Un sábado primaveral de 2017, Platense y Basáñez jugaban por la segunda división de sub-19 en el complejo de Central Español, ubicado en Villa García. En un momento del partido el árbitro decretó la expulsión de los dos centrodelanteros de ambos equipos. El ánimo en la cancha se caldeó y un simpatizante de Platense comenzó a arrojar piedras al campo de juego. En la tribuna había otro árbitro que concurrió a acompañar a su novia, la línea asistente durante el encuentro. Se acercó al delegado de Platense para pedirle que dejaran de lanzar objetos. Su pedido causó lo contrario: le respondieron con insultos y puñetazos, el partido se paró, intervinieron jugadores e hinchas y todo terminó con corridas contra los árbitros entre motos, areneros y palmeras a medio crecer afuera de la cancha.
La agresión derivó en una denuncia en la seccional 18, la expulsión de varios futbolistas y la suspensión de todo el fútbol profesional en Uruguay, incluida la fecha 6 del Torneo Clausura de primera división. Fue la tercera suspensión del fútbol de primera división en ese 2017 y no fue una situación excepcional; según datos registrados por Búsqueda, desde 2013 hasta hoy se suspendieron de forma total o parcial 26 fechas en el fútbol uruguayo: dos en 2013, una en 2014, cinco en 2016, tres en 2017, dos en 2018, cuatro en 2019, cuatro en 2020, dos en 2021, dos en 2022 y una en 2023.
Los datos incluyen solo partidos de primera división sancionados por la Asociación Uruguay de Fútbol (AUF), no están contemplados los de segunda división, ni categorías juveniles ni fútbol femenino. “Si se hace el conteo de todo eso, capaz llegamos a 100 fechas suspendidas”, bromeó, con ironía y cierto pesar, el directivo de un club. Las cifras tampoco refieren a suspensiones de partidos de manera individual como el clásico del Uruguayo Especial 2016, que terminó con una garrafa arrojada de la tribuna Ámsterdam, ni al Nacional-River del Apertura 2017, en el que un portero fue agredido por un hincha.
Las causas para 26 suspensiones son muchas. Hay muertes de futbolistas (Agustín Martínez en 2019 y Williams Martínez en 2021), presidentes (Tabaré Vázquez en 2020) e hinchas (Hernán Fiorito en 2016). Entre las más repetidas están las climáticas: campos que se inundan fácilmente con lluvias e incluso fechas postergadas con anticipación por alertas meteorológicas. También las relacionadas con los árbitros. Casi todas tienen un punto en común: la suspensión se toma como decisión de impacto que lleve a la reflexión y genere cambios de fondo en el fútbol uruguayo. No siempre resulta.
Tras el Platense-Basáñez de 2017, el presidente de la Asociación Uruguaya de Árbitros de Fútbol (Audaf), Marcelo de León, reclamó medidas para que los jueces puedan trabajar con seguridad. Dos años después, en 2019, entraron a la casa del propio De León, le robaron artículos eléctricos y le grafitearon el término bolso en una de las paredes. El hecho derivó en la paralización de actividades de la Audaf y la suspensión de la fecha 15 del Clausura.
Más cerca en el tiempo, en marzo del año pasado, la Audaf decidió no arbitrar la fecha 5 del Apertura 2022 luego de amenazas en ocasiones diferentes contra los árbitros Gustavo Tejera y Martín Soppi. La AUF y sus instituciones rechazaron de forma categórica cualquier expresión y forma de violencia en el fútbol uruguayo y se comprometieron “a realizar sus mayores esfuerzos para dotar al arbitraje de las mejores condiciones para el ejercicio de su actividad”.
Sin embargo, en julio la Audaf emitió un comunicado para volver a plantear “preocupantes situaciones de hechos de violencia que se continúan suscitando en diferentes campos de juego”.
Respetar el calendario
En comparación a otras ligas y torneos profesionales del exterior, el número de suspensiones que acumula el fútbol uruguayo es alto e inusual. Por eso la actual gestión de la AUF pretende bajar esa cifra y apegarse al cronograma de partidos establecido antes del inicio de la temporada.
“Ahora hay que respetar el calendario, entre otras cosas porque los períodos de pases de futbolistas se fijan con mucha anticipación y hay que hacer concordar las ventanas TMS con el inicio de los torneos locales y los torneos continentales. Queremos que sea inamovible”, dijo a Búsqueda Álvaro Rivero, presidente desde enero de 2022 de la Mesa Ejecutiva de la AUF, encargada de coordinar partidos, días, horarios y estadios.
Rivero se refiere a los dos períodos anuales para fichajes que se realizan mediante el Transfer Matching System (TMS), un sistema online de FIFA que hace que las transferencias internacionales de jugadores entre clubes sean más rápidas, fluidas y transparentes. Previo a cada año, cada federación miembro de FIFA tiene que definir dos ventanas y la AUF no quiere que sus torneos queden desfasados con las transferencias. El cierre del Torneo Clausura 2023 ya está programado para el 26 de noviembre y la última final del Campeonato Uruguayo, para el 6 de diciembre.
Es un paso inicial para un fútbol uruguayo que por razones endogámicas, que van más allá de directivas y dirigentes, está lejos de la programación impoluta de competiciones como la Premier League inglesa.
Desde su creación en 1992, lo más cerca que estuvo la Premier League de ser suspendida fue en 2005, cuando hubo una amenaza de huelga de los jugadores por una disputa salarial. La huelga fue finalmente desconvocada y todo continuó con normalidad. Si se deja de lado el parate obligado por el Covid-19 (marzo a junio de 2020), la única vez que se aplazó una jornada entera fue en setiembre del año pasado por la muerte de la reina Isabel II. Las otras ocasiones en que se difirieron partidos —esporádicas y puntuales— se debió a mal tiempo.
Similar es la situación de la Serie A de Italia, que en 2018 por última vez postergó todos sus partidos en respeto al entonces capitán de la Fiorentina, Davide Astori, quien falleció a los 31 años en un hotel donde se encontraba concentrado con su equipo.
La AUF, de todas maneras, no necesita mirar hacia Europa para encontrar referencias. Rivero mencionó el modelo de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), que mantiene fijos sus calendarios para la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana. El pasado 23 de mayo, por ejemplo, Millonarios y Peñarol disputaron por Copa Sudamericana un partido que se suspendió a falta de 33 minutos por la intensa lluvia que caía en Bogotá. Los futbolistas retornaron al vestuario y recomenzaron el juego después de pasada la medianoche.
Algo similar vivió Nacional por la Copa Libertadores en 2021. Se enfrentaba al Atlético Nacional en la ciudad de Pereira durante el estallido social que se vivía en aquel momento en Colombia. Manifestantes se instalaron frente al hotel en protesta por el hecho de que se jugara un partido de fútbol en medio de la crisis. Debió intervenir la policía con gases lacrimógenos y la Conmebol obligó a Nacional a salir del hotel e ir al estadio a pesar de las confrontaciones.
“La realidad es que esta es una industria muy importante en donde lo primero es el espectáculo”, señaló Sebastián Bauzá, hoy secretario nacional del Deporte y presidente de la AUF entre 2009 y 2014. “Las federaciones y las ligas tienen los derechos de transmisión ya vendidos, los partidos ya están programados, la gente ya compró las entradas o pagó la televisación. Es mucha preparación, mucho dinero y hay clubes, espectadores, marcas, patrocinantes, empresas y hasta turismo involucrados. Entonces los partidos se juegan”, añadió.
Bauzá explicó que, a diferencia de lo que sucede en Uruguay, en competiciones europeas “hay otras costumbres de funcionamiento” y una mayor solvencia económica que les permite ser sólidos con sus cronogramas. Se refirió por ejemplo a postergaciones de inicios de torneos en Uruguay porque algunos clubes no llegan a tiempo para cancelar sus deudas antes de la primera fecha, como impone el reglamento. Así ocurrió durante su presidencia antes de la primera fecha del Clausura de 2013.
“El fútbol uruguayo tiene eso de nunca empezar en el día en que se fija. Ahora por suerte cambió, pero antes vos, si querías empezar el 14, tenías que anunciar que empezabas el 7 porque, irremediablemente, al menos un club te iba a pedir una semana más para saldar las deudas”.
Aunque hoy los clubes tengan más facilidades para pagar proporcionadas desde la AUF y también la AUF intente que el espectáculo predomine, el fútbol uruguayo tiene problemas estructurales, como campos de juego en continuo mal estado y menor obligación del organizador con el espectador, ya que los partidos que atraen miles de personas a la cancha y vía televisión son los de Nacional y Peñarol. En 2015 más de 68 millones de turistas visitaron España y un gran porcentaje lo hizo atraído por el fútbol, según un estudio realizado en 2016 por Ticketbis, una plataforma de compra y venta de entradas hoy denominada StubHub. De acuerdo a la investigación, turistas de más de 30 nacionalidades asistieron a estadios de fútbol españoles en 2015.
Tanto Rivero como Bauzá coinciden en que la situación en Uruguay “está mejorando”, pero directivos consultados por Búsqueda creen que será necesario “un cambio de mentalidad general” para que el concepto the show must go on sea el objetivo principal. Consideran entre otros factores que los propios cuerpos técnicos suelen especular con suspensiones y postergaciones de fechas, motivados por razones deportivas como jugadores suspendidos, lesionados o convocados a la selección, el fixture inmediato, horarios y viajes.
Sobre todo se señalan a ellos mismos y la dificultad de evitar que conflictos de escritorio afecten al juego. Así sucedió entre julio y agosto de 2016, cuando diferencias entre el Ministerio del Interior y la AUF respecto a las cámaras de reconocimiento facial en los estadios determinaron que los clubes demoraran tres semanas el inicio del Uruguayo Especial.
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2023-07-05T22:51:00
2023-07-05T22:51:00