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    jueves 13 de junio de 2024

    Tres pasos en falso: el Frente Amplio y los plebiscitos

    Nº 2274 - 2 al 8 de Mayo de 2024

    Uruguay, como nos enseñara nuestro colega David Altman, es uno de los países que con más frecuencia utiliza mecanismos de democracia directa (MDD). Según su base de datos, desde 1985 hemos utilizado 21 veces MDD, incluyendo dos prerreferéndums. Durante el mandato de Luis Lacalle Pou ya tuvimos el referéndum sobre algunos artículos de la LUC. Y tendremos, como mínimo, dos plebiscitos de reforma constitucional junto con la elección de octubre que tocan temas delicadísimos: allanamientos nocturnos y seguridad social. Mientras tanto, Cabido Abierto sigue recogiendo firmas para su campaña sobre “deuda justa”. No ha logrado avanzar demasiado la propuesta impulsada por Uruguay Soberano sobre control parlamentario de las grandes inversiones. Se está tramitando en el Parlamento la iniciativa de Eduardo Lust sobre la fiscalía. Y naufragó la propuesta del sector Ciudadanos del Partido Colorado de plebiscitar otra modificación constitucional para establecer el ingreso por concurso en los gobiernos departamentales.

    Cada uno de estos temas merece un análisis detallado. Hoy quiero concentrarme en los problemas que le generan al Frente Amplio (FA) tres de ellos. Iré de menor a mayor. Empiezo por la posición adoptada por el FA en relación con la excelente propuesta formulada en un inicio por mi colega Daniel Chasquetti en la diaria, rápidamente adoptada por Ciudadanos. Era fácil… al menos en teoría. Alcanzaba con que 2/5 de los legisladores firmaran la propuesta. Al fin de cuentas, cuando se discutió el proyecto de Adrián Peña votaron a favor 20 de 31 senadores: el Partido Colorado, Cabildo Abierto y el Frente Amplio apoyaron la iniciativa. En teoría, entonces, no debía ser tan difícil obtener 52 firmas.

    El escenario cambió con rapidez. Empezaron las sorpresas. Los colorados encontraron razones para dividirse. La Mesa Política del Frente Amplio no alcanzó la mayoría especial necesaria para apoyar la iniciativa reformista. Sin información de opinión pública no me atrevo a hacer un juicio tajante sobre eventuales costos políticos. Pero es una verdadera lástima desde el punto de vista de la calidad de nuestras instituciones que este plebiscito no haya prosperado. Era una excelente oportunidad de empezar a limitar el poder a los intendentes y de combatir el clientelismo en el segundo nivel de gobierno. En este caso el Frente Amplio, que ha hecho de los concursos una de sus banderas, no estuvo a la altura de sus propios principios fundadores.

    Sobre allanamientos nocturnos sí es posible hacer juicios fundados sobre costos y beneficios. Diversos sondeos coinciden en que una amplia mayoría de la población está a favor (cerca de 2/3). Esto es consistente, además, con otros datos, en particular, con la seguridad ciudadana como principal problema del país. El Frente Amplio no apoya esta reforma. Evidentemente, no está haciendo un cálculo electoral. Supongo que su posición tiene que ver sobre todo con su viejo temor, fácilmente comprensible, respecto a eventuales violaciones a los derechos humanos. Los argumentos del Frente Amplio, como los de quienes defienden la posición contraria, son perfectamente legítimos. Pero me parece evidente que, en este tema, la izquierda circula a contramano del clima de opinión mayoritario.

    El plebiscito sobre seguridad social también le está causando al Frente Amplio un problema muy serio. Es evidente que en este tema hay “distancias oceánicas” (Talvi dixit) entre los polos. En general, quienes apoyan la candidatura de Yamandú Orsi estuvieron en contra de la campaña de recolección de firmas y consideran inconveniente la reforma constitucional propuesta por el PIT-CNT. En general, quienes apoyan a Carolina Cosse, en cambio, están a favor. Cosse firmó, pero todavía no se pronunció sobre el fondo del asunto. Conocer su punto de vista sobre esto es clave y un derecho de la ciudadanía. La existencia de grandes diferencias de fondo en este asunto sigue impidiendo al Frente Amplio tomar una decisión final. Cuesta entender cómo un partido que pretende gobernar, en plena campaña electoral, no tiene resuelto un tema tan importante como este. Por cierto, tarde o temprano el Frente Amplio tomará una decisión. Me asombraría que adopte una posición distinta a la “libertad de acción”. Ya tomaron por este camino al discutir si apoyar o no la campaña de recolección de firmas. Al fin de cuentas, no solo los comunistas tienen poder de veto sobre las decisiones de la “fuerza política”. En la lógica “consensualista” que prevalece en los procesos decisorios del FA todas las minorías pueden hacerlo.

    En cualquier caso, me cuesta mucho imaginar a un Frente Amplio, pretendiendo ganar la elección nacional, que apoye una reforma como la que propone el PIT-CNT. Esto sí que va contra el sentido común de la competencia política. Hace tiempo argumenté que Cosse viene siguiendo al pie de la letra el manual de Tabaré Vázquez: timón a la izquierda hasta la primaria, viraje hacia el centro desde julio a noviembre. Apoyar esta reforma va en la dirección opuesta. Pablo Ferreri, exsubsecretario de Danilo Astori y posible ministro de Economía de un eventual gobierno de la actual intendenta, no firmó y se pronunció claramente contra la reforma. Me asombraría que Cosse, si gana la primaria, no encuentre la forma de tomar distancia de la reforma constitucional propuesta.

    Vuelvo al comienzo. La posición del Frente Amplio ante tres iniciativas muy importantes de democracia directa lejos de fortalecerlo lo han debilitado. Dio un paso en falso, en relación con sus principios, en el tema ingreso a las intendencias. No apoyar los allanamientos nocturnos, al menos en términos electorales, es otro paso en falso. Ahora, en plena campaña, pisa una baldosa floja al no poder asumir una posición unificada sobre uno de los temas más importantes de la agenda política: la reforma de la seguridad social. En esta última cuestión, a partir de julio terminará adoptando una posición funcional a su objetivo central: ganar el balotaje. Pero, mientras tanto, seguirá pagando un precio político alto.