La tradicional fumata blanca de la Capilla Sixtina trajo el miércoles 13 una sorpresa paradójicamente esperada: el nuevo obispo de Roma es americano.
Es un “conservador” que no realizará “reformas significativas” pero que puede ayudar a revertir el “éxodo de católicos” porque viene del continente con mayor cantidad de fieles a pesar del surgimiento de nuevas iglesias, evaluó un especialista en catolicismo brasileño
La tradicional fumata blanca de la Capilla Sixtina trajo el miércoles 13 una sorpresa paradójicamente esperada: el nuevo obispo de Roma es americano.
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAlgunos apostaban a un africano, otros a un brasileño o un canadiense, pero el elegido por los cardenales nació en Buenos Aires, toma mate y es hincha del club de fútbol San Lorenzo.
Hasta hace poco tiempo iba en subte y en ómnibus y sin custodia a recorrer las villas miseria de Buenos Aires y lleva una vida sencilla, ajena al boato y la corrupción de la que se acusa a muchos de sus colegas, aunque a cambio carga con una supuesta historia que lo acompaña desde la dictadura que encabezó el general Jorge Videla.
Jorge Mario Bergoglio, desde ahora Francisco, designado por la mayoría de los 115 cardenales electores jefe máximo de la Iglesia Católica en sustitución de Joseph Ratzinger, que renunció el mes pasado, es visto por los principales vaticanistas del mundo como la personificación de un intento de romper con el eurocentrismo de una Iglesia puesta en crisis por la competencia de los pentecostales y de la posmodernidad.
El nombre del argentino Bergoglio ya había estado entre los candidatos a sustituir al legendario Papa polaco Juan Pablo II, que lo hizo cardenal, pero entonces habría dado un paso al costado en favor del cardenal alemán.
El hecho que el nuevo obispo de Roma sea latinoamericano no significa que represente a un sector renovador.
“Estamos ante un grupo conservador. El elegido podría tener un lenguaje más sutil (...) una imagen más fresca, joven y energética, pero no se esperan cambios profundos”, dijo a BBC Mundo el experto Robert Mickens, autor de “The Vatican Implosion” poco antes de que se conociera el nombre del elegido.
Frente a los grandes problemas que enfrentan los fieles en todo el mundo —aborto, homosexualidad, divorcio— Bergoglio tiene, como casi todos sus pares de rojo, una visión tradicional.
El nuevo Papa, sin embargo, es autor de acciones y frases que lo ubican en una línea de preocupación por los pobres: “En esta ciudad se explota a trabajadores en talleres clandestinos, hay chicos en situación de calle desde hace años” o “los más pobres para los suficientes no cuentan”.
Las novedades con el nuevo pontífice no se limitan al origen geográfico: llegó a Roma “desde el fin del mundo”, como dijo en sus primeras palabras públicas. Los expertos estaban preparados para un prelado “joven”, como el antecesor de Ratzinger y este, con 76 años, a todas luces no lo es. Sin embargo, otra novedad es que por primera vez en 266, los cardenales electores pensaron en un jesuita. Hasta ahora, la mayoría de los papas eran del clero diocesano o en algunos casos de otras congregaciones, pero nunca seguidores de Ignacio de Loyola.
Bergoglio, fiel a su concepción de opción por los pobres, cuando le preguntaron qué nombre adoptaría, tomó el de Francisco de Asís, el sacerdote fundador de la congregación de los franciscanos que se dedicó a vivir con los pobres.
El arzobispo de Melo, monseñor Luis del Castillo, y el sociólogo José Arocena, ex vicerrector de la Universidad Católica, son algunos de los uruguayos que trataron con Bergoglio.
Del Castillo, igual que él, formado en la Compañía de Jesús, consultado por Búsqueda en Roma, donde está en misión eclesiástica relacionada con la infancia, contó que se relacionó muchas veces con el nuevo pontífice en actividades religiosas y destacó algunos rituales realizados ayer miércoles en la Plaza de San Pedro que marcan una línea “sorprendente” respecto a sus antecesores.
Arocena, por su parte, contó que fue compañero de estudios de Bergoglio en 1962 en la Facultad de Filosofía de San Miguel (Buenos Aires) y que lo recuerda como un estudiante aplicado pero tímido.
En febrero pasado, Arocena, que luego no prosiguió con la carrera de cura, escribió un artículo para la publicación electrónica Eclesia.net, donde expone el punto de vista de la necesidad de romper con “el centralismo romano” y promover “un acercamiento al mundo en profunda transformación”, del que la Iglesia Católica está “dos siglos atrasada” y que “no resiste hoy al cambio de época”.
“Es cierto que está muy trabada la posibilidad de un cambio en la Iglesia. Es cierto que hay muchos intereses que tratarán de impedir que las transformaciones se produzcan. Las estructuras burocráticas como las de la Iglesia tienden a protegerse contra toda amenaza que ponga en peligro los mecanismos de poder establecidos o que cuestione la legitimidad de los cargos”, sostuvo el académico.
Más cauto, Del Castillo destacó que así como los generales no pertenecen ya a su arma de origen, los cardenales dejan la congregación que los formó para representar a toda la iglesia en la tarea de evangelización.
El padre Marcelo Copetti, director del Colegio Seminario, dijo a Búsqueda que la elección de Bergoglio es “un cambio radical en la historia de la Iglesia Católica” y destacó que, además de su carácter sencillo y sensible a los pobres, “como hijo de italianos puede ser un puente entre la vieja Europa y el Tercer Mundo”.
América Latina tiene el 41% de los católicos del mundo. En Europa, el segundo conglomerado en número, la cantidad de fieles está en baja, a diferencia de África, donde los católicos crecen, al igual que en países asiáticos como Indonesia, Vietnam y China, donde una parte es aún clandestina, explicó Del Castillo, que espera del nuevo Papa una mayor cercanía a los jóvenes pero pocos cambios a nivel teológico.
“No existe una sola Teología de la Liberación ni tampoco un pensamiento conservador monolítico”, dijo el obispo respecto a qué línea representa el nuevo jerarca ya que en su opinión se puede ser conservador en algunos aspectos y renovador en otros.
En varias oportunidades, el periodista argentino Horacio Verbitsky, que entre otros temas estudió el papel de la Iglesia Católica durante la última dictadura en su país, publicó artículos en el diario “Página 12” y dos libros, uno de ellos “El silencio”, de 2005, donde acusa a Bergoglio de actividades “non sanctas” relacionadas con el régimen que encabezó el general Videla.
Verbitsky cita a su vez el libro “Iglesia y dictadura”, escrito en 1986 por el fundador del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) Emilio Mignone, donde se describe el papel de la Iglesia Católica como de “siniestra complicidad” con la dictadura militar que hizo desaparecer a miles de personas.
En concreto, el periodista acusa al ahora jefe máximo de Roma de haber denunciado a los curas Orlando Yorio y Francisco Jalics, que fueron perseguidos por el régimen, o al menos no haberlos defendido como correspondía.
“Publiqué la historia (...) el 25 de abril de 1999. Además de la opinión de Mignone, la nota incluyó la de quien fue su colaboradora en el CELS, la abogada Alicia Oliveira, quien dijo lo que ahora repite en el libro (“El jesuita”, escrito por el ahora Papa): que su amigo Bergoglio, preocupado por la inminencia del golpe, temía por la suerte de los sacerdotes del asentamiento y les pidió que salieran de allí. Cuando los secuestraron, trató de localizarlos y procurar su libertad, así como ayudó a otros perseguidos. A raíz de aquella nota, Orlando Yorio se comunicó conmigo desde el Uruguay, donde vivía. Por teléfono y correo electrónico refutó las afirmaciones de Bergoglio y Oliveira. ‘Bergoglio no nos avisó del peligro en ciernes’ y ‘tampoco tengo ningún motivo para pensar que hizo algo por nuestra libertad, sino todo lo contrario’, dijo. Los dos sacerdotes ‘fueron liberados por las gestiones de Emilio Mignone y la intercesión del Vaticano y no por la actuación de Bergoglio, que fue quien los entregó’, agregó Angélica Sosa de Mignone, Chela, la esposa durante medio siglo del fundador del CELS”, según la investigación de Verbitsky.
Sin embargo, el activista argentino de los derechos humanos Adolfo Pérez Esquivel, ganador del premio Nobel de la Paz en 1980, negó que Bergoglio tuviese vínculos con el régimen militar.
En declaraciones a BBC Mundo, Pérez Esquivel dijo que “hubo obispos que fueron cómplices de la dictadura, pero Bergoglio no”.
“A Bergoglio se le cuestiona porque se dice que no hizo lo necesario para sacar de la prisión a dos sacerdotes, siendo él el superior de la congregación de los Jesuitas. Pero yo sé personalmente que muchos obispos pedían a la junta militar la liberación de prisioneros y sacerdotes y no se les concedía”, añadió Pérez Esquivel.
La llegada de Néstor Kirchner al gobierno en Argentina coincidió en el tiempo con el crecimiento de Bergoglio como figura de la Iglesia.
Como principal de la Iglesia de Buenos Aires, el sacerdote se enfrentó al gobierno de Kirchner y luego al de su esposa Cristina Fernández, al que acusó de populista en una sociedad dónde se agravan “las desigualdades”.
El estilo sobrio y austero del religioso se dio de bruces con la vida de los Kirchner y se enfrentaron al punto que en una sociedad muy católica como Argentina, la presidenta nunca asistió a un Te Deum mientras Bergoglio estuvo al frente y nunca le perdonó haber estado del lado de los productores de soja durante el largo conflicto del campo.
“No fue ingenuo nombrar a Karol Wojtyla en su momento histórico. No es ingenuo nombrar a Bergoglio en este momento de América Latina”, escribió en Twitter el periodista uruguayo y ex vicecanciller de Ecuador Kintto Lucas.
André Chevitarese, profesor de historia en la Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ) especializado en catolicismo, dijo a Búsqueda que la designación de un Papa argentino y latinoamericano “muestra una preocupación y también una conciencia de la Curia Romana (...) buscando revertir de mejor manera posible ese éxodo de católicos”.
Chevitarese analizó también que “hay una historia interesante que deja entrever que nuestro Papa jesuita es un hombre religioso sin duda pero extremadamente político, de gabinete, siempre en silencio, articulando y buscando aliados para sus causas”.
El especialista tampoco se hizo ilusiones acerca de reformas: “Considerando que la mayoría de los cardenales fueron hechos en el pontificado de Juan Pablo II o de Benedicto XVI, creo que el perfil de este nuevo Papa es conservador. No quiero decir que conservador sea antidemócrata (...) pero la cabeza de un hombre de 76 años ligado directamente a una orden conservadora, no creo que vaya a realizar reformas significativas que alteren los rumbos y destinos de la Iglesia Católica”.