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    Sectores de izquierda advierten un avance de la “derecha internacional” en la región, pero la Cancillería evita polarizar

    “Golpe parlamentario” en Brasil y fuerte conmoción en Venezuela. Gobiernos conservadores en Paraguay y Argentina. Con ese panorama nada alentador desde la perspectiva de un Mercosur “progresista”, no es extraño que a pesar de que entre el Palacio Santos y la Casa Líber Seregni —las sedes de la Cancillería y el partido en el gobierno— hay menos de 300 metros sobre la calle Colonia, ambos estén en sintonías diferentes.

    Con respecto a Brasil, mientras la fuerza política salió a respaldar a Dilma Rousseff y denunció un “golpe parlamentario”, el canciller Rodolfo Nin Novoa prefirió desmarcarse de esa declaración y mostró una postura preocupada por las exportaciones uruguayas al principal socio comercial después de China. En cuanto a la situación de Venezuela, Uruguay emitió una declaración conjunta con Chile y Argentina en la que exhortan al gobierno y la oposición venezolana a retomar el “diálogo” y disminuir la “polarización”.

    Entre los legisladores del partido de gobierno hay quienes expresan opiniones más duras que las del canciller: “Uruguay debe evaluar si hacer o no la próxima cumbre del Mercosur del 2 de julio en las actuales circunstancias”, dijo a Búsqueda el diputado Daniel Caggiani (MPP).

    Para este legislador oficialista, la revelación que se produjo esta semana, cuando el diario “Folha de São Paulo” divulgó una nueva grabación donde el ministro de Planeamiento, Juca Ferreira, sugirió un pacto para frenar la investigación del llamado Lava Jato en Petrobras confirma que en Brasil hubo un golpe.

    “No hay nada cerrado” respecto al caso brasileño, opinó el legislador que hace unos días participó en Lisboa de la reunión del grupo de parlamentarios de izquierda Eurolat.

    El grupo, que en setiembre se reunirá en Montevideo, emitió una declaración de solidaridad con Rousseff y también con el gobierno que encabeza Nicolás Maduro en Venezuela.

    “Denunciamos las constantes acciones desestabilizadoras contra el gobierno legítimo y democrático (...) Nicolás Maduro Moros, alentadas desde los centros imperiales, y rechazamos categóricamente toda declaración injerencista, irrespetuosa y violatoria de los principios del Derecho Internacional (...) y todas las expresiones injerencistas de representantes y portavoces europeos al considerarlas inaceptables en el marco del Estado de derecho y del multilateralismo”, sostuvieron los parlamentarios de izquierda.

    “El coro de la derecha latinoamericana se apresta al reconocimiento del presidente en funciones, aunque todavía faltan seis meses para la destitución definitiva de Dilma y queda un juicio pendiente, pero ya Macri saludó a su nuevo aliado; ¡tienen tanto en común!”, escribió la senadora oficialista Constanza Moreira en una columna en su blog.

    Moreira pareció criticar al presidente Tabaré Vázquez sin nombrarlo:  “Reacciones dignas como la de El Salvador escasean en esta parte del mundo (sus autoridades no reconocieron al nuevo gobierno y retiraron su Embajada), y el país que los ayudó a todos (a prevenir golpes de Estado en Bolivia, Ecuador, Venezuela, Honduras, Paraguay), va quedando solo, mientras las elites vernáculas calculan que es mejor no jugársela mucho, porque quizás Temer se quede un buen tiempo”.

    Mientras para Caggiani las situaciones de tensión y los golpes buscan “ajustar la economía para que cierre el modelo”, el integrante de Redes Frenteamplistas Eduardo Vaz dijo a Búsqueda que la muerte del ex presidente Hugo Chávez  y la caída del precio del petróleo “dejaron al desnudo un país sin cambios profundos en la base material capaces de encarar un desarrollo diferente sin tanta dependencia del petróleo”.

    “La distancia entre Chávez y Maduro es gigante. La corrupción campea a todos los niveles del Estado y la sociedad. El aislamiento internacional del gobierno es creciente”, dijo Vaz. En cambio, opinó, el caso de Brasil es diferente: “Es claro que estamos ante una jugada antidemocrática de la derecha, ilegítima aunque legal, que no acepta la derrota en las urnas frente a Dilma y logra su desplazamiento por vía indirecta. No estábamos ante un gobierno autoritario ni radical en sus acciones, pero la profundidad del cambio sociocultural que se expresó en la derrota de la derecha brasileña en forma reiterada durante cuatro elecciones, los cambios en la vida de decenas de millones de pobres que son la base del voto a Lula y Dilma, es lo que genera esta reacción impresentable del establishment sobre la base de una profunda crisis económica que no quieren pagar”.

    También desde una postura de izquierda, el economista Antonio Elías fue más critico en el semanario “Voces”. Sostuvo que los gobiernos progresistas “llegaron (...) vaciando su discurso político de los objetivos estratégicos de la izquierda” y además “pretendieron atenuar los males del capitalismo sin enfrentarlo como sistema”.

    En el mismo semanario, el economista José Manuel Quijano había afirmado que “no todas las situaciones son iguales”. Quijano diferenció los casos de Chile, Bolivia y Uruguay, donde quienes gobiernan “parecen perder energía y popularidad” de las situaciones en Brasil, Venezuela .

    Acerca de este último, Quijano opinó que “parece aferrado a un modelo más apocalíptico que gubernativo”, aunque advirtió que “lo que está ocurriendo no tiene por qué ser el fin de la izquierda”, sino la necesidad de búsqueda de “una izquierda con vocación social, honrada, seria y democrática”.

    Para el diputado Caggiani, la posición que tomó el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) Luis Almagro respecto al presidente Maduro no es la adecuada.

    “Se rebajó a discutir como si fuera de la oposición”, indicó Caggiani, y recordó que tanto en Venezuela como en Brasil los gobiernos “progesistas” acentuaron las políticas redistribuidoras.

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