La idea de crear “una biblioteca accesible, braille y parlante de alcance geográfico nacional” para personas con discapacidad visual partió de la contadora Valentina Gorfain, asesora de la senadora nacionalista Carmen Asiaín. En meses se convirtió en un proyecto de ley que cuenta con el respaldo unánime del arco político y fondos asignados para ejecutarse, según confirmó Búsqueda entre legisladores y autoridades del Ministerio de Educación y Cultura (MEC).
El proyecto de ley presentado por Asiaín busca, entre otras cosas, disponer de un espacio físico en la Biblioteca Nacional del Uruguay (BNU) acondicionado para personas ciegas o con discapacidad visual para la lectura de textos en el sistema braille y para la escucha de audiolibros, más una plataforma digital para acceder al material desde cualquier parte del país.
La idea de Gorfain encontró eco inmediato en el director de la mayor y más antigua biblioteca pública del país, Valentín Trujillo, quien sugirió como primer paso imprimir algunos clásicos de la literatura en braille y aseguró que existen fondos disponibles por la Ley de Presupuesto para estos fines.
Para la realización de los audiolibros, Uruguay dispone de tecnología recientemente donada por la embajada de Israel al MEC que permite traducir del formato PDF al audio, según le informó el ministro Pablo Da Silveira a la senadora Asiaín. La embajada israelí también aportará “unos lentes especiales” que cuentan con un dispositivo de visión artificial que permiten leer, reconocer personas o identificar productos mediante un sistema de visión computarizada, explicó a Búsqueda la senadora.
En cuanto a los audiolibros, la iniciativa parlamentaria prevé la posibilidad de recurrir a organismos como el Servicio Oficial de Difusión, Representaciones y Espectáculos (Sodre) o los departamentos artísticos municipales para que sean artistas profesionales nacionales quienes interpreten y le pongan voz a las obras.
La BNU también podrá suscribirse a los servicios de otras bibliotecas. La Fundación Braille, por ejemplo, cuenta con un acervo importante de literatura uruguaya en formato de audiolibros, leídos por actores.
Otro objetivo del proyecto de Asiaín es que estos textos “inclusivos” tengan el mayor alcance geográfico y lleguen a todos los departamentos del país: tanto a escuelas y liceos públicos como a bibliotecas municipales o localidades lejanas a través de plataformas informáticas.
La Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) y la Universidad de la República (Udelar) disponen de centros de recursos con materiales accesibles para alumnos no videntes o con baja visión. En la Udelar se trabaja el tema en la Red Temática de Discapacidad, integrada por varias facultades.
Según Asiaín, la idea es “evitar duplicar estos esfuerzos” para los libros de estudio y extender la iniciativa a la biblioteca digital del Plan Ceibal y a la del Palacio Legislativo, que también avanza en su proyecto de digitalización.
Para la creación de la Biblioteca Nacional Accesible ya se han recibido aportes de la población con discapacidad y de organizaciones de la sociedad civil especializadas. De hecho, la Unión Nacional de Ciegos del Uruguay propuso elaborar un repositorio con material digitalizado, atenta a que los libros en braille ocupan mucho lugar y requieren cuidados especiales; por ejemplo, deben colocarse en vertical para no hacer peso excesivo sobre los puntos en relieve.
Menos del 7% de los libros que se publican en el mundo lo hacen en formato accesible a estas poblaciones. La oferta de este tipo de materiales es prácticamente nula en el mercado editorial uruguayo. Por lo que para una persona ciega o con visión muy reducida no resulta nada fácil comprar o conseguir un libro en formato accesible.
Uruguay ratificó e implementó el Tratado de Marrakech, un conjunto de normas que, por primera vez, regula aspectos de la propiedad intelectual desde la óptica de los derechos humanos, promoviendo la igualdad de condiciones para garantizar el acceso a la lectura.
“Algo tan básico como un libro en cualquiera de sus formas para poder educarnos es vital y por ello es un deber moral y jurídico del Estado, proporcionarlo”, explicó Asiaín en la exposición de motivos del proyecto de ley titulado Biblioteca Nacional Accesible, Accesibilidad para todos en todas partes.

Carmen Asiaín. Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS
“No formar guetos”
El proyecto de ley de Asiaín avanza a nivel legislativo. En la comisión de Educación y Cultura del Senado encontró respaldo unánime y fue particularmente aplaudido por Carmen Sanguinetti(Partido Colorado) y Liliam Kechichian (Frente Amplio), quienes, al igual que la senadora nacionalista, tienen familiares con algún tipo de discapacidad física o intelectual.
“La experiencia de vida a veces nos sensibiliza especialmente sobre estos temas”, indicó Asiaín, que si bien no integra esa comisión está al tanto del trámite del tema.
Allí una delegación de la Unión Nacional de Ciegos del Uruguay —integrada por su presidenta, Alejandra Gossio, su tesorera, Victoria Cortazzo, y la directiva Noelia Baillo—, presentó un documento en el que sugiere, entre otras cosas, que el repositorio de libros se elabore en formato digital, como ocurre con “la biblioteca digital y accesible” que desde 2017 funciona en la órbita de la Biblioteca Nacional.
La delegación fue recibida a propuesta de Sanguinetti. “Hay una máxima en discapacidad que dice ‘nada sobre nosotros sin nosotros’, y por eso nos parecía importante escuchar a los involucrados, que siempre enriquecen la perspectiva”, dijo a Búsqueda la legisladora colorada que celebró la iniciativa de su par blanca para “traccionar un cambio cultural de una sociedad que todavía está lejos de ser verdaderamente inclusiva”.
La iniciativa procura una mayor disposición de acceso a la información para personas con discapacidad visual o con cualquier tipo de discapacidad que imposibilitara el tener contacto con obras literarias, textos de educación, leyes o los libros impresos en la Biblioteca Nacional.
Además del espacio físico en la biblioteca, el proyecto asegura un lugar para los textos en braille y en formato de audiolibros, “macrotipo” o imágenes digitales.
El objetivo es que haya un espacio en los sitios de la biblioteca genéricamente habilitados para todos los usuarios, porque la intención “no es formar guetos”, precisó Asiaín.
Derechos de autor
La impresión de los textos en braille estará a cargo de la Biblioteca Nacional, sin perjuicio de las donaciones que pueda recibir la institución. La iniciativa prevé la proyección de crecimiento anual de los fondos literarios en el espacio físico de la biblioteca que se encargará además del mantenimiento de las obras para asegurar su integridad, seguridad y conservación.
También hará accesibles estos volúmenes a los usuarios del servicio tanto físicamente como mediante herramientas tecnológicas, y para ello formará a los funcionarios que atiendan este espacio de cara al público.
Para sumar nuevas publicaciones a braille y su grabación en forma de audiolibro, las imprentas deberán remitir a la Biblioteca Nacional, además de dos copias impresas de la obra (requeridas por la Ley de Depósito Legal Nº 13.835), un archivo en formato digital que permita su impresión en braille, sin perjuicio de su transformación a otros formatos digitales accesibles.
En todo caso, se respetará la legislación vigente en materia de propiedad intelectual y derechos de autor, indicó Asiaín.
Los fondos literarios que se encuentren disponibles en formato digital, braille o audiolibro recibirán igual tratamiento jurídico que los libros impresos en papel. Y los infractores a las leyes que protegen los derechos de autor serán pasibles de las mismas penalidades establecidas, sin importar el soporte o formato en el que se encuentre la obra.
Como sea, el proyecto legal ya ha sido sometido a revisión de los equipos de Biblioteca Nacional y Educación Inclusiva, que orbitan en la Dirección de Educación del MEC y se apresta a su aprobación parlamentaria tras el receso.