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La primera mitad presenta un atractivo gancho y un correcto rendimiento en todas sus filas. Ya en el comienzo tenemos un escenario adecuado para ambientar una trama policial: el mundo del arte, con sus glamorosas firmas rematadoras, la seguridad que rodea a las millonarias pinturas y el descaro y arrojo de los que pretenden robarlas. Lo que está en juego es nada menos y nada más que un óleo de Goya.
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Luego vienen los protagonistas: el guardián del arte (James McAvoy), los malhechores (con Vincent Cassel a la cabeza) y una terapeuta que trabaja con la hipnosis (Rosario Dawson). No hay policías en juego, solo particulares con mayores o menores simpatías por el delito que buscan emprender negocios. Y un aspecto fundamental para que la historia avance: el minucioso trabajo sobre la memoria de un paciente, sus recuerdos reprimidos, las imágenes sin sentido que brotan como racimos en su mente, la pieza que falta en el rompecabezas, que siempre gira en torno a la pintura de Goya.
Hay un tratamiento visual dinámico, un ritmo que no decrece y el necesario humor para acompañar ciertas secuencias. La ambientación también es seductora y va desde los lujosos salones de las casas de arte hasta el apartamento de la terapeuta, donde destaca un viejo ascensor de caja de madera y puertas dobles de tijera, pasando por un Citroën Patito como el del papá de Mafalda que viaja por la campiña francesa.
Pero luego viene la segunda mitad de la película, que no es tan buena como la primera, aunque las imágenes siguen siendo seductoras y hay lugar para una escena caliente con Rosario Dawson depilada. La reconstrucción de la memoria del desmemoriado se vuelve insistente, machacona, y las vueltas de tuerca excesivas. Es decir, el policial de suspenso y misterio que hasta entonces tenía una graduación acertada y un enigma a develar, se convierte en un policial donde se puede esperar cualquier desenlace, cualquier cosa.
El responsable es Danny Boyle (Manchester, Inglaterra, 1956), un cineasta que tiene en su haber dos realizaciones creativas (“Tumba al ras de la tierra” y “Trainspotting”), una apuesta extraña (“Vidas sin reglas”), un acierto comercial (“La playa”) y dos Oscar por “¿Quien quiere ser millonario?” (mejor película y mejor dirección). Aparte de estos ejemplos quedan otros que ni fu ni fa, como su última película.
“En trance” (Trance). Gran Bretaña, 2013. Dirección: Danny Boyle. Guión: Joe Ahearne y John Hodge, Duración: 101 minutos.