El sector agropecuario, en términos generales, tendrá en 2024 “un año de rebote”, ya que fue “muy afectado” por la sequía en 2023, sobre todo en cultivos de verano, dijo a Agro de Búsqueda la socia directora de Exante, Florencia Carriquiry. La economista proyectó un fuerte crecimiento de las producciones de soja y de maíz, que deberían contribuir a una mejora importante de los márgenes del ciclo 2023-2024, luego de las grandes pérdidas que dejó la zafra de verano en el ejercicio 2022-2023.
Al analizar los estados financieros de las empresas ganaderas, “veremos una mejora en los resultados por tenencia, debido a la valorización de los stocks” al cierre del ejercicio 2023-2024, acotó.
La socia directora de Exante también indicó que “hay expectativas de una mejora de la rentabilidad en la industria frigorífica, producto de cierta recuperación en la demanda que se está traduciendo en precios más altos luego de los valores alcanzados en la recta final de 2023”.
Señaló que “habrá una recuperación luego de un ejercicio que no fue bueno, al igual que en el resto de la cadena, pero por debajo de los niveles vistos en 2021-2022”.
Endeudamiento
Carriquiry indicó que, según las últimas cifras disponibles, el endeudamiento agropecuario se encuentra en los niveles más altos desde que se tiene registros, dado que supera los US$ 3.500 millones, contemplando la fase productiva y los servicios. “Se ha generado una suba importante del endeudamiento durante los últimos dos años, lo que permitió pasar el shock de la sequía, que había presionado fuertemente a los flujos de la actividad agropecuaria”, confirmó.
El crecimiento “ha sido generalizado por actividad, destacándose la demanda del sector forestal, producto de la expansión y profesionalización que viene registrando. También la ganadería ha tenido un avance interesante, y durante el último ciclo se observa un crecimiento destacado del sector agrícola”, manifestó.
¿Como llegaron las empresas al shock de la sequía? El trabajo de Exante parte de los estados financieros de las empresas que se publican en la Auditoría Interna de la Nación y se analizan a través de la herramienta Lince. De los agronegocios se totalizan 380 empresas. En esa línea, Carriquiry explicó que, en términos generales, “el shock de la sequía, que fue extremadamente severo, llegó después de dos ejercicios muy buenos, en productividad y precios”.
“La facturación había crecido tanto en el ejercicio 2021 y sobre todo en 2022, con tasas de dos dígitos y de forma generalizada a lo largo del ecosistema que forma el agronegocio en Uruguay (productores, proveedores de insumos, exportadores de granos, frigoríficos, consignatarios, entre otros)”, explicó.
También señaló que, “si bien hubo un crecimiento en los costos fijos, el movimiento de la facturación permitió que el peso de esos gastos siguiera bajando de manera bastante generalizada”. En términos de rentabilidad “las empresas llegaron al shock de la sequía tras dos años de muy buenos resultados, tanto en rentabilidad operativa sobre los activos o rentabilidad neta sobre el patrimonio. Los balances en su gran mayoría habían mejorado mucho durante 2021 y 2022, y con niveles de deuda financiera muy saludables”.
Por otra parte, comentó que aún no se ha podido analizar el año 2023, que se verá “fuertemente afectado” por la sequía, precios más bajos y los altos costos domésticos.
El contexto internacional
La economista indicó que el contexto internacional “no es abiertamente negativo”, ya que se despejaron “algunos riesgos de escenarios más adversos”, que se manejaban en 2021, 2022 e inicios de 2023, “cuando la inflación en muchos países generaba temor” y planteaba un contexto “bastante más recesivo” en las principales economías del mundo.
La desinflación “se ha procesado sin gran costo en la actividad económica a nivel global, lo que es una buena noticia”, pero eso “no significa que estemos en un escenario particularmente positivo, porque la economía mundial sigue planteando desafíos a países como Uruguay”.
En esa línea, indicó que el mundo ha quedado con tasas de interés “más altas”, lo que marca un costo de financiamiento en dólares “bastante más alto” frente al que se tuvo promedialmente durante los últimos 15 años.
Agregó que a nivel global se tiene un dólar “fuerte” y “contrasta radicalmente” con lo que sucede en Uruguay, “lo que exacerba las dificultades de competitividad” que se están enfrentando. A la vez, “los precios de los commodities están más bajos, en un mundo donde China crece menos, el yuan se debilita y viene con ajustes bajitas durante el último año y medio”.
Para la directora de Exante esa conjunción de elementos plantea un “escenario global desafiante” sobre todo para el sector agroexportador, donde los precios de venta “han bajado mucho y a nivel doméstico estamos con un dólar extraordinariamente bajo”.
El dólar en Uruguay
Carriquiry señaló que al analizar el desacople del dólar en Uruguay con el mundo “probablemente haya una conjunción de varios elementos”. Durante 2021, 2022 y hasta la primera parte de 2023 “estábamos con grandes proyectos de inversión, que supusieron flujos de inversión extranjera directa muy altos, que presionaban al tipo de cambio, como el proyecto de UPM y las infraestructuras asociadas”.
También previo a la baja de las materias primas “se tuvieron picos de exportaciones y antes de la sequía se lograron récords de exportación de bienes”.
A la vez, la exportación de servicios no tradicionales “ha mostrado un muy buen ritmo”, valoró. Esos “son fundamentos que en algún momento contribuyeron a la apreciación del peso”, dijo. Pero “desde hace un tiempo a esta parte algunos de esos fundamentos ya no están más, y no hay fundamentos que lo expliquen y tampoco existe un gran desempeño de la economía”, aseguró.
La economista consideró que “el combate a la inflación mediante la política monetaria que se ha llevado adelante durante el último año y medio, con fuertes subas de las tasas en moneda nacional, también contribuyeron a esa apreciación excesiva del peso, porque alentaron posiciones en pesos y desalentaron en términos relativos en posicionamiento en dólares”.
Para Carriquiry “es difícil proyectar lo que puede suceder con el tipo de cambio nominal”. Analizó que “estamos con un dólar muy desalineado de sus fundamentos. ¿Puede durar en el tiempo? Sí, puede durar. El gran dilema es saber cuándo se procesará el ajuste de precios relativos que Uruguay viene profundizando”.
Indicó que “si no aparece algún shock negativo sorpresa, que desencadene un cambio de expectativas y provoque un cambio de portafolio hacia el dólar, podemos convivir durante todo 2024 con un dólar muy bajo, quizás algo más alto que los valores actuales, pero todavía sin un gran ajuste del tipo de cambio”.
Agregó que las políticas monetarias en el mundo “están empezando a dar la vuelta”, luego de tener a la inflación bajo control. En Uruguay “ya venimos con varias bajas de tasas de política monetaria, estuvo en 11,5%, ahora está en 9% y la expectativa es que baje algo más durante los próximos meses. Eso contribuirá a reducir el diferencial de tasas con Estados Unidos, pero en ese país también está por comenzar un ciclo de moderación de la tasa de política monetaria y de la tasa en dólares”, señaló.
Desde el punto de vista del diferencial de tasas, Carriquiry consideró que “está bastante descontado”, con lo cual “no creemos que por ahí venga el shock o el cambio de expectativas, que desencadene un ajuste cambiario relevante”.