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    Un momento cualquiera de la vida: vuelve a escena Extractos

    Escrita y dirigida por Leonardo Martínez e interpretada por Renata Denevi y Luis Pazos, la obra teatral girará por siete salas montevideanas en el festival Montevideo de las Artes

    Ada y el Genio son amigos. Viven juntos y por las noches se cuentan sus vidas. Se abren. Se confiesan. Descargan sus mochilas. Se lamen las heridas. Se sostienen. En escenas breves y directas hablan de sus familias, sus trabajos, sus sueños, sus triunfos y sus derrotas. Corren, caminan y se tambalean. Los vemos fuertes y débiles. Muestran y esconden. Presenciamos sus caídas y sus recaídas. Ríen, lloran, cantan, bailan, se emborrachan y se duermen. Se prometen y se juran quimeras. Revelan sus miserias, sus pérdidas familiares, se cuentan sus amores imposibles, sus ilusiones y sus desencuentros amorosos. Los vemos compartir una amistad entrañable.

    Ada es interpretada por Renata Denevi y el Genio, por Luis Pazos, dos intérpretes con un extenso recorrido en la escena uruguaya y modos muy similares de estar en escena. A su carisma interpretativo y su potencia expresiva y gestual, se suman una poderosa presencia corporal, un muy personal y variado repertorio de pasos, poses, formas de moverse, andar y hasta correr y bailar. Estas cualidades potencian su presencia bajo los focos y los vuelven una dupla de alto voltaje. Denevi viene de actuar en La violación de Artemisia, escrita y dirigida por Jorge Denevi, su padre, y en el melodrama familiar Luciana emancipada. También codirigió con su padre el notable unipersonal Recuerde esto, actuado por Álvaro Armand Ugón. Pazos interpretó otro gran unipersonal, Dados tirados, de Anthony Fletcher, y en la pantalla trabajó en la película En el pozo.

    Renata y Luis son amigos de larga data (fueron compañeros de generación en la EMAD) y tenían la idea de transformar esa fuerte amistad en una obra. Para eso, convocaron a Leonardo Martínez, dramaturgo, director y actor fraybentino con dos décadas de trayectoria en espectáculos en varios departamentos. En Montevideo, dirigió varios títulos del colectivo El Almacén, fuerte animador de la escena alternativa en los últimos tiempos. Con ellos dirigió Galgos en Sala Verdi y Animales, en la Zavala Muniz. Así, entre los tres dieron forma a un espectáculo singularísimo, que rompe con el cliché del amor romántico como previsible destino de este par de seres que, a los porrazos, buscan la vida y, como dice el poeta, hacen camino al andar. Se entiende rápidamente que la cosa no va de seducción, de búsqueda detrás del deseo, que la escena no va a terminar en un beso ni en un aquelarre hormonal. Esta historia brilla por la profundidad con la que se pinta este retrato vincular y el cúmulo de contradicciones que los personajes vuelcan sobre las tablas.

    El autor y director explicó a Búsqueda que la obra se llama Extractos debido a su estructura fragmentada. Y resulta un espectáculo de gran intensidad, una pequeña, pero muy grande pieza de cámara, en la que el minimalismo y la teatralidad intimista se amplifican en una caja de resonancia conceptual para generar una experiencia sumamente emotiva y recomendable. Por eso, esta puesta producida con apoyo del Programa Fortalecimiento de las Artes de la IM y estrenada en una breve temporada en abril y mayo de 2023 en el Teatro Victoria, es ahora uno de los títulos más atractivos del festival Montevideo de las Artes, donde está programada con ocho funciones a las 20.30 horas con entrada libre. Hoy jueves y mañana viernes estará en Sala Verdi, el sábado 13, en Terminal Goes y el domingo 14, en el Florencio Sánchez. Luego girará por las salas Lazaroff, La Experimental, Artesano y La Candela. Por eso, también la obra logró los principales reconocimientos (Espectáculo, Dirección y Texto de Autor Nacional) en la primera entrega de los premios del Colectivo de Críticos Independientes, correspondiente a la temporada 2023.

    Marginales invisibles

    Martínez escribió Extractos a raíz de una serie de entrevistas a Denevi y Pazos. “Prendí el grabador y comenzaron a relatar la fantasía que tenían respecto de escribir una obra juntos. Eran cuestiones estéticas, imágenes, algo así como caprichos escénicos, del tipo ‘me encantaría hacer esto en una obra’. Registré todo y, al empezar a construir la dramaturgia, traté de volcar esos insumos. Ellos tenían los extractos de esa historia en la que el tiempo está fragmentado, tenían esa obsesión estética y necesitaban que yo concretara todo eso en situaciones dramáticas: qué pasa, dónde, cuándo y entre quiénes pasa, el abecé de la dramaturgia”. El dramaturgo mantuvo esa estructura de extractos y se propuso que cada situación dramática presente en el texto, que después se traduciría a la escena, no tuviera más de 20 líneas. “Quería parlamentos breves y que en cada escena se concretara algo. Así quedaron escenas que pueden llegar a solo dos líneas, apenas una frase del Genio y una réplica de Ada.

    Martínez plasmó la multiplicidad de lenguajes que Pazos y Denevi le habían pedido: escenas cantadas, escenas danzadas, escenas mudas, sin diálogos. Cuenta que el trabajo como autor se retroalimentó de la escena. “No escribí el texto de una vez, sino que algunos pasajes salieron de pruebas y mutaciones en los ensayos. Se fue reescribiendo en los ensayos”. Y explica que hay un momento de quiebre en la dramaturgia: “Cuando el Genio se va a probar suerte a otro país, aparecen los monólogos extensos. La soledad de los personajes hace más densa la escritura”.

    Consultado sobre dónde se aprecia más nítida su poética autoral, describió su gusto por atravesar sus textos con otros ya escritos. “Les pregunté a ellos, como artistas, cuáles eran sus Biblias. Esa intertextualidad me disparó personajes que tuvieran la sencillez de los invisibles, como decía Galeano, de los que no salen en las grandes historias, los que están siempre, esos que de alguna forma son invisibilizados de tan comunes que son. Por eso elegí que Ada fuera moza y niñera, y que el Genio fuera un tipo que hace esas publicidades que todo el mundo ve, pero no sabe quién es el que las hace, y que a su vez tuviera el sueño de ser bailarín. Me gustó, desde el vamos, hablar de esos marginales invisibles”.

    En cuanto a su dimensión como director, Martínez cree que su aporte fue acompañar a la dupla actoral: “Para mí, el director puede delegar y tiene que escuchar de forma profunda todo lo que sucede en el proceso, es el que hace que todo suceda, desde lo más sencillo a lo más complejo. Es el que impulsa para que su deseo se concrete en una obra y en el deseo de los actores de hacer esa obra”. Martínez cree que Extractos es “un espectáculo sencillo y profundo que tanto puede generar identificación, por lo cercano de los personajes y sus peripecias, y asombro, por los lenguajes y la poesía que se despliegan. Eso es lo que me gusta ver a mí, ya constituido en espectador: lo sencillo que puede ser un momento cualquiera de la vida y lo profundo en lo que puede transformarse gracias a la poesía del teatro”.

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