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    martes 04 de junio de 2024

    Un trampolín a la imaginación llamado Clorindo Testa

    Se estrenó la última película del laureado cineasta argentino Mariano Llimás

    Al finalizar hoy la proyección de una película no es tan extraño toparse con una sesión de preguntas y respuestas, llamadas con cierta pomposidad entre los cineastas y los espectadores como “Q&A” —questions and answers—. No es fácil, sin embargo, romper el hielo que recae sobre estos intercambios públicos. Al comenzar siempre hay una sensación de incertidumbre y nervios. Si uno no se anima a hacer la primera pregunta, solo queda esperar.

    En el caso de Cinemateca, por ejemplo, estos intercambios ya no se restringen al ámbito de su festival y hoy se promocionan incluso durante la venta de entradas para las funciones. El sábado 27 de abril en la sala principal del complejo, el cineasta argentino Mariano Llinás protagonizó uno de ellos.

    Llinás es director de cine, fundador de la productora El Pampero Cine (un término que, por cierto, no le agrada del todo para describir a su sociedad cinematográfica) y también es guionista de películas como Argentina, 1985.

    Estuvo de paso en Montevideo debido a dos estrenos. Uno fue la obra de teatro Parlamento, del colectivo argentino de actrices Piel de Lava, en la que actuó su pareja, Laura Paredes, quien también es protagonista de algunas películas recientes de El Pampero. El otro fue el estreno de la última película de Llinás a la fecha: Clorindo Testa.

    Después de proyectar la película en una sala prácticamente llena, Llinás se enfrentó a la timidez inicial de la audiencia. Menos de dos horas antes había logrado, con un humor que mezcla ironía, astucia y solemnidad, tenerla en la palma de su mano. Al concluir la función, un caballero abrió la conversación con una pregunta que resultaría ser la mejor de esa velada. Levantó la mano y sin esperar a que le pasen el micrófono dijo con amabilidad: “Me gustaría saber si seguimos dentro la película”.

    En Clorindo Testa, el cineasta propone un peculiar encuentro entre las figuras de su padre, el polifacético Julio Llinás, el arquitecto brutalista y artista Clorindo Testa, quien fue amigo de Julio, y el propio Llinás (hijo). Acompañado por las apariciones de miembros de su familia, como su madre, su pareja y su hijo pequeño, y varios de sus colegas y socios en El Pampero Cine, Llinás también actúa como narrador, protagonista y hasta personaje de la película al representar una versión exagerada de sí mismo.

    Aunque no se encontraba ya dentro de la pantalla como un gigante proyectado, su presencia en Cinemateca, ahora en una escala normal, no disminuyó el hechizo que la propuesta atípica de la película conjura. Clorindo Testa ya no tenía créditos por mostrar, pero la película continuaba a su manera, ahora con el cineasta y el público uruguayo como parte de un epílogo en tiempo real, en un sábado otoñal.

    La inmersión de Llinás en su propio cine no es algo nuevo ni poco común entre los demás creadores de El Pampero, como Agustín Mendilaharzu, Alejo Moguillansky y Laura Citarella, quienes aparecen en sus películas si el proyecto así lo necesita. Citarella, productora de Clorindo Testa y directora de la celebrada Trenque Lauquen, también estuvo presente durante la función en Cinemateca. De camino a Uruguay junto con Llinás grabaron algunas tomas de un futuro proyecto en Fray Bentos.

    Las películas de El Pampero se alejan también de las convenciones y los requerimientos de la producción industrial. Han encontrado una fórmula que combina vías de financiamiento alternativas, a través del mecenazgo, el trabajo junto con fundaciones o convocatorias en el extranjero y un cine de guerrilla. El resultado ha sido más que elogiado y premiado en la región y en el mundo. Lo que parece englobar mejor su trabajo, de todas formas, es la devoción por el acto de filmar. El impulso de filmar primero y filmar siempre. Las películas, a su tiempo, se irán relevando.

    Clorindo Testa se declara de inmediato como un juego nacido de este ímpetu y comienza, como si de un documental se tratase, con escenas de un detrás de escenas. La apertura es la siguiente: en el apartamento de su madre, Llinás da indicaciones sobre cómo deberá moverse la cámara. Quiere hacer un travelling, un movimiento de cámara que vaya desde un dibujo en una biblioteca hasta una ventana en el otro extremo de la habitación. La escena deberá terminar con él leyendo un libro, pero no cualquier libro, sino uno de tapa anaranjada titulado Clorindo Testa y escrito por el padre del cineasta, Julio Llinás.

    Pero el libro no aparece. Llinás no sabe dónde está. Tampoco lo sabe su madre, y menos el reducido equipo de filmación que rodea a ambos. El nombre de Clorindo Testa se repetirá y comenzará a construir con el público una suerte de sonoridad pavloviana que provocará risas cuando esas dos palabras, Clorindo y Testa, se materialicen sin cesar hasta el final de la película. Finalmente, el libro aparece y el movimiento de cámara, que parecía accidentado por la caótica búsqueda, cumple con su promesa. Llinás se sienta con el libro y mira a cámara. Es el primer gran chiste de una película inspirada en Chaplin y en su dominio del gag cómico, según lo ha comunicado su creador.

    En la película Llinás explica que surgió como un proyecto de la Fundación Andreani. La organización tiene un espacio cultural en el barrio de La Boca, diseñado por el arquitecto Clorindo Testa, responsable también de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, el Hospital Naval y el Banco de Londres en Buenos Aires. Se muestra, de forma satírica, el primer encuentro entre los patrocinadores de la película y el director, quien emplea a una actriz para recrear la reunión y enfatizar, por si no estaba claro, que manipulará la ficción y la realidad a su merced.

    El encuentro simulado será uno de los muchos “doblegamientos” que la película hará sobre su propia naturaleza. El que será remarcado, y se convertirá entonces en su principal running gag, será un acto de negación que el director realiza, anunciando, una y otra vez, lo que la película no es.

    “Número 1: esta no es una película sobre Clorindo Testa. Esta es una película sobre un libro llamado Clorindo Testa. Pero no es una película sobre Clorindo Testa”, afirma, de forma testaruda, Llinás. “Número 2. No es una película sobre mi padre. No es una película sobre mi padre en ningún sentido. Es una película sobre un libro escrito por mi padre sobre Clorindo Testa. No es, en ninguna circunstancia, una de esas películas sobre mi padre, en las que pienso en él y reflexiono sobre él. Eso no es. No se trata de Clorindo Testa ni tampoco de una película sobre padres. Y mucho menos sobre el mío”. Solo queda en silencio ante la interrogante de su montajista: “Entonces…, ¿qué sí es?”.

    Clorindo Testa se encuentra dentro del cine con el que el director ha estado experimentando después de la odisea de 10 años que resultó La flor, su película de 14 horas de duración. Tras esa realización, que tiene a las actrices de Piel de Lava al frente de historias ancladas en el cine de género, en el que hay desde espías hasta monstruos, su intención ha sido la de reducir la escala de sus películas.

    Llinás cree que alcanzó una especie de satisfacción con los grandes objetos, como califica a las diferentes películas que pueden encontrarse dentro de La flor. ¿Qué le puede seguir a una película de 14 horas? Pues, regresar a la posibilidad de crear objetos más pequeños, películas más pequeñas. Son, dice, los caprichos en los que siente que puede depositar todos sus gustos.

    En Clorindo Testa ese deseo se manifiesta en las diferentes disciplinas que atraviesan toda la película: literatura, pintura, arquitectura, crítica, periodismo aparecen con el interés de entender cómo la mirada de los intelectuales bonaerenses del siglo XX dialoga con los problemas del presente. Llinás trabaja esas intersecciones con una musicalidad muy precisa en todo este experimento, en especial al dotar a la película de comedia y ocultar, en sus mecanismos metanarrativos, el ingenio con el que este rompecabezas pasa de ser algo estrafalario a algo encantador, como esos cuadros con ilusiones ópticas en los que se puede ver más de una cosa si se mira detenidamente.

    Una constante y firme conciencia del juego y del espacio para la prueba le permiten combatir la decepción que su título traerá en algunos. No se conoce en detalle el legado de Clorindo Testa. Esta no es esa película.

    En cambio, rinde homenaje a los fantasmas, y hay dos muy interesantes que sobrevuelan con fuerza la vida del director: su padre y el artista que da título a la película. De Clorindo, Llinás dijo que tenía una combinación de sentido del humor afilado, muy profundo, con una gran cortesía. Eso es lo que busca evocar la película y lo que logra transmitir. Es un cine que exige entregarse a la broma y a la imaginación. Tomarse el tiempo para mirar, incluso cuando aquello que miramos no nos diga, del todo y frontalmente, qué es lo que estamos viendo.

    Vida Cultural
    2024-05-01T21:56:00