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    Seregni y la difícil relación con los principales líderes del Frente Amplio

    Un hombre sobrio, honrado, educado y un gran estratega. Los elogios provenientes de adversarios y compañeros de partido aparecen una y otra vez cuando se recuerda la figura del general Líber Seregni, el militar de origen batllis­ta que fundó el Frente Amplio en 1971 y que murió hace casi doce años.

    Pero no todo fue idílico. Además de las tensiones que pasó cuando fue militar y tuvo que acatar órdenes de los gobernantes en momentos difíciles del país, la prisión en la dictadura o la negociación para el retorno a la democracia, Seregni debió también comandar la interna del Frente Amplio, a cuya Presidencia renunció en febrero de 1996. Y por eso no fue sencilla su relación con el dos veces presidente Tabaré Vázquez, el ministro Danilo Astori (a quien veía como su sucesor) o los tupamaros Eleuterio Fernández Huidobro y José Mujica.

    Todo esto está relatado en el libro “El General”, de Valeria Conteris y Sergio Israel, la biografía de Seregni que sale publicada hoy jueves 16. “Algunos lloran lágrimas de cocodrilo o usan el nombre de Seregni, pero en realidad estaban lejos de él, sobre todo al final de su vida. En parte por apetencias de poder”, dicen los autores. Agregan que Seregni fue un hombre “pragmático” y que por eso “levantó la mano del ganador en la interna, Tabaré Vázquez, algo que Danilo Astori jamás perdonó”.

    “Tabaré, a su vez, sabía que no era el preferido y en la lucha por llegar al poder, este dos veces presidente al que no le gusta perder ni a la bolita, tuvo fuertes enfrentamientos con Seregni teniendo como aliados a una parte del Partido Socialista y a los tupamaros, con los cuales el general nunca se llevó bien”, relata el libro.

    La relación de Seregni con Astori —quién años después creó el sector Frente Líber Seregni— comenzó en 1971, pero no fue sencilla. Según el libro, el general cometió “un desliz” en 1984 cuando llamó por teléfono a Astori, delante de las cámaras de televisión, para informarle que sería candidato a la Intendencia de Montevideo. Astori le dijo que no aceptaba y que seguiría como decano de la Facultad de Ciencias Económicas. “Después de ese bochornoso episodio, el general dejó de recibir a Astori durante mucho tiempo”, afirman Conteris e Israel. “Cada vez que voy a verlo tiene otra cosa que hacer”, se quejó Astori. No obstante, Seregni valoraba la “lealtad” y capacidad de Astori y destacaba sus dotes como orador.

    Con Vázquez las diferencias aparecieron en la campaña electoral. “Los dos eran ordenados y formales, pero el problema era que la personalidad orgullosa de Vázquez no admitía con facilidad el paternalismo del presidente del Frente”, dice el libro.

    Seregni “comenzó a percibir, cada vez con más claridad, que ya no era el general que tenía autoridad por encima de todos”. En una reunión, a poco de las elecciones de 1989, Seregni se molestó con Vázquez porque este se había mostrado como ganador de la Intendencia y había anunciado cómo sería su asunción. “¡Tabaré, exitismo no!”, le dijo golpeando la mesa, relatan los autores.

    “No le discutía a Seregni. Lo acepté. Después de ese día me cuidé mucho de decir que íbamos a ganar, hasta el final, cuando se veía venir después de aquella caminata enorme”, contó Vázquez a Conteris e Israel.

    La distancia quedó en evidencia cuando, en febrero de 1996, Seregni dio un discurso en el que anunció su renuncia a la Presidencia del Frente Amplio. “Tabaré, a pesar de que integrantes del equipo de Presidencia del Frente sostienen que fue informado con antelación de la renuncia, había salido de Montevideo y estaba descansando con su esposa, su cuñada y el esposo de esta en Punta Gorda (Colonia), un lugar en el que solo se captan radios argentinas”, cuentan los autores. Antes de irse, Vázquez consultó a Seregni si debía quedarse para el acto. La respuesta del general fue que “él sabía lo que tenía que hacer”.

    Poco tiempo antes de morir, y con la ayuda de Ariel Bergamino, Seregni y Vázquez acercaron posiciones y el general se puso “eufórico” porque el Frente ganaría y el futuro presidente había resuelto que Astori fuera su ministro de Economía.

    Seregni no tenía buena relación con los Tupamaros. En el libro se recuerda que uno de los enfrentamientos ocurrió cuando el general dijo en una entrevista con Búsqueda en el año 2000 que los Tupamaros habían violado los derechos humanos. El hoy ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro, fue especialmente crítico. José Mujica también. Sin embargo, Seregni y Mujica tuvieron una larga charla en el Centro de Estudios Estratégicos 1815 que lideraba el ex líder del Frente Amplio. Luego de una reunión de dos horas, Seregni acompañó a Mujica, entonces legislador, a la puerta. “Este va a ser presidente de la República, pero lo que pasa es que todavía no lo sabe”, le dijo Seregni a su secretaria María Elena Fernández, según se relata en el libro.

    Director técnico.

    A fines de los 90, y cuando recibía críticas desde la izquierda y desde la oposición comenzaban a aparecer elogios, Seregni manejó la posibilidad de “formar su propio grupo político”, informa el libro. “La idea fue descartada porque la convocatoria no tuvo atractivo, ya que el general no quiso ser candidato al Senado”.

    En el libro, los autores se refieren a la difícil relación de Seregni con el caudillo blanco Wilson Ferreira Aldunate. “Wilson menospreciaba a Seregni por batllista y por milico. Sin embargo, en la etapa previa al golpe de Estado de junio de 1973, ambos mantuvieron largos encuentros en la casa de la madre del líder nacionalista, frente al Monumento al Gaucho, y el caudillo blanco hizo campaña en el exterior por su libertad”, afirma en el libro.

    A su vez, cuando Wilson regresó al país en 1984, Seregni “dispuso la movilización de los frenteamplistas para recibir a Ferreira”.

    Seregni fue el “director técnico” del pacto del Club Naval, clave para el retorno a la democracia, entre dirigentes políticos y militares. “Después de cada reunión los delegados políticos se reunían con Seregni, a quien trataban de ‘director técnico’. Todos depositaban confianza en él por su conocimiento del mundo militar”. En ese momento se generó un “vínculo de confianza” entre Seregni, Julio María Sanguinetti y el comandante Hugo Medina.

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