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    Un mapa electoral blanco entre la “continuidad” que se espera de Delgado y el temor al “efecto Novick” ante la proyección de Raffo

    Aunque no lo parezca, aunque todo sea más subterráneo y no haya banderas rojas que lo avisen, enero suele ser un mes revulsivo para los blancos. Son días de reuniones, de charlas reflexivas, de proyecciones políticas, de sobremesas discutidas y largas bajo el cobijo natural que permite la pausa del verano. Un mes donde maduran decisiones. Lo era manifiestamente declarado hace unos años, cuando un encuentro ya con altura de clásico reunía a la cúpula del herrerismo en el balneario La Paloma, en el departamento de Rocha. Y lo sigue siendo ahora en los tiempos raros de pandemia. Es lógico. Se trata siempre de un período fermental que funciona como antesala del año y que además hoy está condimentado con el ingrediente principal de la Ley de Urgente Consideración (LUC), un elemento nuevo, quizás fuera de planes, que hace que las cosas se enreden más de la cuenta.

    A la habitual inquietud de los dirigentes políticos —que inevitablemente a esta altura de un periodo de gobierno podrán jurar y perjurar que no están pensando en las próximas elecciones aunque estén pensando en las próximas elecciones— se le suma este ambiente de campaña electoral anticipada que implican los actos políticos y debates en defensa de la ley. Eso entrevera todo. Las giras por el interior están salpicadas por el mismo condimento picante y efervescente que tienen las largas recorridas electorales. Y eso genera ansiedades, alimenta especulaciones. Ambienta todo tipo de rumores. Los nombres danzan y se chocan entre sí como girando adentro de un bolillero.

    El mapa electoral de los blancos, cuando faltan pocos días para que comience el tercer año de gobierno, tiene un solo nombre cantado y firme. Uno que saben todos que está ahí arriba de la mesa aunque nadie lo señale públicamente y el aludido no levante la mano para decir “soy yo”. La candidatura del secretario de Presidencia, Álvaro Delgado, parece haber surgido como una cuestión espontánea, natural. Casi por la inercia de los hechos. Una especie de movimiento silencioso que se fue generando a raíz de su inesperada exposición durante los primeros meses de gobierno. Unos meses que coincidieron con el shock inicial de la pandemia por el Covid-19 en los que la atención de la población estuvo centrada en el gobierno, en los anuncios que se hacían a diario por televisión y en horario central ante un público que estaba encerrado en sus casas frente a la pantalla esperando las noticias de la Torre Ejecutiva. Ahí apareció Delgado. Un dirigente con evidente recorrido político, conocido como un articulador en las sombras, un zurcidor con diálogo con el oficialismo cuando era oposición y con la oposición cuando le tocó ocupar un despacho en el piso 11 del edificio presidencial. No tenía la masividad que necesita alguien que aspira al máximo cargo. La pandemia le dio a Delgado esa oportunidad porque pasó a ser una figura conocida para la opinión pública. Un actor secundario parado al lado del presidente de la República, Luis Lacalle Pou, y robándole ocasionalmente —mucho más antes que ahora, vale aclararlo— una porción de la luz de atención que cae sobre el mandatario.

    Delgado elige seguir tallando ese perfil, uno distinto al del presidente, en silencio. No ha declarado públicamente sus intenciones. Sabe que si levanta la mano antes de tiempo se convertirá en una atracción de feria al que todos van a querer pegarle para ver cuánto aguanta. Un senador del Partido Nacional dijo a Búsqueda que lo que tiene Delgado es un “desafío y una oportunidad”. La oportunidad está dada por esa exposición desacostumbrada para un secretario de Presidencia. “Tampoco hace el desgaste, no está en ninguna mala noticia, no las da él. Él hace los anuncios de las llegadas de vacunas, de los logros de la pandemia”, evaluó la fuente. El desafío, añadió, está en “demostrar que vale por sí mismo, que no será un candidato puesto a dedo por el presidente”. Los delfines tienen mala prensa en la política nacional. Incluso ya hay voces, algunas dentro del propio sector de Delgado, que no logran verlo como candidato, que le cuestionan algunas “inseguridades” al momento de rodearse y que además sucumben ante la odiosa comparación con Lacalle Pou. No lo ven como un líder “inclusivo” que abra las puertas del partido, recoja unanimidades y tenga esa “llama sagrada”.

    ¿Y qué dice Delgado y su entorno? Silencio. Trabaja para ser el candidato, arma equipo, pero sus allegados entienden que su activo es la gestión del gobierno y que si los números de aprobación popular se mantienen, si se logra salir airoso de la parada del referéndum por la LUC del 27 de marzo, y esta administración llega sin demasiados rasguños al 2024, el secretario de Presidencia encarnará la expresión de “continuidad”. Por ahora Delgado no se mueve de ahí. Con la defensa de la LUC como nuevo objetivo y algunas encuestas de preferencias que lo ubican despegado sobre cualquier otro nombre que surja espontáneamente o direccionado por los encuestadores que ya están preguntando quién podría ser el próximo candidato presidencial del Partido Nacional.

    Porque hay otros nombres en el sector que lidera el presidente Lacalle Pou. Está el del ministro de Desarrollo Social, Martín Lema, por ejemplo. Pero él sí se encargó de sacarse de la competencia. Lo dijo más de una vez, en público y en privado. Su carrera no es esta. Tiene aspiraciones presidenciales, pero hoy prioriza su rol como ministro y así se lo ha hecho saber incluso a Delgado en reuniones personales. Pero en la política, tan dinámica, no se puede decir nunca, jamás. Lema observa entre alejado y expectante los movimientos internos en el Partido Nacional.

    Lo mismo hace la vicepresidenta de la República, Beatriz Argimón, que no pierde oportunidad de autoexcluirse aunque ninguno de los dirigentes blancos ni analistas políticos la dejen afuera de sus proyecciones.

    Laura Raffo. Foto: Nicolás Der Agopián / Búsqueda

    Raffo y el “efecto Novick”

    Hay más nombres bailando en el bolillero. El de la economista Laura Raffo, excandidata a la Intendencia de Montevideo por la coalición multicolor, es uno que viene asomando desde hace meses bajo la mirada atenta de dirigentes herreristas de la Lista 71 que la ven como un “capital atractivo”.

    “Es una dirigente de proyección que entusiasma”, dijo a Búsqueda uno de los referentes de ese sector, que busca reinventarse y ve en Raffo una oportunidad de aceitar los engranajes de una estructura que, aunque haya apoyado al presidente Lacalle Pou, no ha podido imponer una candidatura que surja de su riñón. En su edición dominical del 16 de enero, el diario El País informó sobre movidas concretas en redes sociales para impulsarla a nivel nacional. La nota periodística generó algún sacudón en la interna blanca. Cuando de golpe aparece un nombre en primera plana, y de alguien relativamente outsider en la política, se ambientan toda clase de especulaciones. ¿Qué dice Raffo? La economista se mostró “sorprendida” por la difusión de la noticia de su promoción como candidata. Señaló a Búsqueda que su “trabajo político está enfocado en Montevideo”.

    “Ese es y seguirá siendo mi foco en los próximos años. Ese trabajo lo hago en coordinación y con el apoyo de todas las agrupaciones y sectores del Partido Nacional, con quienes venimos trabajando en sintonía desde la campaña departamental de 2020”, agregó.

    Raffo preside la Departamental Nacionalista en Montevideo. Y desde ahí coordina el trabajo con los ediles, alcaldes, concejales y diputados electos en la capital. “Hemos creado un formidable grupo de trabajo que incluye a referentes de todos los sectores. Estamos logrando avances significativos gracias al constante contacto en territorio con los vecinos y a la articulación de soluciones para ellos con el gobierno nacional”, destacó. Enfatizó que “el desafío y la responsabilidad de lograr un cambio en Montevideo sigue más vivo que nunca”.

    “Todas mis energías están puestas allí”, subrayó.

    Algunos de sus correligionarios, en estricto off the récord, celebran que Raffo quiera enfocarse en un proyecto a largo plazo para ganar Montevideo y recuerdan el episodio del empresario Edgardo Novick, que obtuvo un buen capital de votos multicolores cuando se presentó como candidato a intendente de Montevideo, dio un salto prematuro al escenario nacional y hoy está alejado de la política. Otros correligionarios, también por lo bajo, dicen que “hay que dejarse querer”. Que la batalla por Montevideo es una cuestión cultural que demandará más de una elección en el futuro y que si Raffo quiere jugar en la cancha grande no tiene que “sorprenderse” por la aparición de su nombre. “En la política hay que dejarse querer”, cerró un dirigente de la Lista 71.

    La otra ala

    En el espacio wilsonista, la otra ala del Partido Nacional, la historia es bien diferente. La muerte del líder de Alianza Nacional, Jorge Larrañaga, sigue siendo una herida abierta. Los dirigentes del sector, que perdió a varios referentes en los últimos meses, trabajan en calma para reordenar la agrupación e instalar un larrañaguismo que todavía no tiene quien lo lidere. El senador Jorge Gandini, en tanto, busca aglutinar bajo el paraguas del Movimiento Por la Patria a la pata wilsonista que esté a la intemperie. “Todavía falta, pero estoy convencido que es necesario que exista este otro espacio. El partido necesita otra ala”, concluyó Gandini.

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    2022-01-27T01:09:00

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