollo Rural del MGAP, como el denominado Más Agua, con financiamiento del Banco Mundial (BM).
“Se cortó el financiamiento externo”, lo que hizo “discontinuar” proyectos que “ya estaban aprobados” en la anterior administración, sostuvo.
Pese a ello, López reconoció que luego el actual gobierno empezó a plantear “algunos proyectos con el BM, con un componente para agroecología, con el Banco Interamericano de Desarrollo y ahora hay otro con el BM para ganadería sostenible, que está ligado al bono” emitido por el Estado uruguayo, de 2024 a 2028, que “tiene un componente para la producción familiar”.
“Queda claro que no ha habido desde hace tiempo, más allá de los anuncios, una política de Estado de acceso al agua y al riego”, y “se modificó la ley de riego en el período anterior, que podía ser buena para una parte del sector agropecuario pero no permitía a la producción familiar mejorar su defensa frente a la sequía”, cuestionó.
Consideró que esa norma legal “está diseñada para sociedades de regantes” y la “agricultura de secano”, y “no atiende las necesidades y particularidades de la producción familiar”.
Otro de los anuncios de medidas vinculadas con el agua para el agro que quedaron en el camino fue la conformación de una especie de Grupo Asesor Científico Honorario (GACH), como se hizo en la pandemia, pero en este caso para el riego, que hizo el ministro de Ganadería, Fernando Mattos, sin ser una idea que “no estaba mal”, al igual que la “hoja de ruta” planteada, indicó.