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A mediados de marzo se le comunicó a Cathy Burghi, artista uruguaya radicada en Francia, que habían robado una de las obras que exponía como parte de una serie de bordados en el Subte de Montevideo de la Plaza Fabini. La artista hizo la denuncia en la seccional correspondiente y existe una investigación en curso en el departamento jurídico de la Intendencia de Montevideo (IM). Este episodio no es aislado: ya ha sucedido otras veces. “El policía no parecía sorprendido de lo que le decía: aparentemente no era la primera vez que alguien iba a efectuar una denuncia por un robo en la sala municipal”, dijo la artista desde Francia a Búsqueda.
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Burghi ya estaba advertida: cuando realizó el montaje de sus obras, dos técnicos de la sala le dijeron que la iban a robar. La obra sustraída es un dibujo textil de 20 por 20 centímetros, perteneciente a la exposición “Desbordada”, que se levantó el 14 de abril. El bordado traza en color rosa y negro el torso desnudo de una mujer.
Como forma de subsanar la situación, la dirección del Subte hizo conocer un documento firmado que establece “medidas de seguridad urgentes y visibles”. Concretamente: abrir en un horario más acotado, hasta las 19 y no las 20 horas; trasladar el puesto de vigilancia al interior de la sala e instalar lockers para que el visitante deje su mochila o bolso.
En las bases del llamado abierto para exponer se aclara que no existe un sistema de seguros por obras de arte. “El artista siempre corre el riesgo”, dice Burghi, que estuvo por levantar la muestra antes de tiempo. “Les dije que dejaba la sala vacía, ya que no me interesaba el robo en sí mismo como un acto contra la propiedad privada, sino que la institución adolecía de una enorme falta y había que condenar lo ocurrido. Lo que me importa en esta historia es que se contemple el valor cultural además del económico de una obra de arte”. Burghi apuntó un poco más lejos: “Si los demás artistas no quieren denunciar esto, es también porque cuidan bien sus circuitos y no actúan de manera inteligente ni solidaria”.
El valor de la obra es de 500 euros y fuentes vinculadas al Subte dijeron que se pagarán. “En todo caso, me siento tranquila de haber negociado algo, no mucho, en relación a reforzar medianamente la seguridad en el Subte”, dijo Burghi.
Se conocen dos casos similares. Uno es la desaparición por poco tiempo de un dibujo de Francisco Cunha, parte de una muestra colectiva de la colección de arte contemporáneo uruguayo de la Compañía del Oriente, en 2009. El dibujo desaparecido y recobrado era pequeño y mostraba el rostro sonriente de un joven, bajo el título “Concha”. “Según lo que recuerdo, desapareció el mismo día de la inauguración. Lo que no recuerdo es cuándo fue que regresó: si ese día mismo o días después”, explicó Cunha. “La experiencia fue más una anécdota que otra cosa: me sorprendió que alguien tuviera el impulso de tomar una de mis obras. Era de las primeras veces que mostraba mi trabajo y fue interesante que alguien tuviera ese vínculo con lo que hacía. Pero si me pasara ahora me chocaría un poco más”, dijo.
Otra obra desaparecida, esta sin volver, fue uno de los cascos de moto intervenidos por Ernesto Rizzo en una muestra que invitaba al público a probarse la “obra”.