Los pistones de la economía mundial se han ido alternando en los últimos años. En 2015 los países emergentes —China, Brasil, Sudáfrica, Rusia, etcétera— dejaron de empujar tanto al enlentecer su ritmo de crecimiento o entrar en recesión. En cambio, Estados Unidos (EEUU) fue retomando potencia, si bien Europa y otros avanzados siguieron débiles.
Los cálculos más recientes del Fondo Monetario Internacional (FMI) indican que el Producto Bruto Interno (PBI) mundial habría crecido 3,1% en 2015 y el pronóstico es que lo haga un 3,6% en 2016, un desempeño “decepcionante y desigual” en palabras de su directora gerente, Christine Lagarde, publicadas en formato de columna el 30 de diciembre en el diario alemán “Handelsblatt”.
Mientras, desde Uruguay el contexto global es monitoreado con particular atención por las autoridades de gobierno. Asumen que factores como la baja de la demanda pueden impactar sobre el nivel de actividad económica local y las exportaciones, y que atraer inversión foránea al país se tornará más difícil a medida que se vaya consolidando el aumento de las tasas de interés internacionales.
Avanzados
“Se cierra el capítulo de la recuperación de EEUU”. Así tituló el 17 de diciembre “The New York Times”, luego que la Reserva Federal de ese país (Fed, por su sigla en inglés) subió en un cuarto de punto porcentual las tasas de referencia para su mercado, por primera vez en siete años. Esa medida fue otro paso hacia la normalización de la política monetaria y “marca el fin de un período extraordinario que ayudó a atenuar las dificultades económicas de los estadounidenses durante la peor crisis financiera desde la gran recesión”, dijo Janet Yellen, titular de la Fed.
A partir de diciembre de 2008 ese organismo había mantenido sus tasas de interés en niveles de entre 0% y 0,25% anual. Con esto intentaba abaratar el costo de los préstamos y así apuntalar una economía que había entrado en recesión en el marco de una crisis surgida con el impago de créditos inmobiliarios asociados a títulos bursátiles.
Para 2016 se esperan otras tres o cuatro subas de las tasas de interés de la Fed, probablemente de una magnitud similar a la ya aplicada, según la visión de varios analistas de mercados. Ello podría hacer que los capitales que habían fluido hacia economías emergentes en estos años de intereses casi nulos, retornen a EEUU. De su mano vendría además una valorización adicional del dólar.
En julio-setiembre pasado la economía de EEUU creció 2%, según el recálculo de las cifras oficiales publicado en diciembre.
Algunos analistas estiman que el PBI está aún 10% por debajo de donde habría llegado si la última crisis no hubiera existido. Y aunque el desempleo se mantiene en 5% (alcanzó casi 10% en 2009), la inflación sigue muy por debajo del objetivo de 2% que la Fed considera “saludable”.
En el marco de una visita realizada el mes pasado a Montevideo para un evento del Research Institute for Development Growth and Economics organizado en el Banco Central del Uruguay, el Premio Nobel Joseph Stiglitz dijo a Búsqueda que la recuperación “es relativamente débil”, ya que no se había sido “lo suficientemente agresivo” para estimular la economía. “Una de las razones por las que ha disminuido el potencial de crecimiento de EEUU es porque se dejó que muchas personas pierdan sus habilidades. La responsabilidad principal es de la política fiscal, pero la monetaria no aseguró que el crédito vaya hacia donde debe”, opinó el economista (ver Nº 1.846).
Según datos del Departamento de Trabajo, en noviembre las personas contratadas a largo plazo eran 26% de la fuerza laboral. Poco más de seis millones trabajaban a medio tiempo al no encontrar puestos a jornada completa.
En un reciente estudio, el Pew Research Center señala que la clase media estadounidense perdió participación en la sociedad. En 1970 había 80 millones de adultos dentro de esa categoría y otros 52 que se repartían entre hogares de altos y bajos ingresos. En 2015 los números se igualaron: 120,8 millones de adultos viven en hogares de ingresos medios y 121,3 millones lo hacen en las clases alta y baja. También indica que el ingreso total de los hogares se desplazó “sustancialmente” hacia los que poseen mayor renta.
“La economía estadounidense, al menos, no está decreciendo, pero está creciendo a un ritmo muy lento. Aunque el nivel de desempleo es bajo, el mercado laboral sigue teniendo índices de participación muy bajos”, analizó citado por la agencia dpa John Taylor, autor de una regla de política monetaria formulada en 1993 según la cual las tasas de la Fed deben guiarse por variables como la inflación y el crecimiento económico.
“Tal como señala John (Taylor), la recuperación de EEUU fue decepcionante. Pero atribuirlo a la política de la Fed sería exagerar. La crisis financiera de 2007-2009 fue la peor desde la (Gran) Depresión y dejó cicatrices profundas en la economía”, comentó por su parte Ben Bernanke, quien estuvo al frente de la Fed entre 2006 y 2014.
El FMI proyecta que el desempleo en EEUU caerá en 2016 por debajo de 5% —por primera vez en varios años— al afianzarse la reactivación económica ayudada en parte por el abaratamiento de la energía y la mejora en el mercado de viviendas: el PBI aumentará 2,8%. La inflación, sin embargo, volverá a estar en torno a 1%, como en 2015.
En otras economías avanzadas el crecimiento también se acelerará este año, según el Fondo.
La zona euro saldrá del estancamiento, aunque la expansión será moderada (1%). Francia, Alemania y Reino Unido crecerán algo por encima de ese promedio (1,5%, 1,6% y 2,2% en cada caso). La inflación es un síntoma de la debilidad: 2015 terminó con un registro de 0,2%, informó el lunes 4 la agencia oficial de estadísticas Eurostat.
También Japón acelerará un poco su ritmo de expansión en 2016 (1%), en parte por efecto de medidas monetarias expansivas. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) coincide con ese pronóstico y explica que la demanda podría verse impulsada por el aumento de los salarios.
Emergentes
“El año ofrecerá desafíos en abundancia” y los “mercados emergentes estarán en el centro de la escena. Los flujos de capitales están disminuyendo, algunas reservas han sido gastadas, los diferenciales (de rendimiento de la deuda soberana) se han ampliado, las monedas se debilitaron, y el crecimiento económico se está desacelerando bruscamente en algunos países”, describió Maury Obstfeld, economista jefe del FMI, en una entrevista publicada el lunes 4 por el propio organismo. “No hay duda de que las condiciones financieras son más restrictivas, y los mercados emergentes y en desarrollo son especialmente sensibles a estas situaciones, teniendo en cuenta otros males actuales”, añadió.
China, la principal economía emergente —una categoría que alude a países que en los últimos años dieron pasos más firmes hacia el desarrollo—, viene enlenteciendo su ritmo de crecimiento. El FMI estima que el PBI aumentó 6,8% en 2015 y que lo hará un 6,3% en 2016 gracias a las reformas estructurales en marcha, así como a la caída de los precios del petróleo y otras materias primas.
El nuevo año proporcionará evidencia concluyente sobre si los planes para reequilibrar la economía hacia el consumo y continuar con la liberalización financiera caerán por la ventana, señaló un analista de “The Financial Times” en un artículo publicado a fines de diciembre. De ser así —alertó—, China va a pagar un precio alto por la mala asignación de los recursos.
El 2016 empezó agitado para los mercados bursátiles chinos; el lunes 4 los precios de las principales acciones en la Bolsa de Shanghai cayeron fuerte (7% en promedio según el índice de referencia), haciendo recordar los días negros de agosto pasado. Una baja en la producción fabril en diciembre, sumado al inminente fin de la restricción para que los grandes inversores puedan desprenderse de las acciones y el levantamiento de la prohibición a nuevas emisiones habrían motivado las ventas, especularon analistas.
La OCDE visualiza que mientras el consumo de los chinos sigue siendo “robusto”, el impulso a las obras de infraestructura no será sostenible a largo plazo y que la inversión inmobiliaria “está tocando fondo”. Para 2017 vaticina que el PBI del gigante asiático crecerá 6,2% frente al año que se inicia.
La desaceleración china viene impactando en otras economías emergentes y la menor demanda se tradujo en precios más bajos de los alimentos y otros commodities. Uruguay tiene a China como su principal destino de exportación de bienes (ver página 24).
Carmen Reinhart, profesora de la Universidad de Harvard que ha tomado como uno de sus temas principales de análisis los default de deudas soberanas, puso un toque de alarma en una reciente columna al advertir que, “desde una perspectiva histórica, las economías emergentes parecen encaminarse a una crisis” aunque luzcan más resilientes que en el pasado.