Ya en el pasaje final de la oratoria de ocho minutos, el nuevo comandante en jefe se definió como “el continuador” de la obra de su antecesor inmediato, cesado recientemente en el cargo por el presidente Tabaré Vázquez, quien escuchaba atento y con gesto serio, a metros del estrado en la plaza de armas del Comando General del Ejército. A diferencia de Manini Ríos, González no pertenece a ningún grupo nacionalista de militares.
“Constituye un honor y un compromiso suceder al general don Guido Manini Ríos en el mando del Ejército Nacional. De él recibo no solo la tarea de ser el continuador de una misión que ha enfrentado con inteligencia y liderazgo, sino que asumo el reto de consolidar los valiosos logros alcanzados durante su gestión. Muchas gracias, mi general, por la dedicación de toda una vida para dejar la fuerza lista y digna”, dijo, deseándole al cesado comandante “un futuro venturoso”.
El relevo “no constituye un cambio de rumbo ni un paréntesis”, reafirmó González en un mensaje dirigido a los efectivos de las Fuerzas Armadas difundido ese mismo lunes a través de las redes sociales oficiales del Ejército.
Vázquez había dispuesto el martes 12 la destitución de Manini Ríos, porque al elevar el contenido de fallos del Tribunal Especial de Honor sobre militares procesados por violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura (1973-1985) realizó “graves cuestionamientos al Poder Judicial”, en una actitud que “resulta absolutamente incompatible” con su cargo, informó la Presidencia de la República.
Además, en el escrito con sus comentarios el general cuestionó diversas actuaciones judiciales que involucran a militares. Manini Ríos, que en estos días define si incursionará en política y cómo, adelantó en una entrevista con En perspectiva que no se plantea “liderar ningún partido político militar”.
“El continuador”
Lejos del libreto oficial, de los focos y de la tensión de estos días, González —casado y con un hijo de 30 años— suele mostrarse como un hombre afable, cordial en el trato, algo desacartonado y campechano, con un estilo “poco marcial”. Así al menos lo hizo durante la charla que mantuvo a principios de octubre del año pasado con Búsqueda en su despacho en la Escuela Militar de Toledo, en compañía de cuatro oficiales: el subdirector, Luis Filardi; el jefe del cuerpo de cadetes, teniente coronel Rodolfo Álvarez; el jefe de estudios, teniente coronel Juan Giorello, y la jefa de instrucción, mayor María González.
En aquella ocasión, el general se presentó como un “militar del interior” y vocacional, ya que no proviene de un hogar con padres militares, nacido en 1962 “en un pueblito cerca de la localidad de Velázquez”, Rocha. Allí surgió su interés por la opción militar hace ya casi 40 años en una “campaña de captación” del Liceo Militar.
De hecho, el primer contacto que tuvo con el mundo castrense fue al ver un desfile militar del liceo. “Me llamó la atención, me interesó lo que me dijeron, y ahí me anoté”, contó González. Ni bien se inscribió al liceo, supo que “iba a ser militar”.
“Contrariamente a lo que dicen ahora, que el gurí llega al Liceo Militar y un porcentaje muy alto (casi el 90%) de los muchachos ya saben que no van a ser militares, yo no entré para ver qué pasaba”, ya lo tenía decidido.
“Para mí, el Liceo Militar era una etapa para llegar a la Escuela Militar, y después ser oficial. Así funcionaba más la cosa en esa época”, relató quien ingresó a la Escuela Militar en 1980 y egresó en 1983 con el grado de alférez de Infantería.
El 1° de febrero de 2015 —el mismo día en que Manini Ríos fue impuesto como comandante en jefe del Ejército—, González asumió como general. Además, es diplomado como oficial de Estado Mayor, participó en misiones de la ONU en Mozambique, integrando el contingente armado, y en Tayikistán como observador militar.
“Las guerras del futuro”
Aunque el tema de la dictadura no formó parte de la conversación con el semanario, de todas formas sobrevoló el despacho del entonces director de la Escuela Militar. Y es que el general González fue miembro del Tribunal de Honor, que juzga de forma paralela a la Justicia ordinaria y que recientemente exoneró a un grupo de militares condenados por la Justicia civil por violaciones a los derechos humanos. Asimismo, el jefe del cuerpo de cadetes, quien también participó en la charla sobre la instrucción formativa, es hijo de un militar procesado en 2017 por el delito de torturas, y sobrino del exdictador Gregorio Álvarez.
Así, mientras la Justicia civil consideró que José Gavazzo, Jorge Silveira, Luis Maurente y Ricardo Arab, entre otros militares, son responsables del homicidio especialmente agravado de 28 militantes de izquierda en 1976, el Tribunal —integrado por el general González y sus pares Gustavo Fajardo, jefe de la División IV, y Alfredo Erramún, jefe del Estado Mayor de la Defensa— concluyó, por unanimidad, que esos hechos “no están lo suficientemente aclarados”.
Los tres miembros del tribunal entendieron que en el caso del coronel Maurente hubo “falta absoluta de culpabilidad” al “no hallar elementos que fundamenten la convicción de que haya faltado a los códigos de honor de la institución militar, del cuerpo de oficiales, ni al suyo propio”.
Sin embargo, para Gavazzo y Silveira decidieron la “descalificación por falta gravísima”, que conlleva el pase a situación de reforma (implica la prohibición de usar el uniforme, entre otras medidas), no por los homicidios por los que fueron condenados, sino por haber dejado que uno de sus camaradas, el coronel Juan Carlos Gómez, fuera preso tres años y medio por el fallecimiento de Roberto Gomensoro, cuyo cuerpo apareció en aguas del río Negro en 1973, sabiendo que “el condenado era inocente” (Búsqueda Nº 2.012).
Minutos después de estrenarse como comandante en jefe, González fue preguntado en ronda de prensa con relación a “la búsqueda de los desaparecidos”; dijo que el único camino es el de la reconciliación y prometió trabajar para ello.
Meses atrás, el general había dicho que hay otros problemas que enfrentan las nuevas generaciones de militares, además de la reforma de la Ley Orgánica y del sistema de retiros —temas que los jóvenes aún perciben como muy lejanos—, y es cómo prepararse para “las guerras del futuro” (Búsqueda Nº1.989).
En su opinión, la formación de los actuales cadetes no se diferencia demasiado de la que recibió su generación, aunque, “por supuesto, el ser humano ha cambiado en estos 50 años”.
Por eso, prosiguió, su misión es “insistir mucho en los valores y la disciplina” y en “la formación básica del trabajo”. Porque “ahora está muy de moda hablar de la tecnología, la inteligencia artificial, la cibernética y todo eso, pero, en realidad, lo que enseñamos acá es que las personas aprendan a mandar a otras personas”. Porque “el oficio del oficial del Ejército es comandar personas, unidades o grandes unidades y eso no ha cambiado”.
2.7.0.0
2.7.0.0
Información Nacional
2019-03-21T00:00:00
2019-03-21T00:00:00